Para entender Malmö hay que empezar por un dato que sorprende a muchos: durante la mayor parte de su historia, Malmö no fue sueca, sino danesa. La ciudad se menciona por primera vez en documentos del siglo XIII, y desde entonces y durante unos cuatro siglos formó parte del reino de Dinamarca, del que la provincia de Escania (Skåne) era una de las regiones más ricas y pobladas. Malmö llegó a ser la segunda ciudad más importante de Dinamarca, después de la capital, Copenhague, situada justo enfrente, al otro lado del estrecho de Öresund.
La prosperidad medieval de Malmö estuvo ligada, como en tantos puertos del sur de Escandinavia, al arenque. Los enormes bancos de arenque del Öresund y el Báltico convirtieron a la ciudad en un gran centro de pesca, salazón y comercio de este pescado, muy demandado en toda la Europa católica (que lo consumía en los numerosos días de ayuno). Los mercaderes de la Liga Hanseática comerciaban activamente en Malmö, que celebraba grandes mercados de arenque. Esa riqueza pesquera y comercial hizo crecer la ciudad y financió sus principales monumentos.
De aquella Malmö danesa y medieval sobreviven joyas como la iglesia de San Pedro (Sankt Petri kyrka), un imponente templo gótico de ladrillo del siglo XIV inspirado en las iglesias del norte de Alemania, y el trazado del casco antiguo. La ciudad estaba fortificada y era un bastión danés frente al Báltico. Su cercanía con Copenhague —hoy su gran baza— era entonces natural, pues ambas orillas del Öresund pertenecían al mismo reino y formaban el corazón del poder danés.
El siglo XVI fue una época decisiva para Malmö. Los reyes de Dinamarca reforzaron la ciudad con la construcción del castillo de Malmöhus (Malmöhus slott), una fortaleza renacentista levantada sobre un castillo medieval anterior, destinada a defender la ciudad y a controlar el estratégico estrecho de Öresund y el lucrativo peaje que Dinamarca cobraba a los barcos que lo cruzaban. Malmöhus, con sus robustas torres circulares y sus fosos, es hoy la fortaleza renacentista más antigua conservada de Escandinavia, y a lo largo de su historia fue residencia real, plaza militar, ceca (donde se acuñaba moneda) y, más tarde, prisión.
Malmö fue también uno de los focos de la Reforma protestante en Escandinavia. La ciudad, con su pujante burguesía comercial y sus contactos con el norte de Alemania (cuna del luteranismo), abrazó tempranamente las ideas de la Reforma, incluso antes de que Dinamarca la adoptara oficialmente. Predicadores reformistas actuaron en Malmö en las décadas de 1520 y 1530, y la ciudad se convirtió en un bastión del protestantismo. La iglesia de San Pedro fue escenario de esos cambios religiosos, y en Malmö se imprimieron textos reformistas en danés.
Aquel siglo XVI fue, en conjunto, un periodo de esplendor para la Malmö danesa: próspera por el comercio, fortificada por el castillo y activa en la vida religiosa y cultural del reino. Pero las tensiones entre Dinamarca y la emergente potencia sueca al norte irían en aumento, y Escania, por su posición fronteriza, se convertiría en el gran campo de batalla de esa rivalidad, con consecuencias que cambiarían para siempre el destino de Malmö.
El gran vuelco de la historia de Malmö llegó en 1658. Tras una guerra en la que el rey sueco Carlos X Gustavo invadió Dinamarca cruzando incluso los estrechos helados con su ejército, Dinamarca se vio obligada a firmar el tratado de Roskilde, uno de los más humillantes de su historia. Por ese tratado, Dinamarca cedió a Suecia sus provincias del sur de la península escandinava: Escania (con Malmö y Lund), Halland, Blekinge y Bohuslän. De un plumazo, Malmö dejó de ser una de las principales ciudades de Dinamarca para convertirse en una ciudad fronteriza de Suecia.
La transición no fue pacífica ni rápida. La población de Escania era danesa en lengua, cultura y lealtades, y hubo resistencia. En las décadas siguientes se libraron nuevas guerras (como la Guerra de Escania, 1675-1679), en las que Dinamarca intentó recuperar la región, con Malmö como plaza clave: la ciudad y su castillo de Malmöhus resistieron asedios daneses. Suecia, para consolidar su dominio, emprendió una política de 'suecización' de Escania: se impuso el sueco en la Iglesia, la administración y la enseñanza, se fundó la Universidad de Lund (1666) como instrumento para formar élites leales a Suecia, y se persiguió la resistencia (los 'snapphanar', guerrilleros pro-daneses).
Con el tiempo, y tras nuevos conflictos, el dominio sueco se afianzó definitivamente. Escania y Malmö quedaron integradas en Suecia, aunque conservando rasgos propios: todavía hoy el dialecto del sur (el 'skånska') suena más suave y 'danés' que el resto del sueco, y la región mantiene una identidad cultural particular, a caballo entre las dos herencias. Malmö entró así, ya como ciudad sueca, en la era moderna, aunque durante mucho tiempo siguió siendo una localidad relativamente pequeña y provinciana, lejos del esplendor de sus tiempos daneses.
Malmö despertó de su letargo con la Revolución Industrial. A lo largo del siglo XIX, la ciudad se transformó en un gran centro industrial y portuario del sur de Suecia. Se construyó el puerto moderno, llegó el ferrocarril, y florecieron industrias textiles, alimentarias, mecánicas y, sobre todo, la construcción naval. El símbolo de esa era fue Kockums, un astillero fundado en el siglo XIX que llegó a ser uno de los mayores del mundo en el siglo XX, con su gigantesca grúa (la Kockumskranen) dominando el horizonte de la ciudad y empleando a miles de trabajadores. Malmö se convirtió en una típica ciudad obrera e industrial, con un fuerte movimiento sindical y una larga tradición socialdemócrata (fue una plaza fuerte del socialismo sueco).
Pero la segunda mitad del siglo XX trajo una crisis profunda. Como en Gotemburgo, la construcción naval entró en declive ante la competencia asiática, y los astilleros de Malmö fueron cerrando o reduciéndose drásticamente en las décadas de 1970 y 1980. Kockums dejó de construir grandes barcos, y la ciudad perdió miles de empleos industriales, sumiéndose en una grave depresión económica y social. La enorme grúa de Kockums, símbolo de la vieja Malmö industrial, fue finalmente desmontada y vendida a Corea del Sur en 2002, en un gesto cargado de simbolismo sobre el fin de una época.
Malmö tuvo que reinventarse por completo. La ciudad apostó por la educación (con la fundación de la Universidad de Malmö en 1998), la tecnología, los servicios, la cultura y la sostenibilidad. El antiguo puerto industrial, donde estaban los astilleros, se transformó en el barrio ecológico de Västra Hamnen, coronado por el rascacielos Turning Torso (2005), del arquitecto Santiago Calatrava, nuevo símbolo de la ciudad. La construcción del puente de Öresund (2000), que unió Malmö con Copenhague, fue el otro gran motor de la transformación, integrando a la ciudad en una dinámica región transfronteriza.
La Malmö del siglo XXI es una de las ciudades más dinámicas y transformadas de Suecia. La inauguración del puente de Öresund en el año 2000 fue un antes y un después: por primera vez desde la última glaciación, Escania quedaba unida por tierra al continente, y Malmö pasaba a formar, junto con Copenhague, una gran región metropolitana transfronteriza (la 'región del Öresund'), con decenas de miles de personas cruzando a diario entre Suecia y Dinamarca para trabajar y estudiar. La cercanía del gran aeropuerto internacional de Copenhague, a solo media hora, abrió Malmö al mundo.
La ciudad se reinventó como centro del conocimiento, la cultura y la sostenibilidad. El barrio de Västra Hamnen, sobre los antiguos astilleros, se convirtió en un modelo internacional de urbanismo ecológico, con energías renovables y espacios verdes junto al mar, presidido por el Turning Torso. La Universidad de Malmö atrajo a estudiantes, y la ciudad desarrolló sectores de tecnología, videojuegos, biomedicina y servicios. La vieja ciudad de astilleros dejó paso a una urbe moderna, joven (con una de las poblaciones más jóvenes de Europa) y creativa.
Malmö es hoy, sobre todo, la ciudad más multicultural de Suecia: más del 40% de sus habitantes tienen raíces extranjeras, con más de 180 nacionalidades. Esa diversidad, visible en barrios como Möllevången, ha traído una enorme riqueza cultural y gastronómica, y también desafíos de integración y cohesión social que la ciudad afronta. Con su mezcla de herencias danesa y sueca, su pasado industrial reconvertido, su apuesta por lo verde y su vibrante diversidad, Malmö se ha convertido en un laboratorio de la Suecia contemporánea, abierta, urbana y en constante transformación.