La gran isla de Tierra del Fuego fue habitada durante miles de años por pueblos originarios notables: los selk'nam (onas), cazadores terrestres del guanaco que recorrían a pie el norte de la isla; los yámanas o yaganes, canoeros del canal Beagle que sobrevivían al frío austral pescando y cazando lobos marinos; y los haush y los alakalufes (kawésqar). El nombre de la isla proviene de las fogatas que Hernando de Magallanes vio arder en las costas cuando cruzó, en 1520, el estrecho que hoy lleva su nombre; primero la llamó 'Tierra de los Humos' y luego 'Tierra del Fuego'.
Estos pueblos desarrollaron culturas profundamente adaptadas al confín del continente, con ceremonias como el Hain de los selk'nam, y permanecieron prácticamente sin contacto sostenido con los europeos hasta bien entrado el siglo XIX.
El encuentro con el hombre blanco resultó catastrófico para los pueblos fueguinos. A partir de la década de 1880, la expansión de la ganadería ovina —ligada a la industria lanera británica, extendida desde las Malvinas a la Patagonia y a la isla— desató un genocidio contra los selk'nam. Estancieros y agentes contratados llegaron a pagar por cada indígena muerto, mientras las enfermedades introducidas, los traslados forzados a misiones y la caza deliberada diezmaban a la población.
Se estima que hacia 1891, apenas ocho años después de instalada la primera gran estancia, la población selk'nam se había reducido a unos 2.000 individuos, y para la primera década del siglo XX quedaban menos de doscientos. Ángela Loij, una de las últimas hablantes selk'nam, murió en 1974. La memoria de aquel exterminio —y la reivindicación de los descendientes que hoy afirman su herencia— es una deuda abierta de la historia argentina.
La ocupación efectiva de la isla llegó de la mano de las misiones —primero anglicanas, con la que se estableció en Ushuaia en 1869, y luego salesianas— y de la instalación oficial argentina. El 12 de octubre de 1884, la Subdivisión de la Armada al mando del comodoro Augusto Lasserre izó la bandera nacional en Ushuaia, fundando la ciudad más austral del país.
Para afianzar la soberanía en el confín del continente, el Estado creó allí un presidio, cuyos primeros reclusos de peligrosidad llegaron hacia 1902. Los presos —entre ellos famosos criminales y presos políticos— construyeron buena parte de la ciudad, sus edificios y el ferrocarril que acarreaba la leña y la piedra. El viejo penal, cerrado en 1947, es hoy uno de los principales museos de Ushuaia, y aquel ramal, reabierto para el turismo, es el célebre Tren del Fin del Mundo.
Tierra del Fuego fue gobernada durante casi todo el siglo XX como Territorio Nacional, dependiente de Buenos Aires. Su desarrollo se aceleró en las décadas de 1970 y 1980 con un régimen de promoción industrial que atrajo fábricas de electrónica a Río Grande y Ushuaia y multiplicó la población.
Fue la última en alcanzar el rango de provincia, en 1990, con la extensa denominación de Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, un nombre que expresa el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas —cuya guerra, en 1982, tuvo a la provincia como retaguardia y base logística— y sobre el sector antártico. Esa proyección austral y antártica es parte inseparable de su identidad política.
Ushuaia, sobre el canal Beagle y al pie de montes nevados que caen casi sobre el mar, es la ciudad más austral del mundo y el gran destino turístico de la provincia. Es base de los cruceros a la Antártida, punto de partida del Tren del Fin del Mundo y puerta del Parque Nacional Tierra del Fuego, un entorno de glaciares, turbales, castoreras, lagos y bosques de lenga y guindo que llega hasta la bahía Lapataia, donde termina la mítica Ruta Nacional 3.
Navegaciones por el Beagle hasta el faro Les Éclaireurs, avistaje de lobos y pingüinos, y la vista de las islas que anteceden al Cabo de Hornos completan una experiencia de fin del mundo única. La ciudad combina hoy naturaleza extrema y una vibrante vida turística en el punto donde el continente americano se disuelve en el mar.
Al norte de la isla, la estepa fueguina es un mundo distinto al de la Ushuaia montañosa: llanuras barridas por el viento donde se extienden las grandes estancias ovejeras y donde se levanta Río Grande, capital industrial y de la pesca deportiva de la trucha, con ríos de fama mundial entre los pescadores con mosca. En el centro de la isla, Tolhuin se recuesta junto al lago Fagnano, el mayor de Tierra del Fuego.
La economía provincial se sostiene hoy en un abanico particular: el polo electrónico y de electrodomésticos amparado por la promoción industrial, la extracción de petróleo y gas del subsuelo y la plataforma marina, la ganadería ovina de la estepa y un turismo de naturaleza en pleno auge. Entre el fuego de sus antiguos habitantes y el hielo de sus glaciares, Tierra del Fuego cierra el mapa argentino en el extremo del mundo.