Lund es una de las ciudades más antiguas de Suecia, pero para entender su origen hay que recordar, de nuevo, que durante la mayor parte de su historia no fue sueca, sino danesa. Lund fue fundada hacia el final del siglo X, alrededor del año 990, en la época del rey danés Sven Barbahorquillada (Sven Tveskägg), en pleno periodo vikingo, cuando Escania era una de las regiones centrales del reino de Dinamarca. Se cree que fue una fundación real, planificada, en un punto estratégico del fértil interior de Escania.
Desde muy pronto, Lund se convirtió en un lugar de gran importancia. Ya en tiempos del rey Canuto el Grande (Knut den store), que a comienzos del siglo XI gobernó un vasto imperio del mar del Norte que incluía Dinamarca, Inglaterra y Noruega, Lund era una ciudad destacada, con casa de moneda propia (se acuñaban allí monedas) y un papel creciente en la vida del reino. La ciudad vikinga y altomedieval fue creciendo con iglesias de madera y luego de piedra, y con una población de artesanos, mercaderes y clérigos.
La arqueología ha revelado bajo el suelo de Lund los restos de esa ciudad primitiva: talleres, viviendas, iglesias tempranas y objetos de la vida cotidiana de los siglos X y XI, muchos de ellos hoy en los museos de la ciudad. Aquella fundación danesa de la era vikinga sería el germen de la que llegaría a ser, en pocas generaciones, la capital religiosa de todo el norte de Europa escandinavo.
El momento culminante de la historia medieval de Lund llegó a comienzos del siglo XII. En 1103 o 1104, se estableció en Lund un arzobispado, el primero de toda Escandinavia. Hasta entonces, la Iglesia del norte dependía del arzobispado de Hamburgo-Bremen, en Alemania; con la creación de la sede de Lund, Escandinavia obtuvo su propia cabeza eclesiástica, independiente de los alemanes. Y esa cabeza estaba en Lund: el arzobispo de Lund se convirtió en el primado de toda la Iglesia escandinava, con autoridad sobre Dinamarca, Suecia y Noruega. Lund era, así, la capital religiosa de todo el norte.
Ese enorme poder eclesiástico transformó la ciudad. Lund se llenó de iglesias, conventos, capillas y edificios religiosos —se llegó a hablar de docenas de iglesias en una ciudad relativamente pequeña—, y atrajo a clérigos, peregrinos, artesanos y estudiantes. El símbolo de aquel esplendor es la catedral de Lund (Lunds domkyrka), una gran iglesia románica de piedra arenisca cuya construcción avanzó a lo largo del siglo XII y que fue consagrada en 1145. Con sus torres gemelas, su solemne cripta de columnas y, más tarde, su famoso reloj astronómico, la catedral es todavía hoy el monumento más importante de la ciudad y uno de los mejores ejemplos del románico en el norte de Europa.
Durante los siglos XII y XIII, Lund vivió su edad de oro medieval como centro del poder religioso, cultural e intelectual de Escandinavia. Fue un foco de aprendizaje, con escuelas catedralicias, y un punto de referencia para toda la cristiandad nórdica. Su influencia superaba con mucho su tamaño, y su nombre resonaba en todo el norte de Europa como sede del arzobispo primado.
Después de su apogeo medieval, Lund entró en un largo periodo de declive relativo. Varios factores confluyeron. Por un lado, el ascenso de otras ciudades danesas, sobre todo de Copenhague, que fue ganando protagonismo político y económico y desplazando a Lund del centro del poder. Por otro, las crisis generales de la Baja Edad Media, como la peste negra del siglo XIV, que golpeó duramente a la población. La ciudad, que había vivido de su poder eclesiástico y de su papel central, fue perdiendo importancia a medida que el mundo cambiaba a su alrededor.
El golpe decisivo a la vieja Lund religiosa llegó con la Reforma protestante, en el siglo XVI. Cuando Dinamarca adoptó oficialmente el luteranismo (hacia 1536), el enorme poder de la Iglesia católica —y, con él, el del arzobispado de Lund— se desmoronó. Se disolvieron los conventos y monasterios, se confiscaron los bienes eclesiásticos, y muchas de las numerosas iglesias medievales de Lund fueron demolidas o quedaron en desuso. La ciudad, que había sido la capital religiosa de Escandinavia, perdió de golpe la base de su grandeza. El arzobispado desapareció como tal poder, y Lund quedó reducida a una localidad provinciana, sombra de lo que había sido.
Durante ese periodo, Lund siguió siendo una ciudad danesa, en la Escania danesa, cada vez más a la sombra de la cercana y pujante Copenhague, al otro lado del estrecho. Su catedral y algunos edificios sobrevivieron como testigos de tiempos mejores, pero la ciudad esperaba, sin saberlo, un cambio radical que llegaría en el siglo XVII y que le daría una nueva razón de ser.
En 1658, el tratado de Roskilde cambió el destino de Lund, como el de toda Escania: la región pasó de Dinamarca a Suecia. Lund se convirtió en una ciudad sueca, aunque su población seguía siendo danesa en lengua y cultura, y la transición fue difícil, marcada por guerras (la Guerra de Escania, 1675-1679) en las que Dinamarca intentó recuperar la provincia. De hecho, en las afueras de Lund se libró en 1676 una de las batallas más sangrientas de la historia escandinava, la batalla de Lund, entre los ejércitos sueco y danés.
Para consolidar su dominio sobre la recién anexada Escania y ganarse (o formar) a sus élites, Suecia tomó una decisión trascendental: en 1666 fundó en Lund una universidad, la Universidad de Lund. La idea era crear un centro de estudios que formara a clérigos, funcionarios y profesionales leales a la corona sueca, y que ayudara a 'suecizar' la región, evitando que los jóvenes de Escania fueran a estudiar a Copenhague. La universidad se instaló aprovechando el prestigio histórico de la ciudad y su vieja tradición eclesiástica y de estudios.
Aquella fundación fue el nuevo comienzo de Lund. Con el tiempo, la universidad creció hasta convertirse en una de las más importantes y prestigiosas de Escandinavia, y dio a la ciudad una nueva identidad: la de ciudad universitaria. Los siglos siguientes vieron florecer en Lund la ciencia, las humanidades y una intensa vida estudiantil, con figuras célebres, tradiciones pintorescas y un ambiente joven e intelectual que perdura hasta hoy. La ciudad que había sido capital religiosa de Escandinavia renacía como capital del saber.
Desde su refundación como ciudad universitaria, Lund no ha dejado de crecer en importancia académica y científica. A lo largo de los siglos XIX y XX, la Universidad de Lund se expandió enormemente y se situó entre las mejores del norte de Europa, con destacadas facultades de humanidades, derecho, medicina, ciencias y tecnología. Por sus aulas han pasado numerosos científicos y pensadores de renombre, y de su entorno han surgido premios Nobel e importantes avances. En el siglo XX y XXI, Lund se ha convertido también en un gran polo de investigación e innovación tecnológica: en sus alrededores se han instalado instalaciones científicas de primer nivel mundial, como grandes laboratorios de física (fuentes de luz de sincrotrón y de neutrones), que atraen a investigadores de todo el planeta.
Esa vocación científica convive con la conservación de un patrimonio histórico excepcional. A diferencia de muchas ciudades, Lund se libró de grandes destrucciones y conserva un casco antiguo medieval y de época moderna lleno de encanto, con su catedral milenaria como corazón. Instituciones como el museo al aire libre Kulturen (fundado en 1892, uno de los más antiguos del mundo) y los museos universitarios preservan y difunden la larga historia de la ciudad y de Escania.
Hoy Lund es una ciudad que combina, en pocos kilómetros y con naturalidad, más de mil años de historia: la fundación vikinga y danesa, el esplendor del arzobispado y la catedral románica, el paso a Suecia y la fundación de la universidad, y la pujanza científica contemporánea. Con su ambiente joven e internacional, sus tradiciones estudiantiles, sus cafés y librerías, y su patrimonio único, Lund es una de las ciudades con más personalidad y encanto del sur de Suecia, una joya donde el pasado milenario y la energía del presente conviven en cada calle.