Adjuntas, en la Cordillera Central, es un municipio de montaña de clima fresco, apodado 'el Pueblo del Gigante Dormido' por la silueta de una de sus cordilleras, que vista desde el pueblo recuerda el perfil de un gigante recostado. Fundado como pueblo el 11 de agosto de 1815 —fecha en que se bendijo su iglesia, dedicada a San Joaquín—, tuvo a Diego Maldonado como su primer representante, y se sitúa en una de las zonas más elevadas y frescas de la isla, lo que le ha valido también el sobrenombre de 'la Suiza de Puerto Rico'.
Rodeado de bosques, lagos y ríos, y con temperaturas notablemente más suaves que las de la costa, Adjuntas conserva el ambiente sereno de los pueblos cafetaleros del interior puertorriqueño.
La economía de Adjuntas giró históricamente en torno al café, cultivado en las laderas frescas y húmedas de la sierra, que dieron a la zona fama por la calidad de su grano durante el auge cafetalero del siglo XIX: el café de Adjuntas llegó a exportarse a Europa, Estados Unidos e incluso al Vaticano. Junto al café, se procesaba la cidra —un cítrico tradicional— que familias como los Saliceti, los Mattei y los holandeses DeJong enviaban a mercados de Holanda, Francia y el Reino Unido.
Aún hoy, el café de Adjuntas es reconocido en la isla, y su producción, ligada al turismo rural y a proyectos comunitarios, sigue siendo parte esencial de la identidad de este pueblo de montaña.
Adjuntas es conocida en toda la isla por Casa Pueblo, una organización comunitaria fundada hacia 1980 —al principio como taller de arte y cultura— y encabezada por el ingeniero Alexis Massol-González, ganador en 2002 del Premio Ambiental Goldman. Casa Pueblo nació para frenar un plan gubernamental de minería a cielo abierto de oro, plata y cobre en 17 yacimientos de la cordillera.
Tras quince años de campaña comunitaria, la lucha logró que el gobierno rechazara la explotación minera —decisión sellada en 1995—, salvando unas 36.000 acres de terrenos, cuerpos de agua y comunidades. Con los años, Casa Pueblo se convirtió en referente del movimiento ambiental puertorriqueño y en modelo mundial de autogestión.
Los bosques estatales de los alrededores de Adjuntas —como el Bosque del Pueblo, gestionado con participación comunitaria, y el Bosque de Guilarte, con el Monte Guilarte— ofrecen lagos, senderos, cafetales y una rica biodiversidad de montaña que hacen del municipio un destino de ecoturismo y de turismo rural.
Esa combinación de naturaleza protegida, café y organización comunitaria convierte a Adjuntas en un ejemplo destacado de la relación entre las comunidades de la montaña y la defensa de su entorno, un modelo admirado dentro y fuera de la isla.
El paso del huracán María en 2017, que dejó a Puerto Rico durante meses sin electricidad, situó a Adjuntas en el mapa mundial por la respuesta de Casa Pueblo, que mantuvo su sede y buena parte del pueblo funcionando gracias a la energía solar y ofreció refugio, comunicación y servicios a la comunidad.
Esa experiencia impulsó proyectos de microrredes solares y de autosuficiencia energética que han hecho de Adjuntas un laboratorio de resiliencia, con un centro del pueblo alimentado por el sol, y un ejemplo citado internacionalmente de cómo una comunidad de montaña puede tomar en sus manos su propio futuro energético y ambiental.