La historia de Santurce comienza con otro nombre: 'Cangrejos'. Durante la época colonial española, la zona que hoy ocupa el barrio —al este de la isleta de San Juan— era un territorio de manglares, cangrejales y tierras bajas conocido como San Mateo de Cangrejos. Su rasgo más singular y definitorio fue su población: Cangrejos se consolidó como un asentamiento de personas negras libres, un caso notable en el Caribe colonial.
Esto tuvo que ver con la política de la Corona española en la región. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, personas esclavizadas que huían de otras colonias europeas del Caribe (especialmente de las islas vecinas no españolas) recibían la libertad en territorio español a cambio, entre otras cosas, de convertirse al catolicismo y prestar servicio en la defensa. Muchos de esos hombres y mujeres libres se establecieron en Cangrejos, que se convirtió así en una comunidad afrodescendiente con identidad propia.
Los habitantes de Cangrejos cumplieron un papel importante en la defensa de San Juan. El episodio más recordado es su participación en la resistencia frente al ataque británico de 1797, cuando una flota inglesa al mando de Ralph Abercromby sitió la ciudad: las milicias de Cangrejos, junto a otras fuerzas, contribuyeron a hostigar y repeler a los invasores. Esa herencia afrodescendiente y combativa es una de las raíces más profundas de la identidad de Santurce y de toda la zona del noreste de la isla, que se prolonga hacia Loíza, otro gran centro de la cultura afropuertorriqueña.
El cambio de nombre de Cangrejos a Santurce está ligado a una figura concreta del siglo XIX: Pablo Ubarri Capetillo, un empresario y noble de origen vasco que llegó a Puerto Rico y se convirtió en uno de los hombres más influyentes de la zona. Ubarri recibió de la Corona española el título de conde de Santurce, en referencia a su localidad de origen en el País Vasco (Santurtzi/Santurce, cerca de Bilbao).
Ubarri impulsó la modernización y el desarrollo de la antigua zona de Cangrejos. Su aporte más recordado fue la introducción, en la segunda mitad del siglo XIX, de un sistema de tranvía de vapor que conectaba la zona con la ciudad de San Juan, facilitando enormemente el transporte y abriendo el camino para la urbanización del barrio. En reconocimiento a su impulso —y por su título nobiliario—, la zona pasó a llamarse Santurce, nombre que se impuso sobre el viejo 'Cangrejos'.
Este tránsito de nombre marca también un cambio de época: de comunidad rural y afrodescendiente de la periferia colonial, Santurce empezó a integrarse al crecimiento de San Juan y a transformarse en un suburbio en expansión. La mejora de las comunicaciones con la capital sentó las bases para el espectacular desarrollo urbano que el barrio viviría en el siglo siguiente, cuando se convertiría en el corazón del San Juan moderno.
El siglo XX fue la gran época de esplendor de Santurce. A medida que San Juan crecía y se modernizaba —especialmente tras el cambio de soberanía de 1898, cuando Puerto Rico pasó de España a Estados Unidos—, Santurce se convirtió en el centro neurálgico del San Juan moderno: su corazón comercial, financiero, residencial y cultural.
Sus dos grandes arterias, la Avenida Ponce de León y la Avenida Fernández Juncos, se llenaron de comercios, bancos, oficinas, cines, teatros y edificios de estilos que iban del art déco al modernismo. Santurce concentró buena parte de la vida urbana de la capital: era donde se iba de compras, al cine, al teatro y a trabajar. El barrio creció enormemente en población y se convirtió en el más poblado de San Juan, con subbarrios y comunidades de identidad propia.
Esa edad de oro entró en declive en las últimas décadas del siglo XX. El crecimiento de los centros comerciales en las afueras, la expansión hacia los suburbios y el traslado de comercios y oficinas vaciaron muchas de las calles que antes bullían de actividad. Edificios históricos quedaron en desuso y el barrio atravesó un período de deterioro. Pero esa misma decadencia —con sus espacios disponibles y sus alquileres más bajos— terminaría por abrir la puerta a una nueva vida para Santurce, esta vez de la mano del arte y la cultura.
En las últimas décadas, Santurce vivió un notable renacimiento que lo convirtió en el distrito cultural y artístico de San Juan. Varios factores se conjugaron: la presencia de grandes instituciones culturales, la disponibilidad de espacios urbanos en el barrio y una nueva generación de artistas, cocineros y emprendedores que encontraron en Santurce el lugar ideal para crear.
Un pilar de ese renacimiento fueron los museos. El Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), inaugurado a comienzos del siglo XXI en el antiguo Hospital Municipal, y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), en una histórica escuela, consolidaron a Santurce como el polo museístico de la isla, sumándose al Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré, inaugurado en 1981 como el principal escenario de las artes escénicas del país.
Pero quizá la transformación más visible vino del arte urbano. A partir de la década de 2010, el festival 'Santurce es Ley' empezó a convocar a artistas locales e internacionales para intervenir las fachadas del barrio con murales monumentales, convirtiendo calles como la Cerra en un museo a cielo abierto. En paralelo, la calle Loíza floreció como corredor gastronómico y bohemio, y La Placita de Santurce —el viejo mercado— se reinventó como uno de los epicentros de la vida nocturna de la ciudad. Así, el barrio que había nacido como Cangrejos, había crecido como Santurce y había declinado a fines del siglo XX, resurgió en el siglo XXI como el corazón creativo, gastronómico y festivo de la capital puertorriqueña.