El nombre de Parque del Plata no lo puso un vecino ni un gobierno: lo puso una empresa. En 1938, la Compañía Parque del Plata S.A. loteó estas tierras del sureste de Canelones, trazó sus calles y avenidas de tosca y empezó a construir, con una idea muy concreta en la cabeza —que el balneario entero fuera un gran parque. El nombre aludía justamente a eso: a los vastos bosques de pinos, eucaliptos, acacias y otras especies que la compañía plantó, pensados como un enorme jardín público frente al Río de la Plata. Ese origen empresarial y planificado explica el carácter arbolado y ordenado que el balneario conserva hasta hoy.
Antes de 1938, estas tierras sobre el Río de la Plata eran una franja de médanos, montes ribereños y campos atravesados por el arroyo Solís Chico. La extensa costa arenosa ofrecía un escenario propicio para el veraneo, una práctica en auge entre la creciente clase media de Montevideo, a apenas 49 kilómetros por lo que luego sería la Ruta Interbalnearia. El desarrollo llegó de la mano del loteo y de la forestación con pinos y eucaliptos, plantados para fijar las arenas movedizas de los médanos y crear un entorno fresco y sombreado para el descanso, con calles trazadas entre los árboles y chalets de veraneo a la sombra de los pinares.
Un rasgo distintivo desde el origen fue el propio arroyo Solís Chico, sobre cuya orilla oeste se extiende el balneario a lo largo de unos tres kilómetros. El arroyo divide la localidad en dos sectores —norte y sur— y desemboca en el Río de la Plata, aportando un paisaje natural singular, con juncales, aguas más calmas y una rica fauna de aves que se sumó al atractivo de las playas y los pinares. Así nació Parque del Plata: un balneario planificado, arbolado y marcado por la presencia del arroyo.
A lo largo del siglo XX, Parque del Plata se consolidó como uno de los balnearios tradicionales de la Costa de Oro. La cercanía con Montevideo —unos 50 kilómetros— y la mejora progresiva de los caminos y las comunicaciones facilitaron la llegada de veraneantes, que encontraban en este balneario arbolado un lugar tranquilo para el descanso estival. La clase media montevideana adoptó Parque del Plata como uno de sus destinos de veraneo, atraída por su entorno natural y su perfil apacible.
El balneario fue creciendo con la construcción de chalets de veraneo entre los pinares, la apertura de comercios y la consolidación de una vida estival apacible en torno a las playas, la rambla y el arroyo. Su contigüidad con Atlántida —la cabecera informal de la Costa de Oro— le permitió apoyarse en los servicios de su vecina, mientras desarrollaba su propio carácter de balneario residencial y familiar.
La apertura y mejora de la Ruta Interbalnearia, que conecta Montevideo con toda la costa hacia el este, fue un factor importante para el desarrollo de Parque del Plata y de los demás balnearios de la Costa de Oro, al facilitar el acceso de los veraneantes y la circulación a lo largo del litoral canario.
Como ocurrió con otros balnearios de la Costa de Oro, Parque del Plata fue ganando con el tiempo población estable. Muchas familias que originalmente veraneaban en el balneario terminaron instalándose de forma permanente, atraídas por la tranquilidad, el entorno arbolado y la cercanía con Montevideo. Este proceso de residencialización dotó al balneario de servicios todo el año —comercios, panaderías, centro de salud— y lo transformó en un balneario residencial con vida propia más allá de la temporada estival.
El fenómeno se enmarca en una tendencia general de toda la Costa de Oro: la transformación de antiguos balnearios de veraneo en lugares de residencia permanente, impulsada por la mejora de las comunicaciones, la búsqueda de una vida más tranquila y el atractivo de vivir en contacto con la naturaleza a poca distancia de la capital. Parque del Plata, con su perfil sereno y su entorno de pinares y arroyo, resultó atractivo para quienes buscaban ese estilo de vida.
Ese crecimiento se reflejó en el propio estatus jurídico de la localidad: el 9 de diciembre de 1969, la Ley Nº 13.806 elevó a Parque del Plata de la categoría de 'balneario' a la de 'ciudad'. Décadas más tarde, la Ley Nº 18.653 del 15 de marzo de 2010 creó el Municipio de Parque del Plata (que incluye a Las Toscas), en el marco de la descentralización municipal uruguaya. Estos hitos marcan el paso de un loteo veraniego de 1938 a una ciudad con gobierno local propio.
A pesar de este crecimiento, Parque del Plata conservó su carácter apacible y arbolado, sin perder la atmósfera de balneario familiar que lo distingue. Hoy combina la condición de destino turístico en verano con la de localidad residencial el resto del año, manteniendo su ritmo pausado y su entorno natural.
La historia de Parque del Plata no se entiende sin dos nombres: el del arroyo que lo parte en dos y el de la costa que integra. El arroyo Solís Chico —bautizado, como el Solís Grande, en recuerdo del explorador Juan Díaz de Solís, que llegó al Río de la Plata en 1516— nace en el interior de Canelones y desemboca justo aquí, en el Río de la Plata. Esa desembocadura, con sus juncales y su fauna de aves, fue desde siempre el rasgo natural que distinguió a Parque del Plata de sus balnearios vecinos y le dio su fisonomía de dos sectores unidos por el agua.
El balneario forma parte de la llamada Costa de Oro, la sucesión de pueblos costeros arbolados que se extiende sobre el Río de la Plata al este de Montevideo, desde el arroyo Carrasco hasta el Solís Grande. El nombre 'Costa de Oro', acuñado a mediados del siglo XX con vocación turística, evoca las playas de arena dorada y el color cálido de los médanos y pinares. Parque del Plata, con Atlántida como cabecera informal de la costa a su lado, se consolidó como uno de sus balnearios más queridos.
La forestación planificada —esos pinos y eucaliptos que la Compañía Parque del Plata plantó desde 1938 para fijar las arenas— transformó de raíz el paisaje de médanos original y creó el continuo verde que hoy une a los balnearios de la Costa de Oro. Ese bosque, pensado como un gran parque, es a la vez patrimonio natural y sello de identidad: la razón por la que el lugar se llama, precisamente, Parque del Plata.
En la actualidad, Parque del Plata mantiene su identidad de balneario residencial, arbolado y tranquilo, fiel al entorno natural que lo vio nacer. Sigue siendo uno de los balnearios queridos de la Costa de Oro, elegido por familias y por quienes buscan descanso, naturaleza costera y un ritmo de vida pausado, lejos del bullicio de los grandes centros turísticos.
Sus principales atractivos —las extensas playas, los pinares y la desembocadura del arroyo Solís Chico con su fauna de aves— hacen de Parque del Plata un destino que combina el placer de la playa con el contacto con la naturaleza. El balneario apuesta por un turismo de descanso y de perfil familiar, accesible y relajante, dentro de la oferta balnearia uruguaya.
La identidad de Parque del Plata descansa en esa combinación de playa, pinares y arroyo que lo definió desde su origen y que sigue marcando su carácter. Un destino que invita a desacelerar y a disfrutar de la Uruguay balnearia más tranquila, a pocos kilómetros de Montevideo y en pleno corazón verde de la Costa de Oro.