La historia de Jotín es la historia de un punto en un mapa: el lugar donde el río Dniéster se estrecha y comienza a excavar su largo cañón, un vado natural y una posición dominante sobre una de las grandes vías de comunicación entre el mar Negro, los Balcanes y Europa central. Quien controlaba Jotín controlaba el paso del Dniéster, y por eso allí hubo una fortaleza desde tiempos muy tempranos.
Según la tradición, la primera fortificación fue levantada en el siglo X, en época del príncipe Vladimir el Grande, como una de las plazas fronterizas del suroeste de la Rus' de Kiev. Era entonces una construcción de tierra y madera, destinada a vigilar el río y las rutas comerciales. Durante los siglos siguientes, la zona quedó ligada al principado de Halych (Galitzia) y luego de Halych-Volinia, en el occidente de la Rus'.
A finales del siglo XIV, con el debilitamiento de las viejas estructuras de la Rus' y el ascenso de nuevos poderes en la región, Jotín entró en la órbita del principado de Moldavia, que estaba forjándose como Estado entre los Cárpatos y el Dniéster. Fueron los príncipes moldavos quienes emprenderían la transformación de la vieja fortaleza de madera en la formidable ciudadela de piedra que hoy admiramos.
El aspecto actual de la fortaleza de Jotín se debe sobre todo a los príncipes de Moldavia de los siglos XIV y XV. La construcción de la ciudadela de piedra comenzó en las últimas décadas del siglo XIV y conoció grandes mejoras bajo dos gobernantes clave: Alejandro el Bueno (Alexandru cel Bun), a comienzos del siglo XV, y sobre todo Esteban el Grande (Ștefan cel Mare), en su segunda mitad.
Esteban el Grande, uno de los mayores príncipes de la historia de Moldavia, reforzó y amplió notablemente la fortaleza en las décadas de 1460 y siguientes, dándole buena parte de su silueta definitiva: las altas murallas de piedra caliza clara, decoradas con esas características bandas y motivos geométricos de ladrillo rojo que la hacen inconfundible, y las torres de tejados cónicos, entre ellas torres redondas y la torre-puerta. Las murallas alcanzaron gran altura y espesor, adaptadas al terreno encajonado entre las alturas y el río.
Bajo Moldavia, Jotín no era solo un castillo militar, sino una residencia principesca y un centro administrativo y comercial en la frontera norte del principado. Su posición estratégica en la ruta del Dniéster la mantuvo en el centro de las disputas entre Moldavia, Polonia y el creciente poder del Imperio otomano, que a lo largo del siglo XVI fue extendiendo su dominio y su influencia sobre Moldavia, convertida en tributaria de la Sublime Puerta.
El episodio que dio fama europea a Jotín ocurrió en el otoño de 1621. Tras años de tensiones y de incursiones cosacas en territorio otomano, el joven y ambicioso sultán Osman II reunió un enorme ejército —las crónicas hablan de cifras que rondaban los cien mil hombres— con la intención de invadir la Mancomunidad polaco-lituana y avanzar hacia el norte de Europa. Frente a esa amenaza, las fuerzas de la Mancomunidad, unos cincuenta mil soldados al mando del hetman Jan Karol Chodkiewicz, se atrincheraron en Jotín, reforzadas de manera decisiva por el ejército cosaco de Zaporiyia comandado por el hetman Petro Sahaidachny.
Entre septiembre y octubre de 1621, la guarnición polaco-lituana y cosaca resistió, desde sus posiciones fortificadas junto a la fortaleza, oleada tras oleada de asaltos otomanos. Pese a la enorme superioridad numérica turca, los defensores aguantaron durante semanas, infligiendo grandes pérdidas al ejército del sultán y frustrando sus planes. El papel de los cosacos de Sahaidachny fue determinante, y la batalla quedó grabada como una gesta en la memoria tanto polaca como ucraniana.
El 8 de octubre de 1621 se firmó el tratado de paz de Jotín, que puso fin a la campaña, detuvo el avance otomano hacia el norte y confirmó la frontera entre la Mancomunidad y el Imperio otomano en el Dniéster. La batalla de Jotín es considerada uno de los grandes hitos militares de la región y una de las razones por las que la fortaleza es hoy un símbolo de la historia heroica de Ucrania.
Tras la batalla de 1621, Jotín siguió siendo una plaza codiciada. A lo largo del siglo XVII y del XVIII, el Imperio otomano controló repetidamente la fortaleza y la convirtió en una de sus bases avanzadas en la región. Los turcos, y más tarde los rusos, modernizaron las defensas para adaptarlas a la artillería: se levantó la llamada Nueva Fortaleza, un extenso sistema de terraplenes, bastiones y fosos que rodeaba la vieja ciudadela medieval. Jotín fue escenario de nuevas batallas de las guerras ruso-turcas, y cambió de manos varias veces entre otomanos y rusos.
Solo tras la guerra ruso-turca de 1806-1812 Jotín quedó incorporada de forma permanente al Imperio ruso, dentro de la región de Besarabia, y perdió progresivamente su valor militar a medida que las fronteras del imperio se alejaban. La fortaleza fue quedando obsoleta y, con el tiempo, abandonada como plaza de armas.
El siglo XX trajo nuevos cambios de soberanía. Tras la Primera Guerra Mundial y la desintegración de los imperios, Besarabia —y con ella Jotín— pasó a formar parte de Rumania durante el período de entreguerras. Después de la Segunda Guerra Mundial, la zona quedó incorporada a la Unión Soviética, dentro de la RSS de Ucrania, en la región de Chernivtsi (Bucovina). Esa sucesión de dominios —moldavo, otomano, ruso, rumano, soviético— explica la mezcla cultural de la Bucovina de hoy, donde junto al ucraniano se oye también el rumano.
Ya en época soviética se reconoció el valor de la fortaleza: desde 1963 quedó protegida como monumento arquitectónico, y en el año 2000 fue declarada reserva histórico-arquitectónica del Estado. Se emprendieron trabajos de conservación que permitieron mantener en pie uno de los conjuntos fortificados mejor conservados de Ucrania. Por su aspecto imponente, sus murallas intactas y su ambiente medieval, la fortaleza de Jotín se convirtió en un escenario predilecto del cine: numerosas películas históricas, soviéticas y ucranianas, se rodaron entre sus muros.
Con la independencia de Ucrania en 1991, Jotín se consolidó como uno de los grandes atractivos patrimoniales del país. En 2007 la fortaleza fue elegida por votación popular una de las Siete Maravillas de Ucrania, junto a lugares como Kámianets-Podilskyi o la Lavra de Kiev. Antes de la guerra recibía numerosos visitantes y acogía recreaciones y festivales históricos que devolvían la vida a la ciudadela.
Desde la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022, Jotín comparte la realidad de todo el país. Situada en el oeste, en la región de Chernivtsi, ha estado lejos del frente terrestre y entre las zonas relativamente más protegidas, pero, como toda Ucrania, permanece bajo ley marcial y bajo la amenaza de alertas aéreas y ataques de largo alcance. No es hoy un destino turístico normal. La fortaleza sigue en pie, cuidada, a orillas de su río: un coloso de piedra que ha visto pasar a la Rus', a Moldavia, a los otomanos, a los rusos y a los rumanos, y que aguarda, como el resto del patrimonio ucraniano, a que la paz permita volver a recorrerla.