El departamento y su capital rinden homenaje a los Treinta y Tres Orientales, la expedición encabezada por Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe que el 19 de abril de 1825 desembarcó en la playa de la Agraciada para liberar la Banda Oriental del dominio brasileño e iniciar la Cruzada Libertadora, proceso que culminaría en la independencia de 1828. Ese origen patriótico, único entre los departamentos del país por llevar el número exacto de los expedicionarios, impregna toda la identidad olimareña.
La villa de Treinta y Tres fue creada en 1853, durante la presidencia de Juan Francisco Giró, en tierras cruzadas por el río Olimar. El departamento propiamente dicho recién se constituyó el 20 de septiembre de 1884, por la Ley N.º 1754 sancionada bajo el gobierno de Máximo Santos, segregando territorio de Cerro Largo y de Minas (actual Lavalleja). Es, por lo tanto, uno de los departamentos más jóvenes del Uruguay, nacido ya consolidada la República.
Situado en la frontera este, ligado históricamente a la ganadería y a las guerras del siglo XIX, Treinta y Tres se afirmó como un territorio de campo abierto, sierras y bañados, distante de Montevideo y volcado hacia la cuenca de la laguna Merín y la frontera con el Brasil.
El río Olimar Grande, que baña la ciudad capital, es el gran símbolo departamental y una de las presencias más cantadas del folclore uruguayo. Sus playas y costas arboladas son el corazón de la vida veraniega de la ciudad y punto de encuentro obligado de los olimareños. El río fue evocado por el poeta Juan Zorrilla de San Martín —autor del poema épico 'Tabaré'— y quedó inmortalizado en la célebre milonga 'El Olimareño', pieza emblemática del cancionero nacional.
Ese vínculo entre el río, la copla y el campo define buena parte de la cultura local, de raíz gaucha y tradicionalista. El departamento dio al país intérpretes y creadores de la música popular, y el dúo Los Olimareños —Braulio López y José Luis 'Pepe' Guerra— llevó el nombre de la región y su paisaje a los escenarios de toda América Latina, convirtiéndose en una de las referencias mayores del canto popular uruguayo.
Cada verano, la costanera del Olimar y sus fiestas criollas reafirman una identidad ligada al agua, al caballo y a la guitarra, en la que la naturaleza serrana y el trabajo rural se traducen en música y en poesía.
La economía del departamento se apoya en la ganadería extensiva de vacunos y ovinos y, sobre todo, en el cultivo del arroz, del que Treinta y Tres es uno de los mayores productores del Uruguay, llegando a ubicarse entre los primeros departamentos arroceros por volumen. Buena parte de esa producción, casi enteramente destinada a la exportación, sostiene la economía y el empleo rural de la región.
El agua que hace posible el arroz proviene de los bañados y de la cuenca de la laguna Merín, el enorme espejo de agua dulce compartido con el Brasil que, con unos 3.750 km², es la segunda mayor laguna de Sudamérica después del Titicaca. Las zonas de las Costas del Tacuarí y los bañados del este concentran los grandes arrozales que dibujan el paisaje productivo del departamento.
Esa combinación de estancias ganaderas, arroceras tecnificadas y humedales integra a Treinta y Tres a la región de la frontera este, de fuerte impronta agropecuaria, donde el campo abierto se funde con los bañados y con el gran reservorio de la Merín.
El principal atractivo natural del departamento es la Quebrada de los Cuervos, un profundo cañón labrado por el arroyo Yerbal Chico al atravesar las Sierras del Este. En algunos tramos, sus paredes superan los 100 metros de profundidad, encajonando un valle de gran belleza escénica y un microclima húmedo que alberga una vegetación de selva de quebrada excepcional en un país mayormente llano.
Declarada área natural protegida el 21 de agosto de 1986 por decreto departamental, fue la primera área protegida del Uruguay, pionera absoluta en la conservación de la naturaleza del país. En 2008 se incorporó formalmente al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) y en 2020 se amplió hasta unas 19.395 hectáreas, pasando a denominarse Paisaje Protegido Quebrada de los Cuervos y Sierras del Yerbal.
Su biodiversidad es notable: se han registrado allí un centenar de especies de aves —entre ellas las rapaces que le dan nombre—, decenas de mamíferos, anfibios y peces, y buena parte de las especies de árboles nativos del país. Senderos y miradores hacen del lugar un destino de senderismo y observación de naturaleza en el corazón serrano del este uruguayo.
Más allá de la Quebrada de los Cuervos, el departamento se despliega en un paisaje de cuchillas, sierras y valles del sistema oriental, con cerros, arroyos y montes nativos que lo convierten en uno de los rincones más agrestes del Uruguay. El turismo rural y de naturaleza gana terreno como complemento de la economía agropecuaria, aprovechando estancias, quebradas y ríos poco explorados.
Estancias turísticas, cabalgatas, pesca y avistaje de aves atraen a visitantes en busca del contacto con el campo uruguayo profundo. La tradición gaucha sigue muy viva en jineteadas, fogones y fiestas criollas que marcan el calendario del departamento, donde la vida de a caballo, el mate y el asado conservan un peso central.
Hacia el norte, las Costas del Tacuarí y la cercanía de la laguna Merín ofrecen paisajes de bañados y aves acuáticas, mientras el interior serrano concentra el senderismo y el ecoturismo, dando a Treinta y Tres un perfil turístico ligado a la naturaleza, la historia patria y la cultura criolla.