Cabo Rojo, en el extremo suroeste de Puerto Rico, debe su nombre al color rojizo de los acantilados de piedra caliza y de las salinas del cabo, que se tiñen por los microorganismos del agua. Tras un primer intento fallido en 1759 por desavenencias con San Germán —del que formaba parte—, el pueblo obtuvo permiso oficial el 17 de diciembre de 1771, con Nicolás Ramírez de Arellano como primer alcalde y 128 familias fundadoras.
De Cabo Rojo era Ramón Emeterio Betances (1827-1898), médico, abolicionista, prócer independentista y principal artífice del Grito de Lares, considerado 'el padre de la patria puertorriqueña'. También nació en su suelo el legendario pirata Roberto Cofresí (1791-1825), lo que da al municipio un peso histórico y legendario singular.
Las Salinas de Cabo Rojo, explotadas desde tiempos coloniales para obtener sal —con evidencia de ocupación humana en la zona que se remonta a siglos antes de la era cristiana—, forman hoy parte de un refugio de vida silvestre clave para las aves migratorias que cruzan el Caribe. Sus lagunas y planicies de sal, teñidas de rosa y rojo, atraen a miles de aves playeras y a numerosos observadores.
El Centro Interpretativo de las Salinas permite conocer la historia de la extracción de sal y la importancia ecológica de este humedal, uno de los más valiosos para las aves en toda la región, gestionado en parte por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.
En el extremo del cabo, sobre espectaculares acantilados blancos que caen a plomo sobre el mar Caribe, se alza el Faro Los Morrillos (Faro de Cabo Rojo), construido bajo dominio español en 1882 y uno de los faros históricos más bellos y fotografiados del país.
Su entorno, de belleza casi lunar, con acantilados, calas y vistas al mar abierto, es uno de los paisajes más impresionantes de Puerto Rico y el punto culminante de cualquier visita a la zona del cabo, dentro de una reserva natural que protege este tramo de costa.
Cabo Rojo es también sinónimo de playas. La playa El Combate —cuyo nombre recuerda un antiguo pleito entre vecinos por las salinas, 'a mata con hacha'—, larga y de aguas cálidas y poco profundas, es una de las más animadas del suroeste, con quioscos y ambiente festivo. Y La Playuela, también llamada Playa Sucia, es una cala virgen de arena dorada y agua turquesa a los pies del faro, repetidamente considerada una de las más hermosas de Puerto Rico.
Su clima seco y soleado, en una de las zonas más áridas de la isla, hace de Cabo Rojo un destino de sol, naturaleza y atardeceres durante todo el año.
El poblado costero de Puerto Real —uno de los puertos pesqueros más antiguos de la isla— y otros rincones marineros del municipio, como Boquerón con su balneario, mantienen viva la tradición pesquera de Cabo Rojo, con su flota, sus restaurantes de mariscos y su vínculo con el mar. El municipio es una de las joyas de la región turística de Porta del Sol.
Historia independentista, leyenda pirata, salinas rojas, faro sobre los acantilados, playas de ensueño y pueblos de pescadores hacen de Cabo Rojo uno de los destinos más completos y bellos del suroeste puertorriqueño.