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Historia de Archipiélago de Estocolmo

Un paisaje que sigue naciendo del mar

El archipiélago de Estocolmo es, ante todo, una obra de la geología y del hielo. Durante la última glaciación, hace más de 10.000 años, toda esta región estaba cubierta por una capa de hielo de varios kilómetros de espesor, cuyo peso descomunal hundió la corteza terrestre. Cuando el hielo se derritió, la tierra, liberada de esa carga, empezó a levantarse lentamente en un fenómeno conocido como rebote isostático o 'landhöjning'. Y sigue haciéndolo hoy: la costa alrededor de Estocolmo se eleva todavía varios milímetros al año.

Ese levantamiento continuo explica el paisaje único del archipiélago. Lo que hoy son unas 30.000 islas, islotes y escollos, fueron en su día fondos marinos que fueron emergiendo. Y el proceso no se ha detenido: escollos que antes estaban sumergidos asoman a la superficie, canales que antes eran navegables se vuelven más someros, e islas que estaban separadas se van uniendo con el paso de los siglos. En tiempos vikingos, el nivel del mar era varios metros más alto que ahora, y muchos lugares hoy tierra adentro eran entonces costa o puerto.

El resultado es un mosaico irrepetible: rocas de granito pulidas por el hielo, redondeadas y lisas ('hällar'), bosques de pino y abedul que colonizan cada isla, y un gradiente que va desde las grandes islas boscosas cercanas a la ciudad hasta los islotes pelados, batidos por el viento, del borde exterior con el mar abierto. Ese paisaje, mitad tierra mitad agua, es el escenario de toda la historia humana del archipiélago.

Wikipedia (EN) — «Stockholm archipelago»: https://en.wikipedWikipedia (EN) — «Post-glacial rebound»: https://en.wikipediWikipedia (ES) — «Archipiélago de Estocolmo»: https://es.wik

Pescadores, campesinos y prácticos: la vida en las islas

El archipiélago estuvo habitado desde muy antiguo. Restos arqueológicos muestran presencia humana desde hace miles de años, y en época vikinga y medieval las islas eran una zona de paso obligado para el comercio y la navegación que entraba y salía de Estocolmo y de todo el lago Mälaren. Las rutas marítimas hacia el este —hacia Finlandia, los países bálticos y la Rus— cruzaban el archipiélago, y muchos topónimos y hallazgos recuerdan aquel tráfico.

La vida en las islas fue durante siglos dura y austera. Sus habitantes vivían sobre todo de la pesca —especialmente del arenque del Báltico (strömming), base de la dieta— y de una agricultura y ganadería difíciles, en suelos pobres y con inviernos largos. También eran cazadores de focas, recolectores y, muchos de ellos, prácticos de mar ('lotsar'): conocedores expertos de los intrincados canales, bajíos y escollos del archipiélago, que guiaban a los barcos entre las islas para que no encallaran. La figura del práctico fue esencial durante siglos, cuando no había cartas náuticas fiables ni faros, y dejó una huella importante en la cultura local.

Algunas islas desarrollaron actividades particulares. En Utö, por ejemplo, se explotaron desde la Edad Media minas de hierro, de las más antiguas de Suecia, que dieron a la isla una historia industrial singular, con sus pozos, sus casas de mineros y su molino. En otras se levantaron pequeñas capillas, tabernas de prácticos y puestos de aduana. Era un mundo humilde, muy ligado al mar y a los ritmos de la naturaleza, que poco tenía que ver con la vida elegante de la capital cercana.

Wikipedia (EN) — «Stockholm archipelago»: https://en.wikipedWikipedia (EN) — «Utö, Stockholm»: https://en.wikipedia.org/Visit Sweden — «Stockholm archipelago»: https://visitsweden.

La muralla de agua: el archipiélago como defensa de Estocolmo

Durante siglos, el archipiélago fue mucho más que un lugar de pescadores: era la principal línea de defensa de Estocolmo. La capital sueca solo podía ser atacada por mar a través del laberinto de islas y canales, y quien controlara esos pasos controlaba la puerta del reino. Por eso, ya en el siglo XVI, el rey Gustavo Vasa mandó fortificar el estrecho de Vaxholm, el principal acceso a la ciudad, hundiendo obstáculos en el canal y levantando defensas.

Así nació la fortaleza de Vaxholm (Vaxholms kastell), que a lo largo de los siglos se fue reconstruyendo y reforzando para cerrar el paso a las flotas enemigas, sobre todo danesas y, más tarde, rusas. En varias ocasiones, el archipiélago fue escenario de guerra: durante los conflictos con Dinamarca y, sobre todo, durante las guerras con Rusia en los siglos XVIII y XIX, cuando flotas rusas llegaron a saquear pueblos costeros. La actual fortaleza de Vaxholm, de mediados del siglo XIX, es un imponente castillo de piedra que hoy alberga un museo sobre la historia de la defensa costera sueca.

Esa vocación militar del archipiélago se prolongó hasta el siglo XX. Durante la Guerra Fría, con Suecia neutral pero muy militarizada y vigilante ante la vecina Unión Soviética, se construyeron en las islas numerosas baterías de artillería costera, búnkeres y posiciones secretas excavadas en la roca, muchas de ellas ocultas al público hasta hace pocas décadas. Zonas enteras del archipiélago fueron militarizadas y de acceso restringido para los extranjeros. Solo tras el fin de la Guerra Fría se desmantelaron esas defensas y se abrieron al turismo. Todavía hoy, algunas instalaciones militares reconvertidas se pueden visitar como museos, testimonio de siglos en los que estas islas fueron el escudo de la capital.

Wikipedia (EN) — «Vaxholm Fortress»: https://en.wikipedia.orWikipedia (EN) — «Stockholm archipelago»: https://en.wikipedVaxholms kastell (oficial): https://www.vaxholmsfastning.se/

La invención del veraneo: vapores, villas y casitas rojas

La gran transformación del archipiélago llegó en el siglo XIX con dos novedades: el barco de vapor y el tiempo libre. La aparición de los vapores regulares que unían Estocolmo con las islas —el germen de la actual Waxholmsbolaget, fundada en 1869— acercó de golpe el archipiélago a la ciudad y lo puso al alcance de las clases acomodadas. La burguesía y la aristocracia estocolmenses descubrieron entonces el placer de veranear junto al mar, y empezaron a construirse elegantes villas de madera con galerías y torretas ('sommarvillor') en islas como Vaxholm, Sandhamn o Dalarö, que se pusieron de moda.

Sandhamn, en particular, se convirtió en el centro de la vida náutica sueca: allí se estableció el Real Club Náutico Sueco (KSSS) y se organizaron regatas que atraían a la alta sociedad, dándole ese aire chic y marinero que conserva. En torno a las villas florecieron hoteles, restaurantes, casinos de baños y una sofisticada cultura del veraneo que quedó reflejada en la pintura y la literatura suecas de la época; el escritor August Strindberg, por ejemplo, ambientó varias de sus obras en el archipiélago.

A lo largo del siglo XX, con la generalización de las vacaciones pagadas y la mejora del nivel de vida, el veraneo dejó de ser cosa de ricos y se democratizó. Miles de familias suecas construyeron o compraron su propia casita de verano ('sommarstuga') en alguna isla, pintada de rojo Falun con los marcos blancos, y con ella el ritual de pasar allí las vacaciones: bañarse en el Báltico, recoger arándanos y setas, pescar, remar y celebrar el Midsommar. Ese modelo —la casita de madera junto al agua— se volvió un elemento central del imaginario y la identidad nacional suecos. Hoy el archipiélago combina esa vocación de refugio veraniego con la conservación de la naturaleza y un turismo cada vez más internacional, pero sigue siendo, por encima de todo, el lugar donde Suecia va a ser feliz en verano.

Wikipedia (EN) — «Stockholm archipelago»: https://en.wikipedWikipedia (EN) — «Waxholmsbolaget»: https://en.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «Sandhamn»: https://en.wikipedia.org/wiki/SVisit Sweden — «Stockholm archipelago»: https://visitsweden.

📚 Bibliografía

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