El estado Sucre, en el extremo nororiental de Venezuela, es tierra fundacional de América. Su capital, Cumaná, fundada en 1515 por frailes franciscanos junto al golfo de Cariaco, es considerada la ciudad más antigua fundada por europeos en tierra firme del continente americano, la 'primogénita del continente'. Nacida como base de la evangelización y del comercio de perlas del oriente, tuvo varias refundaciones —Nueva Toledo, Nueva Córdoba— por los ataques indígenas y los terremotos, como el que la asoló en 1530.
Cumaná es cuna del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, uno de los mayores héroes de la independencia americana, lugarteniente de Bolívar, vencedor en Ayacucho y primer presidente de Bolivia, que dio nombre al estado. Sus castillos coloniales, como San Antonio de la Eminencia y Santa María de la Cabeza, recuerdan aquel pasado de piratas y defensa imperial. También fue cuna del poeta y humanista Andrés Eloy Blanco.
Frente a Cumaná, la península de Araya guarda una de las mayores salinas naturales de América, disputada durante siglos por españoles, holandeses e ingleses por el enorme valor de la sal para conservar los alimentos. Para defenderla de los intrusos, sobre todo de los holandeses, la corona levantó a comienzos del siglo XVII el imponente Castillo de Santiago de Araya, hoy una espectacular ruina batida por el viento y el mar.
Esta región, junto con las islas de Cubagua y Margarita, fue el escenario de la temprana 'costa de las perlas', que atrajo a los primeros colonos europeos al oriente venezolano y marcó el arranque de la presencia española en tierra firme. La sal de Araya, explotada hasta hoy, sigue siendo parte de la identidad de la comarca.
Hacia el este se extiende la península de Paria, aquel primer punto de tierra firme que Colón tocó el 3 de agosto de 1498 y al que llamó 'Tierra de Gracia' por su exuberancia, creyendo hallarse cerca del Paraíso terrenal. Es una región de selvas húmedas, montañas que caen al mar y playas escondidas, con pueblos como Río Caribe, antiguo puerto cacaotero de casas señoriales, Yaguaraparo y la aislada Macuro, único pueblo del país en tierra firme al que solo se llega por mar.
Paria produce uno de los mejores cacaos del mundo —el cacao de la costa de Paria, con denominación de origen, es célebre entre los chocolateros europeos y da lugar a chocolates artesanales premiados—. Su cultura mezcla lo caribeño, lo afrovenezolano y lo indígena en un rincón todavía poco explorado y de gran riqueza natural.
El litoral de Sucre comparte con Anzoátegui el Parque Nacional Mochima, un paraíso de islas, cayos y bahías de aguas cristalinas entre Cumaná y Puerto La Cruz, ideal para la playa, el buceo y la navegación, con delfines que suelen acompañar a las lanchas.
La economía sucrense se apoya en la pesca —es uno de los mayores estados pesqueros del país, con sus sardinas, atunes y mariscos, y grandes plantas conserveras en Cumaná—, en el cacao de Paria y en un turismo de naturaleza que combina las playas del Caribe con las montañas y selvas del interior. Sucre reúne así una historia de cinco siglos, mar, sal, cacao y una biodiversidad extraordinaria en el nororiente venezolano.
Sucre es también tierra de cultura. Cumaná es cuna de Andrés Eloy Blanco, uno de los poetas más queridos de Venezuela, y de una rica tradición literaria, musical y de fiestas populares como el Carnaval y el Velorio de Cruz. La Universidad de Oriente, con sede en Cumaná, ha hecho de la ciudad un centro académico del oriente del país.
Hoy el estado combina ese legado histórico y cultural con los desafíos del presente: la pesca artesanal e industrial, base de su economía junto al cacao y al turismo, ha sufrido los vaivenes de la crisis, y muchos sucrenses forman parte de la diáspora venezolana. Aun así, entre Cumaná, Araya, Paria y Mochima, Sucre sigue siendo uno de los rincones más bellos, históricos y biodiversos del nororiente venezolano.