A media hora de Mercedes hay un pueblo de calles de tierra que le disputa un título mayor: el de ser el lugar más antiguo del Uruguay. Villa Soriano, sobre el mismo río Negro, hunde sus raíces en una reducción indígena del siglo XVII, cuando Mercedes ni siquiera existía. Esa vecindad con la cuna del país no es un detalle menor: cuenta que este rincón del litoral, hoy apacible y florido, fue uno de los primeros escenarios donde empezó a gestarse lo que sería la nación oriental. Mercedes nació después, pero heredó esa profundidad histórica del río que las une.
La región donde hoy se levanta Mercedes, sobre la margen del río Negro y cerca de su confluencia con el río Uruguay, fue habitada y recorrida desde tiempos prehispánicos por pueblos originarios. Estos grupos aprovechaban la riqueza de los ríos —peces, aves, recursos de los montes ribereños— y se desplazaban por un territorio de praderas, montes y cursos de agua que más tarde sería el corazón del departamento de Soriano.
El río Negro, uno de los principales cursos de agua del actual Uruguay, fue siempre una vía de comunicación y un eje de la vida en la región. Su desembocadura en el río Uruguay convertía a toda esta zona en un punto estratégico para la navegación y el contacto entre territorios, mucho antes de la llegada de los europeos.
Con la colonización, la región pasó a integrarse a la dinámica de la ganadería y los asentamientos hispánicos. Fue precisamente en esta zona del río Negro donde surgieron algunos de los primeros núcleos poblados de lo que sería Uruguay, en particular Villa Soriano, considerada la población más antigua del país, cuyos orígenes se vinculan a las primeras reducciones y asentamientos coloniales sobre el río.
Mercedes nació en la segunda mitad del siglo XVIII, en torno a una capilla y un pequeño asentamiento establecidos sobre la margen del río Negro. La advocación religiosa de Nuestra Señora de las Mercedes, a la que se dedicó la capilla fundacional, dio nombre a la población: de allí proviene el nombre 'Mercedes' que la ciudad conserva hasta hoy.
El asentamiento se desarrolló en una zona de actividad ganadera y de cruce del río, aprovechando su ubicación estratégica. Como tantos pueblos del litoral, creció como punto de paso, centro de una región rural y lugar de encuentro para los habitantes del campo circundante. La presencia del río Negro fue, desde el principio, un factor decisivo para su crecimiento y su carácter ribereño.
Con el tiempo, Mercedes fue ganando importancia y población, consolidándose como el principal núcleo urbano de la región y, finalmente, como capital del departamento de Soriano cuando se organizó la división política del país. De aquella capilla junto al río surgió así una de las ciudades más características y queridas del litoral uruguayo.
A lo largo del siglo XIX, Mercedes se consolidó como capital del departamento de Soriano y como una de las ciudades más relevantes del litoral oeste del país. Su ubicación sobre el río Negro, próxima a la confluencia con el río Uruguay, la convirtió en un puerto y un nudo de comunicaciones del oeste uruguayo, beneficiado por el comercio fluvial que circulaba por estos ríos.
La economía de la región giraba en torno a la ganadería y, progresivamente, a la agricultura, productos que encontraban en el río una vía de salida hacia otros mercados. El puerto de Mercedes y la actividad ribereña dinamizaron la ciudad, que fue creciendo en población, comercio y servicios a lo largo del siglo, en sintonía con el desarrollo del joven Estado uruguayo.
La zona también fue escenario de los avatares políticos y militares del siglo XIX uruguayo, marcados por las guerras civiles y la consolidación nacional, en los que el litoral y sus ríos tuvieron un papel importante. Pese a esos vaivenes, Mercedes mantuvo su crecimiento y afianzó su rol como cabeza de un departamento agrícola-ganadero y como ciudad ribereña de referencia.
A lo largo de los siglos XIX y XX, Mercedes fue desarrollando un cuidado urbanístico que terminaría definiendo su identidad y su fama. La ciudad apostó por embellecer sus espacios públicos con jardines, plazas arboladas, canteros floridos y una prolija rambla que aprovechaba su privilegiada relación con el río Negro. Ese esmero le valió el apodo cariñoso de 'la ciudad de las flores'.
La rambla y la costanera se convirtieron en el corazón de la vida social mercedaria, un paseo ribereño donde la ciudad se asoma al río y disfruta de sus atardeceres. La Isla del Puerto, unida a la ciudad por un puente, sumó un espacio natural de playas y recreación a pasos del centro, reforzando el carácter de Mercedes como ciudad volcada al río y a la naturaleza.
Esta combinación de cuidado urbano, jardines y vida ribereña distinguió a Mercedes entre las ciudades del litoral y la consolidó como un destino de turismo interno apreciado por su tranquilidad y su belleza. El perfil apacible y florido de la ciudad, lejos del bullicio, se transformó en su principal carta de presentación.
En la actualidad, Mercedes es un destino tranquilo y atractivo del turismo interno uruguayo, que combina su faceta ribereña con su patrimonio histórico y su entorno cuidado. La rambla del río Negro, la Isla del Puerto con sus playas y camping, el centro histórico con su catedral y los jardines que le dieron fama hacen de ella una ciudad ideal para un descanso pausado.
Su ubicación la convierte además en una excelente base para explorar la región. A pocos kilómetros está Villa Soriano, la población más antigua del país, con su encanto detenido en el tiempo; y a unos 35 km, Fray Bentos, con su Paisaje Industrial Anglo declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Así, Mercedes funciona como puerta de entrada a un circuito que reúne historia profunda, patrimonio industrial y naturaleza ribereña.
La pesca deportiva, los paseos náuticos, la gastronomía ligada al pescado de río y la vida apacible junto al agua completan el atractivo de una ciudad que mantiene viva su identidad de capital florida del litoral. Mercedes representa, en definitiva, el costado sereno y ribereño del turismo uruguayo, donde el río, los jardines y la historia se dan la mano.