Nueva Esparta, el único estado totalmente insular de Venezuela, lo forman las islas de Margarita, Coche y Cubagua. Fue uno de los primeros lugares de América poblados por los españoles: en la diminuta y árida Cubagua —que los guaiqueríes llamaban Cua Hua, 'lugar de los cangrejos'— surgió el primer asentamiento español del país, gracias a la fabulosa riqueza de sus ostrales de perlas, explotados con trabajo esclavo indígena y africano.
El 13 de septiembre de 1528, ese poblado recibió el rango de ciudad con el nombre de Nueva Cádiz, la primera ciudad española de Sudamérica, con escudo de armas y ordenanzas propias. Pero hacia 1532 los bancos de perlas empezaron a agotarse, y un maremoto a mediados del siglo XVI arrasó la ciudad, cuyas ruinas aún se conservan. Margarita, la isla mayor, debe su nombre a esa historia perlera: 'margarita' significa perla en latín.
Margarita jugó un papel heroico en la independencia. Su tenaz resistencia frente a las fuerzas españolas le valió el nombre de Nueva Esparta, en honor a la antigua ciudad griega, otorgado por el Congreso en 1817. Figuras como Santiago Mariño y el general Juan Bautista Arismendi encarnaron esa lucha, y los castillos coloniales de la isla —Santa Rosa en La Asunción, San Carlos Borromeo en Pampatar— son testigos de aquellas guerras.
La heroína Luisa Cáceres de Arismendi, esposa del general Arismendi, fue encarcelada estando embarazada para presionar a su marido; perdió a su hija en el calabozo y fue desterrada a Cádiz sin ceder ante los realistas. En 1876 se convirtió en la primera mujer cuyos restos reposaron en el Panteón Nacional. En Margarita, además, Bolívar fue reconocido como Jefe Supremo de la República en 1816, en el momento más difícil de la guerra.
En el siglo XX, Margarita se convirtió en el gran destino turístico de Venezuela. Declarada zona franca en 1966 y puerto libre en 1971, con importantes beneficios fiscales, atrajo a millones de visitantes y a una fuerte inmigración, con sus playas de Playa El Agua, Parguito, El Yaque o Manzanillo, sus centros comerciales, su artesanía y su vida nocturna, lo que le valió el apodo de 'la Perla del Caribe'.
Más allá de sus playas, la isla conserva pueblos con encanto, como La Asunción —la capital, en el interior, con su catedral y su castillo— o Juan Griego y su bahía de atardeceres célebres, y una fuerte identidad guaiquerí y margariteña, con su gastronomía de pescado, sus empanadas y su famoso pan margariteño.
La vecina Isla de Coche, más pequeña, tranquila y ventosa, es un paraíso para el kitesurf y el windsurf, con playas solitarias de arena blanca y salinas históricas que fueron durante siglos una fuente de riqueza. La despoblada Cubagua, con las ruinas de Nueva Cádiz declaradas monumento nacional, es hoy un sitio de gran valor arqueológico y de buceo.
Nueva Esparta combina así siglos de historia —de las perlas y la primera ciudad de Sudamérica a la epopeya de la independencia— con el mejor Caribe insular venezolano, en un archipiélago de aguas turquesas, arrecifes y arenas blancas que sigue siendo el gran icono playero del país, salpicado además de reservas naturales como la laguna de La Restinga, con sus manglares.
Único estado enteramente insular de Venezuela, Nueva Esparta ha vivido tradicionalmente de la pesca, la sal, la construcción de embarcaciones y, desde el siglo XX, del turismo y el comercio del puerto libre. Su gente, de raíz guaiquerí y margariteña, conserva un habla, unas costumbres y una gastronomía propias: pescados y mariscos, empanadas de cazón, el famoso pan margariteño y dulces de coco y de lechosa.
En las últimas décadas, la crisis económica y el declive del turismo golpearon a la isla, pero Margarita mantiene su condición de gran icono playero y su patrimonio: castillos, iglesias coloniales, la laguna de La Restinga con sus manglares y una identidad marinera que hace de Nueva Esparta un lugar singular dentro del país, a medio camino entre la historia colonial y el sol del Caribe.