Járkov nació como una avanzada en tierra de nadie. A mediados del siglo XVII, la vasta región de estepas y bosques del noreste de la actual Ucrania —conocida como Slobozhánschina— era una frontera peligrosa y poco poblada, expuesta a las incursiones de los tártaros de Crimea. Para colonizarla y defenderla, colonos cosacos ucranianos que huían de las guerras y la opresión al oeste del Dniéper se asentaron en la zona, bajo la protección del Estado ruso, que les concedía tierras y libertades (de ahí el nombre 'Sloboda', asentamiento libre).
Hacia 1654 (la fecha tradicional), esos colonos fundaron un asentamiento fortificado a orillas de los ríos Járkiv y Lopán, que dio origen a la ciudad. Se levantó una fortaleza de madera para protegerse de los ataques, y en torno a ella creció una población de cosacos y campesinos que combinaban la agricultura con la defensa militar. El nombre de la ciudad deriva del río Járkiv, aunque hay leyendas que lo atribuyen a un legendario cosaco llamado Jarko.
Durante las décadas siguientes, Járkov se consolidó como centro administrativo de uno de los regimientos cosacos de Slobozhánschina y como plaza de ferias y comercio. Su posición en las rutas entre el corazón de Rusia y las tierras del sur la fue convirtiendo, poco a poco, en un nudo mercantil de creciente importancia en la frontera del imperio.
El siglo XIX transformó a Járkov de plaza fronteriza en una de las grandes ciudades del sur del Imperio ruso. Un hito decisivo fue la fundación, en 1804, de la Universidad de Járkov, una de las primeras universidades del imperio, impulsada por el intelectual Vasyl Karazin. La universidad convirtió a la ciudad en un importante centro de saber, ciencia y cultura, y fue un foco de la vida intelectual ucraniana y del despertar de la conciencia nacional, con figuras ligadas al romanticismo y a los estudios sobre la lengua y el folclore ucranianos.
En paralelo, Járkov creció como centro de ferias comerciales —sus ferias atraían a mercaderes de toda la región— y, con la llegada del ferrocarril en la segunda mitad del siglo, como nudo de comunicaciones y potencia industrial. Se instalaron fábricas, talleres metalúrgicos y de maquinaria, y la ciudad se llenó de una nueva clase trabajadora. A comienzos del siglo XX, Járkov era ya una de las ciudades más industrializadas y dinámicas de Ucrania, con una población en rápido crecimiento.
Ese doble carácter —ciudad del conocimiento y ciudad de la industria— definiría la identidad de Járkov durante todo el siglo siguiente y explica su peso como capital científica y fabril.
Tras la Revolución rusa de 1917 y la guerra civil, Járkov vivió su período más singular. Cuando se consolidó el poder bolchevique en Ucrania, la ciudad fue elegida capital de la recién creada República Socialista Soviética de Ucrania, condición que mantuvo entre 1919 y 1934. Járkov, y no Kiev, fue durante quince años el centro político de la Ucrania soviética, lo que le dio un impulso extraordinario.
Como capital, la ciudad fue objeto de una ambiciosa transformación urbana acorde con los ideales de la vanguardia soviética. Se proyectó la enorme plaza Dzerzhinsky (hoy plaza de la Libertad), una de las mayores de Europa, y a su alrededor se levantaron edificios monumentales de estilo constructivista. La joya fue el Derzhprom (Casa de la Industria del Estado), construido en 1925-1928: un colosal complejo de hormigón armado y vidrio de 13 plantas y unos 68 metros de altura, considerado el primer 'rascacielos' de la Unión Soviética y una obra cumbre del constructivismo mundial. Járkov se convirtió en un laboratorio de la nueva arquitectura y del nuevo urbanismo socialista.
Fueron también años de intensa vida cultural ucraniana, con un florecimiento de la literatura, el teatro y las artes conocido después como el 'Renacimiento fusilado', porque muchos de sus protagonistas serían perseguidos y ejecutados en las purgas estalinistas de los años 1930. En 1934, la capital de la Ucrania soviética se trasladó a Kiev, pero Járkov conservó su enorme peso industrial y científico. Poco antes, la ciudad y su región habían sufrido, como toda Ucrania, el Holodomor, la gran hambruna provocada por las políticas soviéticas en 1932-1933.
Pocas ciudades europeas sufrieron tanto en la Segunda Guerra Mundial como Járkov. Por su importancia industrial y su posición estratégica, la ciudad fue uno de los grandes objetivos del frente oriental y cambió de manos varias veces en combates devastadores. Járkov fue escenario de cuatro grandes batallas entre 1941 y 1943, algunas de las más sangrientas de toda la guerra.
Las fuerzas alemanas ocuparon la ciudad por primera vez en octubre de 1941. Siguió una ocupación brutal: ejecuciones, hambre —el invierno de 1941-1942 provocó una mortandad terrible entre la población— y el exterminio de la comunidad judía de Járkov, miles de cuyos miembros fueron asesinados en masacres como la de Drobitsky Yar, en las afueras de la ciudad. Es una memoria que debe nombrarse con precisión y sin eufemismos.
La ciudad fue reconquistada por el Ejército Rojo, vuelta a perder y finalmente liberada de forma definitiva en agosto de 1943, tras la batalla de Kursk. Para entonces, Járkov estaba en gran parte en ruinas y había perdido una enorme proporción de su población por la muerte, la huida y las deportaciones. La reconstrucción de posguerra sería una tarea inmensa.
Tras la guerra, Járkov renació de sus ruinas y volvió a ser una de las grandes potencias industriales y científicas de la Unión Soviética. Se reconstruyeron la plaza, los edificios y las fábricas, y la ciudad se especializó en industrias pesadas y de alta tecnología: fabricación de tanques y maquinaria, aviación, turbinas, electrónica e investigación nuclear y espacial. Su red de universidades e institutos la convirtió en uno de los mayores centros de estudiantes del país. En esos años se levantaron también símbolos entrañables como el Chorro de Espejo (1947), pequeño monumento al renacer de la ciudad.
Con la independencia de Ucrania en 1991, Járkov pasó a ser la segunda ciudad del nuevo Estado y conservó su papel de gran centro industrial, tecnológico y universitario del noreste. Ciudad de población mixta, con fuerte presencia del idioma ruso junto al ucraniano, mantuvo su identidad propia y su dinamismo.
La invasión rusa a gran escala de febrero de 2022 golpeó a Járkov con especial dureza. Por su proximidad a la frontera —a apenas unas decenas de kilómetros— la ciudad fue uno de los primeros y principales objetivos: sufrió intensos bombardeos y combates en sus alrededores, con numerosas víctimas civiles y una destrucción enorme de viviendas, infraestructuras y edificios históricos. Muchos habitantes se refugiaron durante semanas en las estaciones del metro. Tras la retirada rusa de buena parte de la región en 2022, Járkov ha seguido bajo ataques regulares de misiles y drones. Con toda sobriedad y respeto por lo que atraviesan sus habitantes: Járkov es hoy una ciudad en guerra, no un destino turístico. Su patrimonio —la plaza, el Derzhprom, sus templos y parques— resiste, dañado en parte, esperando, como toda Ucrania, tiempos de paz.