Guánica, en la costa suroeste, ocupa un lugar central en la historia de Puerto Rico: fue por su bahía por donde desembarcaron las tropas de Estados Unidos el 25 de julio de 1898, unos 3.300 hombres al mando del general Nelson A. Miles y con el apoyo del buque USS Gloucester, dando inicio a la invasión de la isla durante la guerra hispano-estadounidense.
Aunque el desembarco se había planeado originalmente para Fajardo, Miles lo desvió a Guánica por su cercanía a Ponce y por las mejores condiciones de su bahía y sus caminos. Un obelisco en el pueblo recuerda hoy aquel desembarco que marcó el paso de la soberanía española a la estadounidense. La tradición sostiene, además, que por esta misma zona desembarcó Juan Ponce de León en 1508.
Aunque poblada desde antiguo, Guánica se constituyó como municipio separado de forma tardía: en 1912, delegados de Guánica y Yauco firmaron el llamado 'Acuerdo de Santa Rita', que derivó en la Carta Autonómica de Guánica, y el 12 de marzo de 1914 la Asamblea Legislativa de Puerto Rico aprobó la ley que la estableció como municipio independiente.
La zona guarda también memoria de la época independentista del siglo XIX: el prócer Ramón Emeterio Betances, principal impulsor del Grito de Lares, usó haciendas cercanas como refugio cuando era perseguido por las autoridades españolas y escapó al exilio por estas costas. Un mismo lugar reúne así la fuga del gran patriota y, décadas después, la llegada de las tropas que cambiarían la soberanía de la isla.
El municipio alberga el Bosque Estatal de Guánica, la mayor y mejor conservada reserva de bosque seco subtropical del mundo y la más importante del Caribe. Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1981, protege un ecosistema árido único, con cactus, árboles retorcidos, guayacanes centenarios y cerca de 48 especies en peligro de extinción.
Entre su fauna figura el guabairo, un ave nocturna amenazada que casi solo vive allí, además de numerosas especies de aves, reptiles y lagartos endémicos. El bosque seco de Guánica está considerado uno de los mejores conservados y menos alterados de su tipo en el planeta.
Los senderos del bosque seco llevan a acantilados, cuevas, faros y calas de agua cristalina, en un contraste sorprendente con la exuberante selva lluviosa del norte de la isla. El faro de Guánica, construido en 1892, corona la costa y sirvió incluso de hospital durante la invasión de 1898.
Playas como la de Ballena o Tamarindo, y cayos frente a la costa como Gilligan's Island (Cayo Aurora), completan un litoral de gran belleza, donde el paisaje árido del bosque se encuentra con el mar Caribe en uno de los rincones más singulares de Puerto Rico.
Guánica tuvo también un pasado azucarero, ligado a la Central Guánica en el vecino poblado de Ensenada, uno de los mayores complejos del sur, hoy en ruinas. La zona fue, además, uno de los epicentros de la secuencia de terremotos que sacudió el suroeste de la isla a comienzos de 2020: los sismos del 6 de enero (magnitud 5,8) y del 7 de enero (magnitud 6,4) causaron daños graves, derrumbes y desplazamientos de familias que pasaron meses en refugios.
Desembarco histórico, memoria de Betances, bosque seco único, faro, playas y azúcar hacen de Guánica un municipio pequeño pero cargado de historia y de naturaleza, símbolo del suroeste seco y luminoso de Puerto Rico.