Mucho antes de la llegada de los europeos, el nororiente venezolano que hoy forma el estado Anzoátegui estaba poblado por pueblos de lengua caribe: los cumanagotos, los píritus, los palenques y los chaimas ocupaban la franja costera y las mesas del interior, mientras los kariña —cuya lengua sigue reconocida en la Constitución estadal— dominaban las sabanas hacia el sur. Eran cazadores, pescadores, alfareros y agricultores de yuca y maíz, organizados en cacicazgos que ofrecieron una resistencia tenaz a la penetración española.
La costa oriental fue de las primeras del continente tocadas por los europeos: por estas aguas navegaron las expediciones de la 'costa de las perlas' que a comienzos del siglo XVI poblaron la vecina Cubagua. La conquista del interior, en cambio, fue lenta y difícil, y solo se consolidó en el siglo XVII gracias a la labor de los misioneros. Buena parte de la toponimia actual —Píritu, Aragua de Barcelona, Cantaura, Clarines— conserva la huella de aquellos pueblos originarios.
El territorio anzoatiguense fue una de las grandes zonas de misiones franciscanas de Venezuela. Desde 1656, los frailes observantes establecieron las célebres Misiones de Píritu, que congregaron en pueblos de doctrina a cumanagotos, palenques y píritus, fundando decenas de poblaciones que aún existen. La imponente iglesia de Píritu, uno de los templos coloniales más notables del oriente, es testimonio de aquella empresa evangelizadora.
De ese mismo impulso nació la capital. En 1671, el gobernador Sancho Fernández de Angulo y los frailes reunieron los antiguos poblados de Nueva Barcelona del Cerro Santo —fundada hacia 1638 por el conquistador catalán Joan Orpí— para consolidar la ciudad de Barcelona, a orillas del río Neverí, con colonos de origen catalán que le dieron su nombre en recuerdo de la ciudad mediterránea. Barcelona conserva templos como la iglesia de San Cristóbal y un casco histórico que evoca aquel pasado misionero y catalán.
El estado lleva el nombre del general José Antonio Anzoátegui, prócer nacido en Barcelona en 1789, que combatió junto a Simón Bolívar desde muy joven y tuvo un papel decisivo en la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), que selló la liberación de la Nueva Granada; jefe de la Guardia de Honor del Libertador, murió apenas cuatro meses después, con solo treinta años, en Pamplona.
El oriente fue uno de los escenarios más disputados de la guerra de independencia. En Barcelona ocurrió, el 7 de abril de 1817, la trágica matanza de la Casa Fuerte: los realistas asaltaron el convento franciscano de San Francisco, convertido en fortín, y pasaron a cuchillo a cientos de patriotas y civiles refugiados —mujeres y niños incluidos—, en uno de los episodios más sangrientos de la contienda. Por estas sabanas se libraron también combates como la Batalla de El Juncal (1816), y la región aportó hombres y recursos a la causa emancipadora.
Durante la colonia y el siglo XIX, la economía anzoatiguense se apoyó en la pesca, el cacao, el tabaco, el ganado y el comercio de los puertos orientales. Todo cambió en el siglo XX con el petróleo: la faja costera del estado se llenó de refinerías y terminales, y la zona de Puerto La Cruz–Barcelona–Guanta se convirtió en uno de los grandes motores industriales del oriente. La Refinería de Puerto La Cruz (inaugurada en 1950) y la de San Roque (1953), primero de la Creole y luego de PDVSA, marcaron esa transformación.
En la localidad de José se levanta el Complejo Criogénico y Petroquímico José Antonio Anzoátegui, inaugurado el 14 de agosto de 1990, uno de los mayores del país, desde cuyos terminales se exporta buena parte del crudo venezolano. El estado forma parte además de la Faja Petrolífera del Orinoco, considerada la mayor reserva de crudo del planeta. Barcelona, la capital, y la vecina Puerto La Cruz forman hoy una extensa conurbación costera con puerto, aeropuerto y una intensa vida económica y comercial.
El litoral anzoatiguense es uno de los grandes tesoros del Caribe venezolano. Puerto La Cruz es la puerta de entrada al Parque Nacional Mochima, un archipiélago de islas, cayos y bahías de aguas cristalinas —las islas Chimanas y Borrachas, Isla de Plata, Conoma, Arapito, Playa Colorada— que se extiende hacia el vecino estado Sucre. Con sus arrecifes, sus playas de arena dorada y su vida marina, Mochima es un paraíso para el buceo, la navegación y el descanso.
El Complejo Turístico El Morro, con sus canales y marinas, y la vibrante avenida costera de Puerto La Cruz completan la oferta de un estado que combina el bullicio industrial con algunos de los paisajes marinos más bellos del país. Ese atractivo llevó a que Anzoátegui fuera designado Capital Americana de la Cultura en 2018, primer territorio venezolano en recibir esa distinción, reconocido por su arquitectura caribeña, su gastronomía y su geografía privilegiada entre el mar y los Llanos.