Todo empezó con una caja de madera. En 1958, el artista Carlos Páez Vilaró levantó sobre estos acantilados un primer atelier hecho con tablas que juntó en la costa, al que llamó 'La Pionera'. Con el tiempo la fue cubriendo de cemento y modelando con sus propias manos, sin planos, como una escultura gigante. Tardaría 36 años en terminarla. Esa caja de madera se convirtió en Casapueblo, la construcción blanca y laberíntica de trece pisos de terrazas que hoy es uno de los íconos del Uruguay. Pero para entender por qué está ahí hay que mirar primero el lugar.
Punta Ballena es, ante todo, un accidente geográfico singular: un promontorio rocoso que se adentra en el Río de la Plata, en el departamento de Maldonado, al oeste de Punta del Este y cerca de Piriápolis. Su forma elevada, que se proyecta sobre el agua, le da un perfil panorámico que lo distinguió siempre dentro de la costa uruguaya, generalmente más llana y arenosa. El nombre evoca, según la tradición, la silueta de una ballena del accidente que se interna en el río.
Durante buena parte del siglo XX, Punta Ballena fue una zona de paisaje agreste y natural, valorada por sus vistas amplias del Río de la Plata, sus acantilados y su entorno de vegetación costera. Su belleza panorámica la convirtió en un punto de interés para quienes recorrían la costa, mucho antes de que se transformara en un destino cultural de fama internacional.
La geografía elevada del promontorio, con sus miradores naturales y sus atardeceres sobre el agua, sería decisiva para su destino: fue precisamente ese escenario excepcional el que atrajo al artista Carlos Páez Vilaró, quien encontró en estos acantilados el lugar ideal para levantar su obra mayor. El paisaje de Punta Ballena y la creación de Casapueblo quedarían, desde entonces, indisolublemente unidos.
La historia cultural de Punta Ballena es inseparable de la figura de Carlos Páez Vilaró (1923-2014), uno de los artistas uruguayos más reconocidos del siglo XX. Pintor, escultor, ceramista, muralista, músico y escritor, Páez Vilaró desarrolló una obra prolífica y vital, marcada por el color, la cultura afroamericana —que retrató en sus pinturas del barrio Sur de Montevideo y el candombe— y los viajes por el mundo, que lo llevaron desde África hasta la Polinesia.
Artista incansable y de personalidad arrolladora, Páez Vilaró encontró en el promontorio de Punta Ballena el lugar para materializar su sueño más ambicioso: una obra que fuera, a la vez, taller, vivienda y escultura habitable. A partir de las décadas de 1950 y 1960, comenzó a construir allí, sobre los acantilados frente al mar, la obra que se convertiría en su creación más célebre y en uno de los íconos del Uruguay: Casapueblo.
La vida de Páez Vilaró estuvo además marcada por un episodio dramático que lo unió para siempre a la historia uruguaya: fue uno de los padres que, en 1972, encabezó la búsqueda de los sobrevivientes del accidente de los Andes, entre los que estaba su hijo Carlos Miguel. Su figura, entre el arte, la aventura y la vida pública, lo convirtió en un personaje muy querido, y su obra en Punta Ballena es hoy un homenaje permanente a su creatividad.
Casapueblo es la obra que dio fama mundial a Punta Ballena, y su construcción es una historia tan singular como su forma. Carlos Páez Vilaró la comenzó en 1958, cuando construyó sobre los acantilados un pequeño refugio de madera —'La Pionera'—, su primer taller, hecho con tablones que recogió en la costa con la ayuda de amigos y pescadores. Con los años empezó a recubrir esa estructura de cemento y a moldearla con sus propias manos, ampliándola de manera orgánica sin planos ni proyecto arquitectónico previo. La obra completa le llevaría 36 años y terminaría teniendo trece pisos de terrazas escalonadas que descienden hacia el mar.
La inspiración vino de dos fuentes principales. Por un lado, los nidos de barro del hornero, el ave que construye su nido moldeando el barro, una imagen profundamente uruguaya que el artista admiraba. Por otro, la arquitectura mediterránea de las casas blancas de las islas griegas e Ibiza, lugares que Páez Vilaró conocía y que influyeron en las formas curvas, blancas y escalonadas de la obra. El resultado fue una construcción laberíntica de terrazas, escaleras, recovecos y rincones que descienden hacia el mar, sin líneas rectas, como una escultura habitable única en el mundo.
Con el tiempo, Casapueblo creció hasta convertirse en taller y vivienda del artista, museo con su obra, hotel y café-restaurante. Su silueta blanca sobre los acantilados se transformó en una de las imágenes más reconocibles del Uruguay y en un símbolo del arte y la creatividad. La obra encarna la idea de Páez Vilaró de un arte total, donde la arquitectura, la escultura, la pintura y la vida se funden en una sola creación.
Tras la muerte de Carlos Páez Vilaró en 2014, Casapueblo y Punta Ballena continúan siendo uno de los grandes íconos culturales y turísticos del Uruguay. La obra sigue funcionando como museo —que conserva y exhibe la obra del artista—, hotel y espacio cultural, manteniendo viva la memoria de su creador y atrayendo a visitantes de todo el mundo que llegan a conocer esta escultura habitable frente al mar.
El ritual del atardecer, la célebre 'Ceremonia del Sol', se ha convertido en una tradición imperdible. Cada tarde, los visitantes se reúnen en las terrazas de Casapueblo para ver caer el sol sobre el Río de la Plata mientras se escucha, con la voz grabada del propio Páez Vilaró, su poema dedicado al sol. Esa combinación de las palabras del artista, la arquitectura escultórica y la luz del atardecer crea una experiencia única y emotiva, que homenajea la luz, el arte y la naturaleza.
Hoy, Punta Ballena es mucho más que un promontorio panorámico: es un lugar donde el paisaje y el arte se funden, un destino que combina la belleza natural de la costa de Maldonado con el legado de uno de los artistas más queridos del país. Visitar Casapueblo, recorrer sus rincones, disfrutar de los miradores y despedir al sol con la Ceremonia es una de las experiencias más memorables de la costa uruguaya.