Manatí, en la costa norte a mitad de camino entre San Juan y Arecibo, es conocida cariñosamente como 'la Atenas de Puerto Rico' por el auge cultural, artístico y literario que alcanzó a comienzos del siglo XX. Fue fundada en 1738 —la novena población oficializada por la corona española en la isla—, y su nombre podría derivar del manatí, el mamífero acuático que habitaba sus costas y ríos, o de un cacique local.
Ciudad de cierta prosperidad histórica, cultivó una vida cultural que le valió ese apodo, y en 1998 volvió a hacer historia al lanzar 'Atenas Internet', el primer proveedor de servicio cibernético administrado por un municipio de Puerto Rico. Conserva un casco urbano con su plaza, su iglesia y su ambiente de villa del norte.
La economía de Manatí estuvo históricamente ligada a la caña de azúcar y, de forma muy destacada, al cultivo de la piña, que le dio fama en toda la isla como uno de los grandes centros piñeros del norte. Ya entre 1860 y 1870, Isidoro Colón estableció la azucarera Candelaria, entre Manatí y Barceloneta, y sus tierras del llano costero fueron durante mucho tiempo un gran centro agrícola.
En las últimas décadas, Manatí se ha convertido en uno de los grandes polos de la industria farmacéutica y de dispositivos médicos de Puerto Rico, con numerosas plantas de multinacionales del sector instaladas en su término, en un ejemplo claro de la reconversión industrial de la isla del campo a la manufactura de alta tecnología.
El litoral de Manatí forma parte del Karso del Norte, una región de espectaculares formaciones de piedra caliza modeladas por el agua. Su playa más famosa es Mar Chiquita, una piscina natural en forma de herradura, protegida por una barrera de roca que rompe el fuerte oleaje del Atlántico y crea en su interior aguas calmas y cristalinas, en medio de una costa brava y rocosa.
Es uno de los rincones más fotografiados del norte de la isla y un ejemplo perfecto de cómo el karso costero da lugar a paisajes únicos, con acantilados, cuevas y piscinas naturales talladas por el mar a lo largo de milenios.
La Reserva Natural Hacienda La Esperanza, una antigua y monumental hacienda azucarera del siglo XIX que llegó a ser una de las más productivas de la isla, es uno de los grandes tesoros históricos y naturales de Manatí. Conserva la casona, restos de maquinaria de vapor —incluida una rara máquina de la firma West Point Foundry, única en su tipo en el Caribe— y amplios humedales y manglares hoy protegidos.
Gestionada por la organización Para la Naturaleza, la reserva combina la memoria de la época del azúcar y de la esclavitud con un valioso ecosistema costero, y permite comprender de cerca cómo era una gran plantación en el Puerto Rico del siglo XIX.
Además de Mar Chiquita, la costa de Manatí ofrece playas de fuerte oleaje muy apreciadas por surfistas, acantilados, cuevas y áreas naturales como la Laguna Tortuguero —el único cuerpo de agua natural dulce importante de la isla— que hacen del municipio un destino de naturaleza en el norte. Su combinación de karso, humedales y mar da lugar a una gran diversidad de paisajes en poco espacio.
Tradición literaria, piña, azúcar, karso y costa brava definen así la identidad de Manatí, un municipio que enlaza la historia agrícola del norte con el Puerto Rico industrial y natural de hoy.