Mucho antes de que existiera la ciudad universitaria de hoy, el nombre de Uppsala evocaba el gran centro sagrado y político de la Escandinavia precristiana. En lo que hoy se llama Gamla Uppsala ('la vieja Uppsala'), a pocos kilómetros del centro actual, se levantaba uno de los lugares de culto más importantes del mundo nórdico, sede de reyes de la legendaria dinastía de los Ynglingos y escenario de las grandes asambleas (el 'thing') de la región.
La fama de aquel lugar llegó hasta la Europa cristiana gracias al cronista alemán Adán de Bremen, que hacia 1070 describió un célebre templo pagano en Uppsala, cubierto de oro, en el que se veneraba a una tríada de dioses nórdicos: Odín (dios de la guerra y la sabiduría), Thor (dios del trueno) y Frey (dios de la fertilidad). Adán relataba también cómo cada nueve años se celebraba allí un gran sacrificio ('blót') en el que se ofrendaban animales e incluso seres humanos, colgados de los árboles de un bosque sagrado. Aunque los historiadores discuten cuánto de exacto y cuánto de exageración cristiana hay en su relato, no hay duda de que Gamla Uppsala fue un centro religioso de primer orden.
El testimonio más impresionante de aquella época son los grandes túmulos funerarios reales (Kungshögarna): tres enormes montículos de tierra, datados en los siglos V y VI, bajo los que se enterró, tras ser incinerados en grandes piras junto con sus tesoros, a reyes o jefes de la región. Todavía hoy se alzan sobre los prados, junto a la vieja iglesia medieval que se construyó, siglos después, sobre el mismo lugar sagrado, como para cristianizarlo. Son el vínculo físico con la Suecia de los reyes-dioses y las sagas.
La llegada del cristianismo transformó por completo el significado de Uppsala. A lo largo de los siglos XI y XII, los reyes suecos fueron abandonando el paganismo y adoptando la nueva fe, un proceso lento y a veces violento. El viejo centro pagano de Gamla Uppsala se convirtió en sede episcopal cristiana, y sobre el antiguo lugar de culto se levantó una iglesia. Según la tradición, el rey Erico IX ('Erik el Santo'), venerado después como patrón de Suecia, gobernó en el siglo XII y fue martirizado, convirtiéndose en símbolo de la Suecia cristiana; sus reliquias se guardan hoy en la catedral.
En 1164 se creó el arzobispado de Uppsala, que convirtió a la ciudad en la cabeza de la Iglesia sueca, rango que conserva hasta hoy: el arzobispo de Uppsala es el primado de la Iglesia de Suecia. Aquel ascenso eclesiástico dio a Uppsala un peso enorme en la vida del reino, muy por encima de su tamaño.
Con el tiempo, el centro de la ciudad se desplazó desde la vieja Uppsala hacia el emplazamiento actual, junto al río Fyris, donde en el siglo XIII se empezó a construir una gran catedral gótica acorde con la importancia de la sede. La catedral de Uppsala, de ladrillo y con sus características torres gemelas, se fue levantando a lo largo de los siglos XIII y XIV y se consagró en 1435, convirtiéndose en la iglesia más grande de Escandinavia y en el escenario de las coronaciones reales. La ciudad medieval que creció a su alrededor, con el palacio arzobispal y las casas del cabildo, tenía ya el carácter de capital religiosa que marcaría su historia.
En 1477, el arzobispo Jakob Ulvsson, con autorización del papa, fundó en Uppsala una universidad, la primera de Suecia y de toda Escandinavia. Nacía así la institución que daría a la ciudad su carácter definitivo. En sus primeras décadas, sin embargo, la universidad tuvo una vida difícil y llegó a interrumpir su actividad durante los turbulentos años de la Reforma protestante en el siglo XVI.
Porque el siglo XVI trajo a Uppsala grandes convulsiones. El rey Gustavo Vasa, que independizó a Suecia de Dinamarca y fundó la monarquía moderna, impuso la Reforma luterana, rompiendo con Roma y confiscando los enormes bienes de la Iglesia, lo que golpeó de lleno a la Uppsala eclesiástica. El propio Gustavo Vasa mandó construir a mediados de siglo el castillo de Uppsala sobre una colina, una fortaleza real que dominaba (y en cierto modo desafiaba) a la catedral, símbolo del viejo poder de la Iglesia. Fue un gesto muy claro sobre quién mandaba ahora en el reino.
En 1593, ya consolidada la Reforma, se celebró en Uppsala un acontecimiento decisivo: el Sínodo de Uppsala (Uppsala möte), una asamblea eclesiástica que fijó de manera definitiva el luteranismo como religión oficial de Suecia y rechazó tanto el catolicismo como otras corrientes protestantes. Poco después, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, la universidad fue refundada y reorganizada, especialmente bajo el rey Gustavo II Adolfo, que la dotó generosamente y le dio nuevos edificios. Uppsala se afianzaba como el gran centro intelectual del imperio sueco en ascenso.
Los siglos XVII y XVIII fueron la gran época dorada de la ciencia en Uppsala. En el ambiente del imperio sueco, la universidad se llenó de sabios que dejaron una huella universal. En el siglo XVII se construyó el Gustavianum, con su teatro anatómico donde se hacían disecciones públicas, y trabajaron figuras como Olof Rudbeck, científico y polímata. Pero fue en el siglo XVIII cuando Uppsala dio al mundo a algunos de sus científicos más célebres.
El más famoso fue Carl von Linné (Carlos Linneo, 1707-1778), profesor de la universidad, que revolucionó la biología al crear el sistema moderno de clasificación de los seres vivos: la nomenclatura binomial, que asigna a cada especie un nombre latino en dos partes (género y especie), como 'Homo sapiens'. Linneo reorganizó el jardín botánico de la universidad según su método, formó a discípulos que viajaron por todo el mundo recogiendo plantas ('los apóstoles de Linneo'), y convirtió a Uppsala en la capital mundial de la botánica. Su casa y su jardín se conservan hoy como museo.
Otro gigante fue Anders Celsius (1701-1744), astrónomo y físico de Uppsala, que ideó la escala de temperatura centígrada que lleva su nombre (los grados Celsius), hoy usada en casi todo el mundo. La ciudad fue en aquel siglo de la Ilustración un hervidero de ciencia, con astrónomos, químicos y naturalistas de primer nivel. Esa herencia sigue viva: la Universidad de Uppsala es hoy una de las más prestigiosas del norte de Europa, y varios de sus investigadores han ganado premios Nobel. La ciudad respira ese legado científico en cada rincón.
A lo largo de los siglos XIX y XX, Uppsala creció y se modernizó, pero sin perder nunca su doble carácter de ciudad religiosa y universitaria. En el siglo XIX se levantó el gran edificio principal de la universidad (Universitetshuset) y se amplió la Carolina Rediviva, la biblioteca, que llegó a atesorar joyas bibliográficas como el Codex Argenteus, el manuscrito de los Evangelios en lengua gótica escrito en plata y oro en el siglo VI. La vida estudiantil se organizó en torno a las 'nationer', las tradicionales hermandades regionales de estudiantes, que todavía hoy marcan la sociabilidad de la ciudad.
La llegada del ferrocarril y, más tarde, la cercanía con Estocolmo y su aeropuerto integraron a Uppsala en la órbita de la capital, a menos de una hora de tren. La ciudad se convirtió en un importante centro de investigación y de industria del conocimiento, con la universidad y, más tarde, otras instituciones como la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU) y un potente sector biomédico y farmacéutico. Miles de estudiantes de toda Suecia y del mundo siguen dándole a Uppsala su energía joven y cosmopolita.
Hoy Uppsala es la cuarta ciudad de Suecia, una urbe próspera y culta que combina, en pocos kilómetros, casi toda la historia del país: los túmulos vikingos de Gamla Uppsala, la catedral gótica de la Suecia cristiana, el castillo de Gustavo Vasa, los jardines de Linneo de la Ilustración y los laboratorios de la ciencia contemporánea. Su famosa noche de Walpurgis (Valborg), cada 30 de abril, con los estudiantes lanzando sus gorras al aire y bajando en balsas por el río Fyris, resume ese espíritu de una ciudad antiquísima y a la vez perpetuamente joven.