El territorio de La Pampa fue durante siglos dominio de los ranqueles y de otros pueblos pampas y mapuches, jinetes formidables que controlaban la llanura al sur de la frontera criolla. Desde sus toldos, en lugares como Leuvucó, organizaban malones para hacerse de ganado, pero también mantenían un complejo comercio y un intenso trato con las provincias del norte, intercambiando cueros, plumas, sal y animales. Ese mundo fue narrado con simpatía y detalle por el militar y escritor Lucio V. Mansilla en su célebre libro 'Una excursión a los indios ranqueles' (1870), tras convivir con ellos.
El gran jefe ranquel de la época fue Mariano Rosas —sobrino de Panghitruz Güor—, que había pasado su juventud como cautivo en la estancia de Juan Manuel de Rosas, de quien tomó el apellido. Bajo su liderazgo, los ranqueles resistieron durante décadas el avance de la frontera, en un delicado equilibrio de guerra, tratados y comercio con el Estado criollo.
La Pampa fue una de las últimas regiones incorporadas por la fuerza al Estado argentino. La llamada Conquista del Desierto, la campaña militar dirigida por el general Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885, sometió a los pueblos originarios de la llanura y la Patagonia —pampas, ranqueles, mapuches y tehuelches— y abrió sus tierras a la colonización. La ofensiva principal sobre el territorio pampeano comenzó en 1879 y avanzó a sangre y fuego sobre los toldos y las tolderías.
La resistencia indígena fue quebrada: muchos ranqueles murieron o fueron tomados prisioneros, sus tierras repartidas entre estancieros y militares, y las comunidades sobrevivientes dispersadas o sometidas. Sitios serranos como Lihué Calel fueron escenario de esos últimos combates, cuando líderes como Namuncurá intentaron reorganizar sin éxito la resistencia. La campaña selló el fin del mundo indígena libre de la pampa y el inicio de la ocupación criolla del territorio.
Tras la conquista militar, en 1884 el área fue organizada como Territorio Nacional de La Pampa, por la Ley 1532, gobernado directamente desde Buenos Aires y sin autonomía política para sus habitantes. Llegaron entonces colonos criollos e inmigrantes —italianos, españoles, franceses, alemanes del Volga— que fundaron pueblos, tendieron vías férreas y transformaron la estepa oriental, más húmeda, en tierra de cultivo de trigo y de cría de ganado.
La capital, Santa Rosa, fue fundada el 22 de abril de 1892 como Santa Rosa del Toay por Tomás Mason, y en 1900 pasó a ser la cabecera del territorio. Durante décadas, sus habitantes reclamaron sin éxito el derecho a elegir a sus propias autoridades, esa autonomía que las provincias históricas sí tenían y que a los territorios nacionales se les negaba.
El largo reclamo de autonomía se concretó a mediados del siglo XX. Por la Ley 14.037, sancionada el 20 de julio de 1951 y promulgada el 8 de agosto de ese año durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, los territorios nacionales de La Pampa y el Chaco fueron transformados en provincias. La nueva provincia pampeana adoptó por un tiempo el nombre de Provincia Eva Perón, en homenaje a Evita, que lo perdió tras el golpe de 1955 para adoptar el actual de La Pampa.
Es, por tanto, una de las provincias más jóvenes de la República, nacida como tal en 1951. En 1960 sancionó su Constitución provincial y consolidó sus instituciones. Esa juventud institucional convive con una fuerte identidad ligada al campo, a la epopeya de los colonos y a la memoria, cada vez más reivindicada, de los pueblos ranqueles que la habitaron primero.
La Pampa es una provincia de transición entre dos grandes regiones argentinas: su este pertenece a la fértil pampa húmeda, tierra agrícola-ganadera; su oeste es una estepa árida de salinas, travesías y monte, ya casi patagónica. El árbol emblemático es el caldén, que forma el caldenal, uno de los pocos bosques nativos que crecen en la llanura argentina y que da su fisonomía característica al paisaje pampeano.
Su principal área protegida es el Parque Nacional Lihué Calel —'sierra de la vida' en lengua mapuche—, un macizo serrano bajo que emerge sorpresivamente de la llanura y que conserva pinturas rupestres, flora y fauna de estepa y sitios ligados a la resistencia ranquel. Con baja densidad de población, enormes espacios abiertos y cielos limpísimos, La Pampa conserva una identidad ligada al campo, la caza, la pesca y las tradiciones criollas, y ofrece al viajero una Argentina profunda, silenciosa y de horizontes infinitos.