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Historia de Cardiff

Del fuerte romano al castillo normando

Debajo del césped y las murallas del castillo de Cardiff, en pleno centro de la ciudad, hay casi dos mil años de historia superpuestos. El primer capítulo lo escribieron los romanos: hacia mediados del siglo I d.C. (las fuentes citan una fecha en torno al año 55) levantaron un fuerte junto al río Taff, en un punto estratégico para controlar la región de los silures, la tribu britana del sur de Gales. En realidad se sucedieron varios fuertes de distintos tamaños en el mismo lugar a lo largo de la ocupación romana. De aquel origen viene, probablemente, el nombre de la ciudad: Caerdydd derivaría de 'Caer' (fuerte) sobre el Taff, aunque también se ha propuesto que honra a un general romano.

Tras la retirada romana de Britania, el lugar quedó en un segundo plano durante siglos oscuros de los que se sabe poco. El gran salto llegó con la conquista normanda. Hacia 1081 se menciona el paso de Guillermo el Conquistador por la zona, y en 1091 el señor normando Robert FitzHamon inició la construcción de un castillo de mota y empalizada (motte and bailey) reutilizando las viejas murallas romanas. Alrededor de esa fortaleza creció un pequeño burgo. En el siglo XII el castillo se reconstruyó en piedra, con una torre del homenaje sobre el montículo que todavía hoy se puede subir. Cardiff nacía así como una plaza fuerte normanda en la frontera, la 'Marca de Gales', un territorio disputado entre los señores anglonormandos y los príncipes galeses.

Un pequeño puerto medieval

Durante la Edad Media y los primeros siglos de la Edad Moderna, Cardiff fue apenas una modesta villa amurallada con su castillo, su puerto fluvial y su mercado. Recibió una carta de villa (borough) y prosperó de forma discreta con el comercio marítimo por el canal de Bristol, pero nunca fue una gran ciudad. Su población se mantuvo pequeña durante cientos de años: todavía a finales del siglo XVIII rondaba apenas los pocos miles de habitantes.

Como el resto de Gales, la zona vivió las convulsiones de la revuelta de Owain Glyndŵr a comienzos del siglo XV —la última gran rebelión galesa contra el dominio inglés— y la posterior integración administrativa de Gales en el reino inglés mediante las Leyes de Unión de 1536 y 1543, bajo Enrique VIII. Cardiff pasó a ser el principal pueblo del condado de Glamorgan. El castillo cambió de manos entre distintas familias nobles a lo largo de los siglos, y a mediados del siglo XVIII terminó en poder de una familia que resultaría decisiva para el destino de la ciudad: los Bute, marqueses de origen escocés. El primer marqués de Bute contrató a paisajistas y arquitectos de moda para transformar la vieja residencia en una elegante mansión georgiana y ajardinar sus terrenos. Pero la verdadera revolución no vendría de la piedra del castillo, sino de un mineral negro escondido en las montañas del norte.

El carbón y el mayor puerto del mundo

La historia de la Cardiff moderna es, en gran medida, la historia del carbón. En los valles al norte de la ciudad —Rhondda, Cynon, Merthyr Tydfil— la Revolución Industrial destapó uno de los yacimientos de carbón y hierro más ricos del planeta. Faltaba una salida al mar para toda esa producción, y ahí entró la familia Bute. En 1825, el segundo marqués de Bute inició una arriesgada y costosísima serie de inversiones en los muelles de Cardiff, construyendo los grandes diques (los Bute Docks) que, conectados por ferrocarril y canal con los valles, convirtieron a la ciudad en la gran terminal exportadora del carbón galés.

El crecimiento fue vertiginoso. Cardiff pasó de ser un pueblo a una ciudad en pocas décadas; su población se multiplicó una y otra vez a lo largo del siglo XIX. El puerto se convirtió en el mayor exportador de carbón del mundo: en su punto máximo, en 1913, salieron por sus muelles más de 13 millones de toneladas de carbón. La riqueza que generó fue inmensa. La Coal Exchange (Bolsa del Carbón) de Cardiff, en Mount Stuart Square, era donde se fijaban los precios mundiales del carbón, y se dice que allí se cerró el primer contrato de un millón de libras de la historia. Los Bute, dueños de gran parte del suelo, se contaron entre los hombres más ricos del mundo.

Con esa fortuna, el tercer marqués de Bute pudo permitirse un capricho extraordinario: encargó al excéntrico arquitecto William Burges la reforma del castillo de Cardiff, transformando sus interiores en una fantasía neogótica de dorados, murales y techos tallados, y levantando también, entre los bosques cercanos, el pequeño y deslumbrante Castell Coch. La ciudad se dotó además de un espléndido centro cívico en Cathays Park, con el Ayuntamiento y el Museo Nacional, símbolo de una ciudad que quería estar a la altura de su nueva importancia.

Tiger Bay: la comunidad multicultural de Butetown

El auge del puerto atrajo a marineros y trabajadores de todo el mundo. Junto a los muelles, en el barrio de Butetown, creció una de las comunidades multiculturales más antiguas del Reino Unido, conocida popularmente como Tiger Bay. Desde mediados del siglo XIX se asentaron allí personas de más de cincuenta países: somalíes, yemeníes, caboverdianos, caribeños, griegos, irlandeses, chinos, malteses, marineros de África occidental y de medio mundo, que llegaban con los barcos y muchas veces se quedaban.

Fue un barrio pobre y hacinado —las casas se subdividían y se realquilaban para pagar los alquileres, sobre todo en torno a la plaza Loudoun Square—, pero también un lugar de enorme vitalidad cultural, con sus clubes, su música y una convivencia entre orígenes y religiones poco habitual para la época. De allí surgió, entre otras figuras, la cantante Shirley Bassey, hija de aquel crisol portuario. Tiger Bay es reconocida como la comunidad multiétnica más antigua de Gales y una de las primeras del país.

La memoria de aquel barrio no siempre fue tratada con justicia: la comunidad sufrió discriminación y episodios de violencia racial, como los disturbios de 1919 que golpearon a varios puertos británicos. Y en la segunda mitad del siglo XX, los planes de 'renovación urbana' demolieron buena parte del viejo Butetown y dispersaron a sus vecinos. Hoy, la historia de Tiger Bay se reivindica como una parte esencial y orgullosa de la identidad de Cardiff, y su legado sigue vivo en la comunidad de Butetown junto a la bahía.

Declive, capital de Gales y renacimiento de la bahía

El siglo XX trajo primero el esplendor y luego el golpe. Tras el máximo de 1913, la industria del carbón entró en una larga decadencia: la competencia internacional, el petróleo, las guerras y las crisis económicas fueron cerrando minas y vaciando los muelles. A mediados de siglo, el puerto que había sido el mayor del mundo en su especialidad estaba en franco declive, y los diques quedaron semiabandonados.

Y sin embargo, en pleno bajón industrial, Cardiff obtuvo un reconocimiento que llevaba tiempo persiguiendo. En 1955, tras años de debate y una consulta a las autoridades locales galesas (en la que Cardiff se impuso a rivales como Caernarfon o Aberystwyth), la ciudad fue proclamada oficialmente capital de Gales, la primera capital reconocida en la historia del país. Fue un cambio simbólico enorme: por primera vez Gales tenía una capital formal, y Cardiff empezó a concentrar instituciones nacionales.

El gran renacimiento físico llegó a finales del siglo XX. Con la vieja zona portuaria degradada, se puso en marcha uno de los mayores proyectos de regeneración urbana de Europa. La pieza clave fue el Cardiff Bay Barrage, una barrera terminada en 2001 que embalsó los ríos Taff y Ely y creó una gran laguna de agua dulce donde antes había fango de marea. Sobre ese nuevo frente costero nacieron paseos, viviendas, restaurantes y edificios emblemáticos como el Wales Millennium Centre, el gran centro de las artes de Gales inaugurado en 2004. La vieja Tiger Bay se convertía en la moderna Cardiff Bay, no sin polémica por lo que se perdió en el camino.

La devolución, el Senedd y la lengua galesa

El último gran capítulo de la historia de Cardiff es político y cultural. En 1997, un referéndum aprobó por un margen estrechísimo la creación de una Asamblea Nacional para Gales, dentro del proceso de 'devolución' (traspaso de poderes) impulsado en el Reino Unido. En 1999 se inauguró la Asamblea, con sede en Cardiff, que empezó a reunirse en Cardiff Bay. En 2006 se abrió el edificio del Senedd, obra del estudio de Richard Rogers, un edificio transparente y abierto, con mucha madera galesa y un techo ondulado, pensado como símbolo de un parlamento cercano a la gente. Con los años, la institución ganó competencias y en 2020 pasó a llamarse Senedd Cymru / Welsh Parliament, con capacidad legislativa propia en muchas materias.

Cardiff se consolidó así como una capital de verdad: sede del gobierno y el parlamento galeses, de los medios públicos (la BBC en Gales, S4C, el canal en lengua galesa), de instituciones culturales y del deporte nacional, con el rugby como gran pasión colectiva en el Principality Stadium. La ciudad también fue durante años un importante centro de producción televisiva, célebre por ser la base de series como Doctor Who.

En paralelo, Gales ha vivido un notable renacimiento de su lengua. El galés (Cymraeg), una de las lenguas celtas más habladas, había retrocedido durante generaciones, pero políticas de promoción, la educación bilingüe, los medios en galés y un objetivo declarado de alcanzar el millón de hablantes lo han revitalizado. En Cardiff, una ciudad tradicionalmente más anglófona, el idioma es cada vez más visible: colegios galeses, carteles bilingües en todas partes y un orgullo creciente por la identidad propia. De fuerte romano a puerto carbonero del mundo, de Tiger Bay a capital con parlamento, Cardiff resume en pocos kilómetros la historia entera de Gales.

📚 Bibliografía

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