Rincón, en el extremo oeste de Puerto Rico, es mundialmente conocido como la capital del surf del Caribe. Fue fundado como municipio en 1771 por gestión de Luis de Añasco, y su nombre no viene de su forma sino de Don Gonzalo de Rincón, un antiguo mayordomo del siglo XVI que heredó estas tierras y permitió que familias se asentaran en ellas; el pueblo se llamó originalmente Santa Rosa de Rincón en su agradecimiento.
Era un tranquilo pueblo agrícola y pesquero hasta que su fama despegó en 1968, cuando fue sede del Campeonato Mundial de Surf Aficionado, y desde entonces vive un ambiente bohemio y cosmopolita único en la isla.
El Campeonato Mundial de Surf de 1968, celebrado en Rincón del 8 al 14 de noviembre y ganado por el hawaiano Fred Hemmings y la californiana Margo Godfrey, puso al pueblo en el mapa mundial del deporte y fue una de las primeras competencias en que se popularizó la tabla corta. Atrajo a surfistas de todo el planeta gracias a las excepcionales olas de invierno del canal de la Mona.
Entre finales de otoño e inicios de primavera, ese canal envía a Rincón un oleaje potente y constante, con rompientes célebres como Domes, María's o Sandy Beach, que cada año congregan a surfistas de Estados Unidos, Europa y América Latina y sostienen una comunidad internacional de deportistas y artistas.
Rincón mira al oeste, hacia el canal de la Mona, lo que le regala algunos de los atardeceres más espectaculares del Caribe, con el sol hundiéndose en el mar frente a la isla de Desecheo. Su faro histórico, el Faro de Punta Higüera, restaurado en 1993 y convertido en el Parque Pasivo El Faro, es un mirador privilegiado sobre esa costa, con un pequeño museo marítimo.
El entorno del faro, con sus jardines y sus vistas al océano, es uno de los lugares favoritos para contemplar la puesta de sol y avistar la vida marina que puebla estas aguas.
En invierno, entre diciembre y marzo, las aguas de Rincón se convierten en uno de los mejores lugares de la isla para el avistamiento de ballenas jorobadas, que migran desde las frías aguas del Atlántico norte por el canal de la Mona para reproducirse en el Caribe.
Desde el faro o en excursiones en lancha, es posible ver a estos grandes cetáceos saltar y jugar en la superficie, a menudo con la isla de Desecheo —hoy refugio de vida silvestre— al fondo. Este espectáculo añade un atractivo natural extraordinario a la temporada de olas y atardeceres del pueblo.
Sus numerosas playas de surf, sus pozas, su ambiente relajado y artístico y su comunidad cosmopolita —con muchos residentes llegados de Estados Unidos y del extranjero— hacen de Rincón un destino con una personalidad propia e inconfundible dentro de Puerto Rico, muy distinto del turismo del área metropolitana. Sus barras junto al mar, su feria de artesanos y su vida bohemia le han dado fama de refugio de surfistas y viajeros.
Rincón guarda además la memoria de la efímera central nuclear BONUS —el único reactor de la isla, cuya cúpula todavía domina la costa, que logró su primera reacción en abril de 1964 y cesó operaciones en 1968 por problemas técnicos—, hoy convertida en el Museo Tecnológico Modesto Iriarte, una curiosidad histórica en un pueblo más conocido por sus olas, sus atardeceres y sus ballenas que por la energía atómica.