La historia de Touba es inseparable de la de un hombre: Cheikh Amadou Bamba Mbacké (1853-1927). Nacido en Mbacké-Baol, en el centro de Senegal, en el seno de una familia de marabúes (eruditos religiosos), Bamba se formó en las ciencias islámicas y se convirtió pronto en un erudito respetado y en un poeta místico de extraordinaria productividad. En una época marcada por la conquista colonial francesa y por la crisis de los antiguos reinos wólof, su mensaje —de fe, trabajo, no violencia y elevación espiritual— caló hondo entre una población desorientada.
En 1883, Bamba fundó la cofradía mouride (la Mouridiyya), una orden sufí original que ponía el énfasis en el trabajo como forma de oración y en la sumisión al guía espiritual. Frente a la yihad armada de otros líderes de su tiempo, Bamba predicó la resistencia pacífica y la construcción de una comunidad basada en el esfuerzo y la devoción. Su carisma atrajo a multitud de discípulos (los talibés), muchos de ellos antiguos guerreros y nobles de los reinos derrotados.
Según la tradición mouride, en 1887 Bamba llegó a un lugar donde meditó bajo un árbol y tuvo una visión mística; allí fundó Touba, cuyo nombre se asocia a la felicidad y al Tûbâ, el árbol del paraíso mencionado en la tradición islámica. Ese punto, elegido por revelación, se convertiría en el centro del muridismo y en una de las ciudades más importantes de Senegal.
El éxito de Amadou Bamba inquietó a las autoridades coloniales francesas, que veían en su creciente influencia una amenaza para su dominio. Sin presentar cargos formales, el gobierno colonial lo condenó al exilio: primero a Gabón, entre 1895 y 1902, y después a Mauritania, entre 1903 y 1907. Se esperaba que, alejado de sus discípulos, el movimiento se apagara.
El efecto fue justamente el contrario. Durante su ausencia, las leyendas sobre la supervivencia milagrosa de Bamba —que habría rezado sobre el agua del mar o sobrevivido a intentos de someterlo— se difundieron por todo Senegal, y miles de nuevos discípulos se sumaron a la cofradía. El exilio convirtió a Bamba en un símbolo de fe inquebrantable y de resistencia pacífica frente a la opresión colonial, y reforzó la cohesión del muridismo. Precisamente la partida al exilio, en 1895, es el episodio que hoy conmemora el Grand Magal.
A su regreso, Bamba fue vigilado pero también, con el tiempo, tolerado y hasta cortejado por las autoridades, que reconocieron la capacidad de la cofradía para organizar el trabajo agrícola —sobre todo el cultivo del cacahuete— y mantener el orden social. Cuando murió, en 1927, la Mouridiyya era ya una de las fuerzas espirituales, sociales y económicas más importantes de Senegal, y Touba, su capital sagrada.
El proyecto de levantar una gran mezquita en Touba fue una aspiración del propio Amadou Bamba, que no llegó a verla terminada. Tras su muerte en 1927, la tarea recayó en sus hijos y sucesores, los califas generales de los mourides, que impulsaron una obra monumental a lo largo de varias décadas. La Gran Mezquita de Touba fue finalmente inaugurada en 1963, tres años después de la independencia de Senegal, convirtiéndose de inmediato en el mayor símbolo del muridismo y en uno de los templos más grandes de África.
El edificio, de casi 9.000 m², combina influencias arquitectónicas magrebíes y sudanesas, con mármoles, mosaicos y una gran cúpula central. Está coronado por siete minaretes; el principal, conocido como Lamp Fall —en homenaje a Cheikh Ibra Fall, uno de los discípulos más célebres de Bamba—, se eleva unos 87 metros y domina toda la llanura circundante. Bajo la mezquita se encuentra el mausoleo de Amadou Bamba, el lugar más sagrado y venerado por los fieles.
Desde su construcción, la mezquita ha sido ampliada y embellecida por los sucesivos califas, y su mantenimiento y engrandecimiento son motivo de orgullo y de contribución para la comunidad mouride en Senegal y en la diáspora. Es, a la vez, un lugar de culto, un mausoleo y el corazón simbólico de toda la cofradía.
Cada año, Touba se convierte en el escenario del Grand Magal, la gran peregrinación mouride y el mayor acontecimiento religioso de Senegal. Celebrado el día 18 del mes lunar de Safar, el Magal conmemora la partida de Amadou Bamba hacia el exilio en Gabón, un episodio que la cofradía interpreta como la máxima expresión de su fe y su sacrificio, y como el momento en que quedó sellado el destino espiritual del muridismo.
Durante tres días, entre dos y tres millones de fieles convergen sobre la ciudad santa desde todos los rincones de Senegal y desde la diáspora mouride repartida por el mundo. Es la segunda mayor concentración del islam después de la peregrinación a La Meca, según suele destacarse, y un despliegue impresionante de oraciones multitudinarias, recitación de los khassidas (los poemas de Bamba), visitas al mausoleo y, sobre todo, hospitalidad: las familias mourides ofrecen comida y bebida gratis a los peregrinos como acto de devoción.
El Magal muestra la extraordinaria capacidad de organización de la cofradía y su peso en la sociedad senegalesa. Para el visitante, vivirlo es una experiencia sobrecogedora, aunque exige preparación por las multitudes y la saturación de la ciudad. Fuera de estas fechas, Touba recupera un ritmo más sereno, pero el eco del Magal impregna todo el año la vida de la capital mouride.
Hoy Touba es la segunda ciudad más poblada de Senegal y una de las más singulares del continente. Gestionada según los principios del muridismo y con un estatus especial que la asemeja a una ciudad-Estado religiosa, se rige por normas propias: dentro de sus límites están prohibidos el alcohol, el tabaco y la música, y toda la vida gira en torno a la Gran Mezquita, la memoria de Amadou Bamba y la autoridad del califa general de los mourides. Su crecimiento ha sido vertiginoso, impulsado por la fuerza de la cofradía.
El muridismo une de manera indisociable la fe y el trabajo, y esa filosofía ha hecho de Touba también un gran centro económico: su mercado Ocass es uno de los mayores de Senegal, y las redes comerciales mourides se extienden por todo el país y por la diáspora, desde Europa hasta Estados Unidos. Esa combinación de espiritualidad y dinamismo económico es una de las claves para entender el Senegal contemporáneo.
Para el viajero, Touba ofrece algo distinto de cualquier otro destino del país: no playas ni naturaleza, sino una inmersión en la identidad espiritual de Senegal. Visitar la Gran Mezquita, acercarse al mausoleo del fundador, recorrer el mercado y percibir el pulso de una ciudad regida por la fe es comprender una de las fuerzas más profundas que vertebran la sociedad senegalesa. Con respeto y sensibilidad, Touba se revela como uno de los lugares más fascinantes y auténticos de África occidental.