Las Dependencias Federales agrupan a la mayoría de las islas oceánicas de Venezuela en el mar Caribe, administradas directamente por el gobierno nacional y no por ningún estado —nunca han tenido gobernador ni alcalde electos—. Son unas 300 islas, cayos e islotes repartidos en una docena de grupos, entre ellos archipiélagos como Los Roques, Las Aves, Los Testigos y Los Monjes, además de islas como La Tortuga, La Blanquilla, La Orchila y la diminuta Isla de Aves.
Su marco legal se fijó en la Ley Orgánica de las Dependencias Federales, promulgada el 4 de julio de 1938 por el presidente Eleazar López Contreras, reformada en 2011. Deshabitadas en su mayoría, con una población total de apenas algunos miles de personas, constituyen la zona menos poblada del país y una pieza clave de su soberanía marítima.
Estas islas tuvieron a lo largo de la historia un intenso valor económico y estratégico. En La Tortuga, los holandeses explotaron salinas desde mediados del siglo XVI hasta que el gobernador de Cumaná las destruyó en 1631; en otras islas se recogieron perlas y guano. La corona española reconoció la pertenencia de estos grupos insulares a la Capitanía General de Venezuela por Real Cédula de 1777, y tras la independencia Venezuela heredó esa soberanía.
El caso más célebre es el de la Isla de Aves, un islote de apenas unas hectáreas por el que en el siglo XIX pugnaron Estados Unidos —que explotaba su guano— y los Países Bajos: un laudo arbitral de 1865, con la reina de España como árbitro, confirmó la soberanía venezolana. Desde 1978, la Base Científico-Naval Simón Bolívar mantiene presencia permanente en la isla, cuya posición extiende enormemente las aguas territoriales del país.
La perla de las Dependencias Federales es el Archipiélago Los Roques, declarado parque nacional en 1972: un atolón coralino de unas 50 islas y casi 300 cayos, el mayor parque marino del Caribe, con uno de los arrecifes de coral mejor conservados de la región. Sus aguas turquesas, sus arrecifes y sus playas de arena blanca lo convierten en uno de los destinos más paradisíacos y exclusivos de Venezuela.
El poblado del Gran Roque, habitado desde comienzos del siglo XX por pescadores llegados de Margarita, es la única localidad significativa del archipiélago y la base del turismo. Los Roques es hoy un santuario de buceo, pesca con mosca, kitesurf y descanso en un entorno virgen protegido, refugio de tortugas marinas y aves, y aporta buena parte de la langosta que se consume en el país.
La Isla La Tortuga, la segunda mayor de Venezuela después de Margarita, es una isla plana, árida y deshabitada de playas espectaculares y aguas cristalinas, a la que se llega en velero o avioneta para disfrutar de un Caribe sin infraestructura ni multitudes. La Orchila, en cambio, es una base militar y residencia presidencial de acceso restringido, y La Blanquilla alberga instalaciones militares.
Junto a ellas, decenas de cayos e islotes de las Dependencias Federales —Los Testigos, con sus pescadores margariteños; Los Frailes; Las Aves; Los Monjes, frente a la Guajira— conforman un rosario de arrecifes y arenales que son refugio de tortugas marinas, aves y una rica vida submarina. Son algunos de los rincones más remotos y prístinos del mar Caribe venezolano, guardianes silenciosos de la soberanía del país sobre sus aguas.
Las Dependencias Federales son un santuario de vida marina. Sus arrecifes de coral, sus manglares y sus aguas cristalinas albergan tortugas marinas —que anidan en sus playas—, ballenas piloto, rayas, tiburones y una avifauna extraordinaria: colonias de aves marinas migratorias utilizan estas islas, sobre todo entre septiembre y abril. La Isla de Aves fue declarada refugio de fauna silvestre en 1972 por su importancia para las tortugas y las aves.
El turismo, concentrado sobre todo en Los Roques y de forma incipiente en La Tortuga, convive con la pesca de langosta y con la protección ambiental de unos ecosistemas frágiles y de enorme valor. En estos rincones remotos del Caribe venezolano, lejos del continente, el viajero encuentra algunos de los paisajes marinos más vírgenes y espectaculares del país, guardados por el mar y por la bandera nacional.