El territorio del actual estado Miranda, en los valles del Tuy y las serranías al este y sur de Caracas, fue tierra de los pueblos teques y caracas, que ofrecieron una de las resistencias más tenaces a la conquista española. Su líder, el cacique Guaicaipuro, unificó a varias tribus contra los invasores hasta ser sorprendido y muerto hacia 1568 por Francisco de Infante. Otro cacique, Tamanaco, cayó poco después.
Guaicaipuro se convirtió con el tiempo en un símbolo nacional de la resistencia originaria, hasta el punto de que sus restos simbólicos fueron llevados al Panteón Nacional en 2001. La memoria indígena está muy presente en la toponimia —Los Teques, capital del estado, lleva el nombre de aquel pueblo— y en la identidad mirandina.
El estado lleva el nombre del precursor Francisco de Miranda. Su región de Barlovento, en la costa oriental, fue durante la colonia una de las grandes zonas cacaoteras del país, trabajada por miles de esclavos africanos cuya presencia forjó una intensa cultura afrovenezolana. Fue allí donde se produjeron algunas de las primeras rebeliones de esclavos y donde surgieron comunidades de cimarrones (cumbes).
De ese legado nacen los tambores de San Juan —el mina, la curbata, el culo'e puya—, las parrandas, la fulía y una gastronomía del cacao y del coco que hacen de Barlovento uno de los grandes focos de la herencia africana en Venezuela. Cada 24 de junio, pueblos como Curiepe, Tacarigua o Río Chico vibran al son de sus tambores en una de las expresiones culturales más poderosas del país.
En el siglo XX, la expansión de Caracas convirtió a buena parte de Miranda en su gran área metropolitana. Ciudades como Los Teques —capital del estado desde 1927—, Guarenas, Guatire y los populosos municipios del este caraqueño (Petare, con uno de los mayores barrios de América Latina; Baruta, El Hatillo, Chacao) concentran a millones de habitantes que trabajan en la capital.
Esa condición de estado-cinturón de Caracas convive con enormes contrastes sociales: urbanizaciones acomodadas del este, extensos barrios populares en los cerros y valles agrícolas del interior. El Hatillo, con su casco colonial de casas de colores, es una de las escapadas favoritas de los caraqueños. Así, Miranda combina la gran conurbación metropolitana con los valles del Tuy y los pueblos de Barlovento.
Miranda ofrece escapes cercanos a Caracas: las playas del litoral de Barlovento —Higuerote, Chirimena, Chuspa, Puerto Francés— y la laguna de Tacarigua, un parque nacional de manglares refugio de flamencos y aves, atraen a los caraqueños en busca de mar y descanso.
En el interior, el Parque Nacional Guatopo, creado en 1958, es un pulmón de selva húmeda que protege las cuencas que abastecen de agua a Caracas y ofrece senderos, ríos y naturaleza a un paso de la capital. Entre montañas verdes, valles de cacao, manglares y playas caribeñas, Miranda es un estado de gran diversidad de paisajes y de enorme peso demográfico y político en la vida nacional.
Miranda es un estado de contrastes extremos. En su territorio conviven el opulento este caraqueño y Petare, uno de los mayores barrios populares de América Latina, encaramado en los cerros; las urbanizaciones modernas de Baruta y el casco colonial de El Hatillo, con sus casas de colores, sus iglesias y su artesanía, convertido en una de las escapadas favoritas de los caraqueños.
Esa diversidad social se refleja también en el peso político del estado: por su población y su cercanía al poder, Miranda ha sido siempre una de las entidades más disputadas en las elecciones venezolanas. Entre la gran ciudad, los valles del Tuy, los tambores de Barlovento y las playas del litoral, el estado condensa buena parte de las tensiones y las riquezas de la Venezuela contemporánea.