Chernivtsi surgió como un modesto asentamiento de frontera en la región de Bucovina, una tierra de suaves colinas y bosques de hayas —de ahí su nombre, del eslavo 'buk', haya— situada en una encrucijada de pueblos y poderes. Las primeras menciones documentales de la ciudad datan del siglo XV, cuando la zona formaba parte del principado de Moldavia, un estado que oscilaba entre la órbita de Polonia, Hungría y el creciente Imperio otomano.
El nombre de la ciudad, según la interpretación más difundida, derivaría de una antigua fortaleza y de un puesto aduanero a orillas del río Prut, en el cruce de rutas comerciales. Durante siglos, Chernivtsi fue un punto de paso y de intercambio, poblado por rutenos (ucranianos), moldavos (rumanos) y, con el tiempo, por otras comunidades atraídas por el comercio. Su condición fronteriza la expuso a las guerras entre Moldavia, Polonia y los otomanos, y la mantuvo como una localidad pequeña, sin el brillo que alcanzaría más tarde.
Bajo la soberanía otomana, ejercida a través del principado vasallo de Moldavia, la región de Bucovina permaneció durante generaciones en una relativa modestia. Todo cambiaría de forma radical a finales del siglo XVIII, cuando el destino de esta tierra quedó ligado a uno de los grandes imperios de Europa: el de los Habsburgo.
En 1775, en el marco de las reorganizaciones territoriales de la época, el Imperio de los Habsburgo obtuvo la región de Bucovina, hasta entonces bajo dominio otomano-moldavo. Fue una anexión decisiva. Con el nombre alemán de Czernowitz, la ciudad se convirtió en la capital administrativa de la nueva provincia austríaca y comenzó una transformación espectacular que la llevaría de aldea fronteriza a brillante urbe centroeuropea.
Bajo el gobierno de Viena, y sobre todo en el siglo XIX, Czernowitz floreció. La administración imperial la dotó de un trazado urbano ordenado, edificios públicos, teatros, escuelas y una universidad. Se llenó de arquitectura elegante —clasicista, historicista, luego modernista—, de cafés y de una vibrante vida cultural. Pero lo más singular fue su composición humana: la ciudad se convirtió en un extraordinario mosaico de pueblos y religiones, donde convivían ucranianos (rutenos), rumanos, alemanes, judíos, polacos, armenios y otros, cada uno con sus instituciones, sus iglesias y su lengua.
Esa convivencia, favorecida por la relativa tolerancia del imperio, hizo de Czernowitz un caso admirado de cosmopolitismo. El alemán era la lengua común de la cultura, pero en las calles se oía media docena de idiomas. La ciudad se ganó apodos como 'la pequeña Viena' por su elegancia, y 'la Jerusalén sobre el Prut' por la importancia de su comunidad judía. Fue una de las joyas culturales del este del Imperio austrohúngaro.
El símbolo por excelencia de la edad de oro de Czernowitz es la Residencia de los Metropolitanos de Bucovina y Dalmacia. Entre 1864 y 1882, el arquitecto checo Josef Hlávka levantó este fastuoso conjunto como sede de los metropolitanos ortodoxos de Bucovina, en una época en que la Iglesia ortodoxa local gozaba de gran prestigio y autonomía dentro del imperio católico de los Habsburgo. El edificio, con su audaz mezcla de estilos bizantino, románico y morisco, y sus tejados de cerámica policromada, es una de las obras maestras de la arquitectura del siglo XIX en Europa central.
La Residencia expresaba la peculiar situación de Bucovina: un imperio católico que financiaba y honraba a la Iglesia ortodoxa de una de sus provincias, en un ejemplo de la política de tolerancia religiosa que caracterizó a esta región. Hoy, ese conjunto alberga la Universidad Nacional Yuriy Fedkovych de Chernivtsi y es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2011.
La vida cultural de la ciudad tuvo, además, un poderoso componente judío. La comunidad judía de Czernowitz fue una de las más cultas y activas de Europa central, protagonista de la vida económica, intelectual y artística. En 1908 acogió la histórica Conferencia de la Lengua Yidis. Y de ese ambiente surgió una constelación de escritores y artistas, entre los que brilla el nombre de Paul Celan, nacido en la ciudad en 1920, autor de una de las poesías más profundas del siglo XX en lengua alemana y testigo, en su propia vida, de la tragedia que se avecinaba.
El hundimiento del Imperio austrohúngaro al final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, cambió de nuevo el destino de la ciudad. Bucovina fue incorporada al Reino de Rumanía, y Czernowitz pasó a llamarse Cernăuți, convirtiéndose en una importante ciudad del norte rumano. La población seguía siendo un mosaico de nacionalidades, aunque ahora bajo una administración rumana que impulsó políticas de 'rumanización'.
Durante el período de entreguerras, la ciudad conservó buena parte de su brillo cultural y de su vida cosmopolita, con su universidad, sus cafés, su prensa en varias lenguas y su intensa vida judía, ucraniana y alemana. Fue una época de cierta continuidad con el esplendor austríaco, pero también de crecientes tensiones nacionales en una Europa que se deslizaba hacia el autoritarismo y el conflicto.
La sombra que se cernía sobre el continente en los años treinta —el ascenso del fascismo y del antisemitismo— anunciaba tiempos sombríos para una ciudad cuya riqueza venía precisamente de su diversidad. La firma del pacto entre la Alemania nazi y la Unión Soviética en 1939, con sus cláusulas secretas sobre el reparto de Europa oriental, sellaría, poco después, un giro brutal en la historia de Chernivtsi.
En 1940, en aplicación del pacto germano-soviético, la Unión Soviética ocupó el norte de Bucovina y Chernivtsi, que fue integrada por primera vez en la Ucrania soviética. Aquella primera ocupación soviética trajo represión, arrestos y deportaciones. Poco después, en 1941, con la invasión alemana de la URSS, la ciudad quedó bajo control de la Rumanía aliada del Eje, y comenzó el capítulo más trágico de su historia.
La numerosa comunidad judía de Chernivtsi —una de las almas de la ciudad— fue perseguida, despojada y confinada en un gueto. Miles de judíos de la ciudad y de Bucovina fueron deportados a los campos de exterminio de Transnistria, donde muchos murieron. La aniquilación fue enorme, aunque una parte de la comunidad se salvó gracias, entre otros factores, a la valiente actuación del alcalde rumano Traian Popovici, que logró eximir de la deportación a miles de judíos, por lo que sería reconocido como 'Justo entre las Naciones'. Aun así, la vibrante vida judía de la 'Jerusalén sobre el Prut' quedó destruida para siempre. El poeta Paul Celan perdió a sus padres en aquel horror.
Con la victoria soviética, en 1944, Chernivtsi fue reincorporada de forma definitiva a la Ucrania soviética. La posguerra trajo la salida de buena parte de las comunidades alemana, rumana, polaca y judía superviviente, y la transformación de la ciudad en una urbe soviética de mayoría ucraniana. En 1955, el antiguo conjunto de la Residencia de los Metropolitanos fue entregado a la universidad de la ciudad, preservando así, con otro uso, aquella joya arquitectónica.
Con la independencia de Ucrania en 1991, Chernivtsi se integró plenamente en el nuevo estado como capital de la provincia (óblast) de Chernivtsi y principal ciudad de la Bucovina ucraniana. Liberada del corsé soviético, pudo redescubrir y valorar su extraordinaria herencia austrohúngara y multicultural, y volcarse en la conservación de su casco histórico y de sus monumentos.
El reconocimiento culminó en 2011, cuando la Unesco inscribió la Residencia de los Metropolitanos de Bucovina y Dalmacia en la lista del Patrimonio Mundial, consagrando internacionalmente el valor de la gran obra de Josef Hlávka y, con ella, del legado cultural de la ciudad. Chernivtsi se afirmó como uno de los destinos más atractivos del oeste de Ucrania, célebre por su arquitectura, su ambiente de café centroeuropeo, su universidad y la memoria viva de su pasado cosmopolita, incluida la de figuras como Paul Celan.
La invasión rusa a gran escala de febrero de 2022 alcanzó también, aunque de forma más leve, a esta región. Por su ubicación en el extremo suroeste del país, lejos del frente y cerca de las fronteras rumana y moldava, Chernivtsi es de las ciudades más tranquilas y seguras de Ucrania, y se convirtió, como Lviv, en refugio de desplazados. Aun así, vive bajo ley marcial, con alertas aéreas y toque de queda, y no está por completo a salvo de la guerra. Esta guía se ofrece con respeto por esa realidad: como un homenaje cultural a una de las ciudades más singulares de Europa, testigo de siglos de convivencia y de tragedia, que hoy forma parte de una Ucrania que defiende su existencia y su lugar en Europa.