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Historia de Jungfraujoch

La idea imposible de Adolf Guyer-Zeller

La historia del Jungfraujoch empieza con una caminata y una visión. Cuenta la tradición que un domingo de agosto de 1893, el industrial y magnate ferroviario suizo Adolf Guyer-Zeller, de 54 años, contemplaba desde las alturas de la región del Jungfrau, cerca de la Schynige Platte, el imponente muro de cumbres del Eiger, el Mönch y la Jungfrau. Allí, mirando las montañas, concibió una idea que a casi todos les pareció una locura: construir un ferrocarril que subiera hasta lo más alto de la Jungfrau, perforando la roca de las montañas por dentro.

Corría una época de fe absoluta en el progreso y en la ingeniería. Suiza vivía una fiebre de ferrocarriles de montaña que estaban abriendo las cumbres al turismo, y Guyer-Zeller —que había hecho fortuna en la industria textil y en los ferrocarriles— tenía el dinero, la audacia y la determinación para intentar lo imposible. Su proyecto preveía una línea que partiría de Kleine Scheidegg, ya conectada por el Wengernalpbahn, y treparía por un túnel excavado en el interior del Eiger y el Mönch hasta alcanzar, en varias estaciones intermedias, la cima misma de la Jungfrau, a más de 4.000 metros.

Era un plan descomunal para la técnica de finales del siglo XIX: kilómetros de túnel a través de roca durísima, a gran altitud, con inviernos brutales y medios rudimentarios. Guyer-Zeller obtuvo la concesión y, con una energía formidable, puso en marcha la obra. No podía imaginar que aquel sueño le costaría la vida antes de verlo terminado, ni que el proyecto original nunca llegaría a completarse tal como lo había concebido.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfrau_Railwayhttps://www.jungfrau.ch/en-gb/jungfraujoch-top-of-europe/con

Dieciséis años excavando la montaña

Las obras del Jungfraubahn comenzaron el 27 de julio de 1896 con la primera voladura en Kleine Scheidegg. Lo que siguió fue una epopeya de dieciséis años. La línea, de cremallera, arrancaba al aire libre y enseguida se internaba en un túnel de más de siete kilómetros que había que excavar a fuerza de perforadoras y dinamita, ganando altura dentro de la roca del Eiger y el Mönch. El avance era lento y carísimo: el dinero se agotaba, la montaña ofrecía sorpresas geológicas y las condiciones de trabajo eran extremas.

El grueso de la mano de obra lo formaron trabajadores italianos, mineros y peones que llegaron a Suiza en busca de jornal y que soportaron el frío, la altitud, el ruido, el polvo y el peligro constante de las voladuras y los desprendimientos. Fue un trabajo durísimo y arriesgado: a lo largo del proyecto, alrededor de treinta obreros murieron en accidentes y muchos más resultaron heridos. Un episodio especialmente grave fue la explosión accidental de un depósito de dinamita. La historia del Jungfraujoch, tantas veces contada como una hazaña de la ingeniería suiza, es también la de esos trabajadores anónimos, en su mayoría italianos, que la pagaron con su esfuerzo y, algunos, con su vida. Hoy la exposición Alpine Sensation, arriba en el collado, los recuerda expresamente.

Guyer-Zeller, el motor del proyecto, no vivió para verlo avanzar mucho: murió en 1899, apenas tres años después de iniciada la obra, dejando a sus herederos la tarea de continuarla. Las estaciones se fueron abriendo por etapas: Eigergletscher en 1898, la Eigerwand (con sus ventanales asomados a la cara norte del Eiger) en 1903, la Eismeer en 1905. La financiación flaqueaba y la ambición inicial tuvo que recortarse.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfrau_Railwayhttps://echorails.com/blog/brief-history-of-jungfrau-bahn/

1912: el collado en vez de la cima

El plan original de Guyer-Zeller contemplaba que la línea llegara hasta la cumbre misma de la Jungfrau, a 4.158 metros, mediante estaciones y ascensores excavados en la roca. Pero la realidad se impuso: los costes se dispararon, las obras se eternizaban y la financiación no alcanzaba para tanto. Finalmente se decidió detener la línea en el Jungfraujoch, el collado glaciar situado entre el Mönch y la Jungfrau, a 3.454 metros. La cima nunca se alcanzó, y así la estación terminal quedó donde hoy la conocemos.

El 21 de febrero de 1912, tras dieciséis años de trabajo, los obreros perforaron los últimos metros de roca y alcanzaron el punto donde se levantaría la estación del Jungfraujoch. El 1 de agosto de 1912 —fecha simbólica, día nacional de Suiza— la línea se inauguró oficialmente. El Jungfraubahn se convertía así en el ferrocarril más alto de Europa y su estación, a 3.454 metros, en la estación de tren más elevada del continente, un récord que conserva hasta hoy.

El resultado fue una de las líneas de tren más extraordinarias del mundo: unos nueve kilómetros de recorrido, la mayor parte en túnel dentro de las montañas, salvando un desnivel enorme. Aunque se quedó lejos de la cima soñada por Guyer-Zeller, el Jungfraujoch superó todas las expectativas como atracción turística. Desde el primer momento, viajeros de toda Europa quisieron vivir la experiencia de llegar cómodamente en tren a un mundo de hielo y altura que hasta entonces solo pisaban los alpinistas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfrau_Railwayhttps://en.wikipedia.org/wiki/Jungfraujoch

El Sphinx y el Jungfraujoch como laboratorio de altura

El Jungfraujoch no nació solo como destino turístico: muy pronto se comprendió que aquel enclave a 3.454 metros, con aire puro y condiciones extremas, era un lugar excepcional para la ciencia. En 1931 se creó la Fundación Internacional de Estaciones de Investigación de Alta Altitud del Jungfraujoch y el Gornergrat (HFSJG), y a lo largo de los años treinta se construyeron instalaciones científicas permanentes.

La coronación de ese esfuerzo fue el observatorio Sphinx, inaugurado en 1937, encaramado sobre una aguja de roca a 3.571 metros, por encima de la estación, y accesible por un ascensor rapidísimo excavado en la montaña. Con su cúpula astronómica y sus terrazas, el Sphinx se convirtió en el símbolo del Jungfraujoch y, al mismo tiempo, en una de las estaciones de investigación de alta montaña más importantes del mundo. Desde entonces, generaciones de científicos han trabajado aquí en astronomía, meteorología, glaciología, física de la atmósfera y estudio de rayos cósmicos, aprovechando la altitud, la estabilidad y la pureza del entorno.

Ese doble carácter —atracción turística de masas y laboratorio científico de primer nivel— es una de las singularidades del Jungfraujoch. Mientras miles de visitantes recorren cada día el Palacio de Hielo y las terrazas, en las entrañas del complejo un puñado de investigadores mantiene series de mediciones que, en algunos casos, se remontan a casi un siglo atrás y resultan valiosísimas para entender el clima y la atmósfera del planeta. El 'Top de Europa' es, así, tanto un mirador espectacular como un observatorio privilegiado del mundo.

https://www.hfsjg.ch/en/jungfraujoch/history/https://en.wikipedia.org/wiki/Sphinx_Observatory

El glaciar Aletsch, Patrimonio de la Humanidad en retroceso

A los pies del Jungfraujoch nace la gran maravilla natural de la región: el glaciar Aletsch, el más grande y largo de los Alpes, con unos 20 kilómetros de longitud y masas de hielo de cientos de metros de espesor acumuladas durante milenios. Desde las terrazas del complejo y, sobre todo, desde el mirador Sphinx, se lo ve descender majestuoso entre las montañas como un inmenso río blanco, en una de las vistas más impresionantes de Europa.

En 2001, la Unesco reconoció el excepcional valor de este paisaje al inscribir la región Jungfrau-Aletsch en la lista del Patrimonio Mundial —la primera zona de los Alpes en recibir esa distinción por sus valores naturales—, ampliada después para abarcar todo el macizo glaciar. Es un territorio de una belleza y un valor geológico y ecológico extraordinarios, testimonio vivo de los procesos que modelaron los Alpes.

Pero esa maravilla afronta hoy una amenaza seria: el calentamiento global. Como casi todos los glaciares alpinos, el Aletsch está en franco retroceso, perdiendo longitud y volumen año tras año a un ritmo que los científicos han acelerado en las últimas décadas. Los estudios advierten que, de mantenerse la tendencia, buena parte del glaciar podría desaparecer a lo largo de este siglo. Contemplar el Aletsch desde el Jungfraujoch es, por eso, una experiencia doble: admirar una de las grandes maravillas naturales del continente y, al mismo tiempo, tomar conciencia de su fragilidad. Las propias exposiciones del complejo recuerdan este proceso, convirtiendo la visita en algo más que una postal: un recordatorio de lo que está en juego en la alta montaña.

https://whc.unesco.org/en/list/1037/https://en.wikipedia.org/wiki/Aletsch_Glacier

El 'Top de Europa' en el siglo XXI

Más de un siglo después de su inauguración, el Jungfraujoch sigue siendo una de las excursiones más populares de Suiza y recibe cada año a cientos de miles de visitantes de todo el mundo, muchos de ellos procedentes de Asia. El complejo se ha ido ampliando y modernizando: al observatorio Sphinx y al Palacio de Hielo se sumaron la exposición Alpine Sensation, tiendas, restaurantes, un mirador y toda una infraestructura pensada para mover grandes cantidades de gente a resguardo del frío extremo.

El cambio más importante de los últimos años llegó en 2020 con la inauguración del Eiger Express, un moderno teleférico tricable que sube desde la nueva terminal de Grindelwald hasta Eigergletscher en apenas unos quince minutos, enlazando allí con el Jungfraubahn. Esta obra, parte del proyecto 'V-Bahn', acortó de forma notable el tiempo de subida por el lado de Grindelwald y descongestionó la ruta clásica, aunque también alimentó el debate sobre la presión turística en la región.

Subir al Jungfraujoch hoy es una experiencia impecablemente organizada, pero también cara: el billete de ida y vuelta ronda o supera los 200 francos suizos, uno de los precios más altos que se pagan en el turismo europeo, y los pases nacionales (Swiss Travel Pass, Half Fare Card) solo lo abaratan en parte. A cambio, el visitante recorre en pocas horas una de las mayores hazañas ferroviarias de la historia, pisa un glaciar a 3.454 metros y, si el cielo acompaña, contempla el Aletsch y un horizonte de cumbres que quita el aliento. El sueño desmedido de Adolf Guyer-Zeller, pagado con el esfuerzo y la vida de aquellos obreros italianos, sigue en pie más de cien años después, convertido en uno de los grandes iconos de los Alpes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfraujochhttps://en.wikipedia.org/wiki/Eiger_Express

📚 Bibliografía

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