Zulia, en el noroeste del país, gira en torno al lago de Maracaibo, el mayor de Sudamérica. Fue precisamente aquí donde, en 1499, la expedición de Alonso de Ojeda vio los palafitos indígenas levantados sobre el agua y llamó a la región 'Venezziola' —pequeña Venecia—, origen del nombre del país. Sus habitantes ancestrales, los wayúu (guajiros), pueblo arahuaco de la península de la Guajira, y los añú (paraujano), mantienen viva su cultura, sus lenguas y sus palafitos, como los de la Laguna de Sinamaica.
La capital, Maracaibo, fundada de forma definitiva en 1574 por Pedro Maldonado, desarrolló una identidad regional fortísima —el gentilicio 'maracucho'—, con su acento propio, su calor tropical, su gaita en Navidad y un orgullo local legendario que a menudo reivindicó su autonomía frente a Caracas.
El lago de Maracaibo fue escenario del episodio que selló la independencia de Venezuela: el 24 de julio de 1823, la Batalla Naval del Lago, en la que el almirante José Prudencio Padilla destruyó la flota española del capitán Ángel Laborde, expulsando al último poder colonial del país. Fue una de las grandes acciones navales de la emancipación americana.
Zulia aceptó a regañadientes la organización de la República en 1830 y trató de preservar su autonomía en todo momento, lo que explica los intentos separatistas y las tensiones con el poder central registrados a lo largo del siglo XIX. Ese fuerte sentimiento regionalista, alimentado por la riqueza, la lejanía respecto de Caracas y una identidad propia, es una de las señas del estado.
Zulia es la cuna de la industria petrolera venezolana. En 1914 brotó el pozo Zumaque I, en Mene Grande, y el 14 de diciembre de 1922 el espectacular reventón del pozo Barroso II, cerca de Cabimas, reveló al mundo la magnitud de las reservas del lago de Maracaibo. El petróleo transformó de raíz la región: las torres de perforación se multiplicaron sobre las aguas del lago, en la costa oriental surgieron ciudades petroleras como Cabimas y Lagunillas, y Maracaibo se convirtió en una moderna metrópoli.
Ese crudo hizo de Venezuela una potencia petrolera mundial y de Zulia su corazón productor durante décadas. El Puente General Rafael Urdaneta, sobre el lago, inaugurado en 1962 y con casi 9 kilómetros, es uno de los grandes símbolos de esa modernización y de la ingeniería venezolana, y unió por fin la ciudad con el resto del país por carretera.
En el sur del lago de Maracaibo, en la desembocadura del río Catatumbo, ocurre uno de los fenómenos naturales más asombrosos del planeta: el relámpago del Catatumbo, tormentas eléctricas casi perpetuas que iluminan el cielo durante gran parte del año, con una de las mayores concentraciones de rayos del mundo. Visible desde lejos y usado antiguamente como faro natural por los navegantes, el 'faro de Maracaibo' es hoy un atractivo turístico único, que se explora desde los pueblos palafíticos del sur del lago, en Congo Mirador y Ologá.
En el terreno cultural, la gaita zuliana —nacida en los barrios populares de El Saladillo y Santa Lucía de Maracaibo— es el gran género musical navideño de Venezuela, con su furro, su charrasca, su tambora y su cuatro. Junto a la Feria de la Chinita, en honor a la Virgen de Chiquinquirá (la 'Chinita'), patrona del Zulia, la gaita expresa el alma de una de las culturas regionales más marcadas del país, entre naturaleza extrema y riqueza petrolera.
Pocas regiones de Venezuela tienen una identidad tan marcada como el Zulia. El gentilicio 'maracucho' es sinónimo de un carácter extrovertido, orgulloso y hablador, con un acento inconfundible —el voseo zuliano— y un humor propio. La Feria de la Chinita, en honor a la Virgen de Chiquinquirá (la 'Chinita'), patrona del estado, cada noviembre, es una de las mayores fiestas religiosas y populares del país, con amanecer gaitero, corridas, conciertos y el famoso 'Amanecer Gaitero'.
Maracaibo, la 'tierra del sol amada', con su Basílica de la Chinita, su puente sobre el lago, su calor y su gaita, encarna esa personalidad regional. Entre el petróleo, el lago, el relámpago del Catatumbo, los palafitos wayúu y añú y una cultura vibrante, el Zulia se percibe a sí mismo casi como una nación aparte, y aporta a Venezuela buena parte de su riqueza y de su color.