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Historia de Zermatt (Matterhorn)

Los walser y el valle dormido

Antes del alpinismo, antes de los hoteles de lujo y de los teleféricos, Zermatt fue apenas un puñado de granjas al final de un valle sin salida. Sus primeros pobladores estables fueron los walser, un pueblo germanoparlante que entre los siglos XII y XIII emigró desde el alto valle del Ródano (la región de Goms, en el Alto Valais) hacia los valles más altos y agrestes de los Alpes. Colonos duros, acostumbrados a la altura y al frío, roturaron pastos donde nadie vivía y llevaron consigo su lengua, el Walliserdeutsch, que en su variante local todavía se habla en Zermatt.

El nombre mismo cuenta esa historia campesina. El lugar aparece documentado en la Edad Media como 'Pratoborno', y más tarde como 'zer Matte' o 'zur Matte', que en alemán significa 'en la pradera' o 'junto al prado': de ahí derivó Zermatt. Durante siglos fue una comunidad de pastores y campesinos de montaña, pobre y aislada, que vivía de las vacas, del queso y de los cultivos que la altura permitía. El invierno la incomunicaba y la subsistencia era dura.

De aquella Zermatt anterior al turismo queda un testimonio precioso en el corazón del pueblo: el Hinterdorf, el barrio viejo, con sus graneros y establos de madera oscura (los Stadel) levantados sobre pilares de piedra rematados por grandes lajas planas. Ese detalle no era decorativo: las lajas impedían que los ratones treparan hasta el grano guardado arriba. Algunos de esos edificios tienen varios siglos y forman uno de los conjuntos rurales alpinos mejor conservados de Suiza, un recordatorio de que este destino glamoroso nació de la economía de subsistencia de un valle olvidado.

Sobre ese pueblo silencioso se alzaba, imponente y temido, el Matterhorn. Para los habitantes de Zermatt no era un objeto de deseo sino una presencia amenazante: creían, como en tantos valles alpinos, que en sus cumbres inaccesibles habitaban demonios y espíritus. A nadie se le ocurría escalarlo. Eso cambiaría de golpe a mediados del siglo XIX, cuando una nueva clase de viajeros llegó desde el norte de Europa con una idea entonces revolucionaria: subir a las montañas por deporte.

https://en.wikipedia.org/wiki/Zermatthttps://blog.nationalmuseum.ch/en/2022/11/the-walser-migratihttps://www.myswitzerland.com/en/destinations/zermatt-matter

La edad de oro del alpinismo y la carrera por el Cervino

A mediados del siglo XIX, los Alpes se pusieron de moda. Una generación de montañeros británicos, muchos de ellos científicos, abogados y clérigos con tiempo y dinero, empezó a llegar a Suiza decidida a conquistar las grandes cumbres. Fue la llamada 'edad de oro del alpinismo', que arrancó hacia 1854 y en poco más de una década vio caer, una tras otra, casi todas las montañas importantes de los Alpes. El Club Alpino Británico, fundado en Londres en 1857, dio forma a ese impulso. Zermatt, a los pies de la cumbre más espectacular y difícil de todas, se convirtió en el cuartel general de esos pioneros y en el pueblo donde florecieron los primeros hoteles y una casta de guías locales.

El Matterhorn era el último gran trofeo, y el más temido. Su forma piramidal, casi vertical por todos lados, parecía imposible. Durante años, dos hombres se obsesionaron con él desde lados opuestos. Por el lado suizo, desde Zermatt, el grabador e ilustrador inglés Edward Whymper, que había llegado a los Alpes a dibujar montañas y terminó atrapado por la ambición de coronar el Cervino: lo intentó una y otra vez, fracasando en varias expediciones. Por el lado italiano, desde Valtournenche y Breuil (hoy Cervinia), el guía Jean-Antoine Carrel, nacido en 1829 al pie de la montaña, un alpinista extraordinario que consideraba el Cervino 'su' montaña y soñaba con conquistarlo para el orgullo del joven Reino de Italia.

Whymper y Carrel llegaron a intentarlo juntos, pero la rivalidad y las cuestiones de orgullo nacional terminaron por enfrentarlos. En el verano de 1865, Whymper descubrió que Carrel había organizado en secreto una expedición italiana por la arista del lado sur (la arista del León) con apoyo del Club Alpino Italiano. Sintiéndose traicionado y temiendo que los italianos coronaran primero, Whymper corrió a Zermatt para armar a toda prisa una cordada por la arista del Hörnli, la del lado suizo, que hasta entonces se creía inviable pero que él intuía practicable. La carrera estaba lanzada: dos equipos, dos países, una sola cumbre.

https://en.wikipedia.org/wiki/First_ascent_of_the_Matterhornhttps://en.wikipedia.org/wiki/Jean-Antoine_Carrelhttps://www.nationalgeographic.com/travel/article/150714-mat

14 de julio de 1865: la conquista y la tragedia

El 13 de julio de 1865, Edward Whymper salió de Zermatt al frente de una cordada de siete hombres. Con él iban tres británicos —el reverendo Charles Hudson, montañero experimentado; el joven e inexperto Douglas Hadow, de apenas diecinueve años; y el aristócrata Lord Francis Douglas—, el gran guía de Chamonix Michel Croz, y dos guías locales de Zermatt: Peter Taugwalder padre y su hijo, del mismo nombre. Ascendieron por la arista del Hörnli y vivaquearon en la montaña. Al día siguiente, 14 de julio de 1865, hacia la 1:40 de la tarde, alcanzaron la cima. Whymper y Croz llegaron a la vez a lo más alto. Habían ganado la carrera: desde abajo, Whymper vio a la partida italiana de Carrel todavía lejos de la cumbre por el lado sur, y arrojó piedras para hacerse notar. El Cervino, la última gran montaña virgen de los Alpes, había sido conquistado desde Zermatt.

El triunfo duró poco. En el descenso, apenas una hora después de la cima, ocurrió la catástrofe. Los siete bajaban unidos por la cuerda cuando el joven Hadow, el menos experto, resbaló y cayó sobre Croz, que iba delante suyo, arrastrándolo. El tirón derribó también a Hudson y a Lord Douglas. La cuerda que unía a ese grupo con los tres de arriba —Whymper y los dos Taugwalder— se tensó de golpe y se cortó en el tramo más débil. Los cuatro hombres se precipitaron por la pared norte, deslizándose de espaldas e intentando en vano aferrarse a la roca, y desaparecieron uno tras otro hacia el glaciar del Matterhorn, casi 1.200 metros más abajo.

Whymper y los dos guías locales, petrificados, quedaron colgados de la montaña sin poder hacer nada. Tardaron horas en reanudar el descenso, quebrados por el horror. Solo tres de los siete regresaron vivos a Zermatt. Se recuperaron después tres de los cuatro cuerpos; el de Lord Francis Douglas nunca apareció, y se cree que quedó atrapado para siempre en las alturas del Cervino. La conquista más celebrada de la edad de oro del alpinismo se había convertido, en cuestión de minutos, en su tragedia más famosa.

https://en.wikipedia.org/wiki/First_ascent_of_the_Matterhornhttps://www.smithsonianmag.com/smart-news/tragic-story-firsthttps://www.alpenwild.com/staticpage/first-ascent-of-the-mat

La cuerda cortada: sospecha, proceso y leyenda

La noticia recorrió Europa y provocó un escándalo. ¿Cómo era posible que los tres supervivientes —Whymper y los Taugwalder— salieran ilesos mientras los otros cuatro morían? Enseguida corrió una sospecha atroz: que alguien, arriba, había cortado deliberadamente la cuerda para no ser arrastrado al vacío. La duda recayó sobre todo en Peter Taugwalder padre. En un continente que empezaba a leer sobre montañismo en los periódicos, el drama del Cervino se transformó en un asunto de honor y de opinión pública.

Las autoridades del Valais abrieron una investigación formal en Zermatt. El examen de los hechos y, sobre todo, de la propia cuerda, fue clave. Se descubrió que el tramo que se había roto no era la buena cuerda de escalada que la cordada llevaba para los pasos difíciles, sino una cuerda vieja, más fina y débil, una simple soga de repuesto que jamás debió haber unido a los hombres en un lugar tan expuesto. Esa cuerda inadecuada se había partido bajo el tirón del peso de cuatro cuerpos en caída: no había sido cortada. La indagatoria no halló pruebas de dolo y los supervivientes fueron absueltos.

Aun así, la sombra de la sospecha persiguió a Peter Taugwalder padre el resto de su vida. El propio Whymper, que en su célebre libro 'Scrambles Amongst the Alps' (1871) dejó el relato canónico de la ascensión, defendió que la cuerda se había roto por sí sola, pero su testimonio dejó al guía en una posición ambigua que este nunca logró sacudirse; Taugwalder emigró un tiempo a América, dolido por el descrédito, antes de volver a morir en el valle. Ese fragmento de cuerda fatal se conserva hoy en el Matterhorn Museum – Zermatlantis de Zermatt, y sigue siendo la reliquia que mejor resume la doble cara de la montaña: la gloria y la muerte. La tragedia, lejos de espantar a los viajeros, multiplicó la fama del Cervino y de Zermatt, que quedaron para siempre unidos en el imaginario del alpinismo mundial.

https://en.wikipedia.org/wiki/First_ascent_of_the_Matterhornhttps://explorersweb.com/the-matterhorn-1865-whymper-makes-thttps://www.smithsonianmag.com/smart-news/tragic-story-first

El ferrocarril, el pueblo sin autos y la meca del turismo alpino

La conquista de 1865 puso a Zermatt en el mapa del mundo, pero fue el ferrocarril el que hizo posible el destino turístico que conocemos. Hasta entonces, llegar al pueblo era una odisea: desde Visp, en el valle del Ródano, había que subir a pie o en mula durante unas nueve horas. En 1891 se inauguró el ferrocarril de vía estrecha entre Visp y Zermatt, que redujo el viaje a apenas dos horas y media y abrió las puertas del valle al turismo masivo de la época. Los grandes hoteles —el Zermatterhof, el Mont Cervin— se llenaron de viajeros británicos, alemanes y de toda Europa.

El éxito fue tan inmediato que pocos años después llegó una segunda maravilla de la ingeniería: el ferrocarril del Gornergrat, inaugurado en 1898. Fue el primer tren de cremallera totalmente eléctrico de Suiza y todavía es el ferrocarril de cremallera eléctrico más antiguo del mundo en funcionamiento. Trepaba —y trepa— hasta los 3.089 metros del Gornergrat, poniendo al alcance de cualquier visitante la vista frontal del Matterhorn y de una veintena de cuatromiles que antes solo veían los alpinistas. Zermatt se convirtió así en pionera del turismo de montaña.

Hubo una decisión que marcó para siempre el carácter del pueblo: la prohibición de los automóviles. Zermatt optó tempranamente por mantenerse libre de autos de combustión, tanto para preservar el aire puro de la alta montaña como para conservar su atmósfera de pueblo alpino. Por eso, todavía hoy, quien llega manejando debe dejar el coche en Täsch, cinco kilómetros antes, y tomar un tren lanzadera; dentro de Zermatt solo circulan pequeños vehículos eléctricos y carros. Esa elección, mantenida durante generaciones, es parte esencial de la identidad del lugar y una rareza que los visitantes agradecen.

A lo largo del siglo XX, Zermatt completó su transformación en capital alpina: se cubrió de teleféricos y remontes, desarrolló una de las mejores zonas de esquí de los Alpes —con esquí de verano sobre el glaciar los 365 días del año— y se consolidó como uno de los destinos de montaña más prestigiosos y caros del planeta, sin perder del todo el pueblo de madera que fue.

https://en.wikipedia.org/wiki/Brig%E2%80%93Zermatt_railway_lhttps://en.wikipedia.org/wiki/Gornergrat_Railwayhttps://www.gornergrat.ch/en/stories/geschichte-opening-rail

El glaciar que se derrite: Zermatt hoy

La montaña que hizo famosa a Zermatt está cambiando ante nuestros ojos. El Matterhorn, como todos los Alpes, sufre el impacto del calentamiento global. Sus glaciares —el gran Gornergletscher que se ve desde el Gornergrat, el glaciar del Theodul donde se esquía en verano— retroceden a un ritmo acelerado, y con ellos cambia el paisaje que generaciones de viajeros creyeron eterno. El deshielo del glaciar del Theodul, en el paso entre Suiza e Italia, ha sido tan intenso que incluso la línea fronteriza entre ambos países, marcada históricamente por la divisoria del hielo, se ha desplazado y hoy es objeto de negociaciones.

Menos visible pero igual de preocupante es el deshielo del permafrost, el suelo permanentemente congelado que, a gran altura, actúa como el cemento que mantiene unidos los bloques de roca de la montaña. Un equipo científico instaló durante más de una década una densa red de sensores en la arista del Hörnli, a unos 3.500 metros —la misma arista de la primera ascensión—, y documentó con millones de datos cómo el calor estival y las olas de calor descongelan ese permafrost y multiplican los desprendimientos de rocas. En los últimos veranos, las autoridades han llegado a cerrar temporalmente la vía normal de ascenso al Cervino durante episodios de calor extremo, por el peligro de caída de piedras. La montaña, literalmente, se está aflojando.

Aun así, Zermatt sigue siendo uno de los grandes destinos de los Alpes y un motor turístico del Valais. El pueblo ha sumado atracciones espectaculares, como el Matterhorn Glacier Paradise —la estación de teleférico más alta de Europa, a 3.883 metros— y, desde 2023, el Matterhorn Alpine Crossing, la travesía en teleférico que une Suiza con Cervinia, en Italia, sin caminar. Conviven así las dos caras de la Zermatt de hoy: la de un destino de lujo y alta tecnología que corona glaciares con cabinas de cristal, y la de un lugar que asiste, en primera fila, al retroceso de esos mismos glaciares. El Matterhorn sigue ahí, tan fotografiado como siempre, símbolo de Suiza y recordatorio de que hasta las montañas que parecen inmutables están cambiando.

https://essd.copernicus.org/articles/11/1203/2019/https://ipa.arcticportal.org/news/938-10-years-of-permafrosthttps://matterhornalpinecrossing.com/en

📚 Bibliografía

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