El territorio larense fue asiento de pueblos originarios de la familia lingüística jirajarana —jirajaras, gayones, ayamanes— y de caquetíos arahuacos, que poblaban con relativa densidad los valles de Quíbor, Barquisimeto y El Tocuyo y ofrecieron una tenaz resistencia a la conquista. Sus cerámicas y su agricultura dejaron una huella profunda en la región.
El Tocuyo, fundada en 1545 por Juan de Carvajal, fue por un tiempo capital de la provincia de Venezuela y base de las expediciones que fundaron muchas otras ciudades del país, por lo que se la llama la 'ciudad madre' de Venezuela. Allí floreció en el siglo XVII una escuela de pintura ligada a Quito, y la región fue una importante productora de trigo que llegó a exportarse hasta México. Su posición entre la costa caribeña, los Andes y los Llanos dio a Lara una importancia estratégica desde la colonia.
La capital, Barquisimeto, 'la ciudad de los crepúsculos' por sus cielos rojizos al atardecer, tiene sus orígenes en 1552, cuando Juan de Villegas fundó cerca del río Buría el asentamiento de Nueva Segovia, atraído por el oro; la ciudad fue después reubicada en el valle del Turbio. En 1561 fue arrasada por el rebelde Lope de Aguirre en su sangrienta marcha contra el rey, y luego reconstruida.
El estado lleva el nombre del general Jacinto Lara, prócer de la independencia nacido en Carora que combatió junto a Bolívar; recibió ese nombre en 1881. Barquisimeto es hoy una de las mayores ciudades del país, gran centro comercial y de servicios del occidente, y punto de encuentro de las rutas que unen el centro con los Andes y el llano.
Barquisimeto es conocida como la capital musical de Venezuela, cuna de un rico movimiento de música tradicional —el tamunangue en honor a San Antonio, el golpe larense, el vals— y de una vida cultural intensa. De aquí surgió buena parte del impulso de El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, el célebre programa de educación musical fundado en 1975 por el maestro José Antonio Abreu, que ha llevado la música clásica a cientos de miles de niños.
De ese movimiento salió al mundo el director Gustavo Dudamel, hijo de Barquisimeto, hoy una de las batutas más célebres del planeta. La música impregna la identidad larense y hace de la ciudad un referente cultural de toda Venezuela.
Buena parte de Lara es una región semiárida de tunas y cardones, donde el ingenio de sus habitantes desarrolló una agricultura de caña de azúcar —es de los últimos grandes estados azucareros del país—, sisal, café y hasta viñedos: en torno a Carora se produce vino en las Bodegas Pomar, algo insólito en pleno trópico. También es famosa la raza de ganado Carora, adaptada al clima seco.
La artesanía es otra seña de identidad: los tejidos de Tintorero, la cerámica y los muebles de Quíbor —zona además de gran valor arqueológico—, y los tallados y dulces de otros pueblos son célebres en todo el país. Sus mercados y ferias artesanales son un imán cultural y turístico que da a Lara una personalidad muy marcada dentro del occidente venezolano.
Lara es el gran centro de la fe popular venezolana. Cada 14 de enero, la procesión de la Divina Pastora lleva la imagen de la Virgen desde el templo del pueblo de Santa Rosa hasta la catedral de Barquisimeto, en una caminata que reúne a más de dos millones de fieles y está considerada una de las mayores manifestaciones marianas de América Latina, y una de las más multitudinarias del mundo.
Esta devoción, con más de dos siglos de historia, es el corazón espiritual del estado y una expresión formidable de la religiosidad popular del pueblo venezolano. Junto a la música, la artesanía y el paisaje semiárido, la fe de la Divina Pastora completa el retrato de una Lara profundamente arraigada en sus tradiciones.