A orillas del río Ucayali, en la selva central-oriental del Perú, Pucallpa creció como uno de los grandes puertos fluviales de la Amazonía. Su nombre, de origen quechua-amazónico, suele asociarse a la idea de 'tierra colorada', por el color de sus suelos. Durante buena parte del siglo XX, la ciudad se transformó en un centro comercial y maderero clave de la región Ucayali, impulsada por la explotación de los recursos del bosque y por su papel como nudo de transporte entre la selva y el resto del país.
Lo que distingue a Pucallpa de otras grandes ciudades amazónicas, como Iquitos, es su conexión por carretera con la sierra y la costa. La apertura de la vía que la une con Tingo María, Huánuco y, en última instancia, Lima, marcó su destino: convirtió a Pucallpa en una ciudad de paso obligado, dinámica y bulliciosa, donde se cruzan el comercio fluvial y el terrestre.
Ese carácter de cruce de caminos le da a Pucallpa una identidad propia: es una Amazonía urbana, mestiza y vital, muy distinta de la imagen del lodge aislado en medio de la selva. Y en su entorno guarda dos grandes tesoros: la laguna Yarinacocha y la cultura del pueblo shipibo-conibo.
Antes de existir como ciudad, la zona donde hoy está Pucallpa ya tenía actividad económica: en diciembre de 1867 el prefecto de Loreto, Benito Arana, registró que un tal José Gordon acopiaba leña en el lugar, y un censo de 1862 contó apenas 65 habitantes dispersos en la región. La verdadera transformación llegó con el boom del caucho de fines del siglo XIX, cuando colonos y comerciantes -entre ellos Águila Tello, Cauper Videira y Maya de Brito- se asentaron en la zona atraídos por la demanda internacional de jebe.
La fecha de fundación de Pucallpa como poblado se sitúa hacia 1883 o 1888 según las fuentes, en pleno auge cauchero. En 1897, una expedición al Ucayali contabilizó unos 200 habitantes ya asentados en torno a lo que sería la ciudad. El caucho, y después la madera, fueron los motores económicos que transformaron un pequeño asentamiento ribereño en un centro urbano en expansión: para 1933, el área urbana de Pucallpa ya cubría varias cuadras junto al río.
Este origen cauchero marcó a Pucallpa con una identidad de ciudad de frontera y de extracción de recursos, muy ligada al río Ucayali como vía de comercio, un patrón que se repetiría décadas después con la explotación maderera y, más recientemente, con la agricultura y el turismo.
La región de Pucallpa y Yarinacocha es el corazón del territorio del pueblo shipibo-conibo, una de las culturas amazónicas más numerosas, vivas y reconocidas del Perú. Asentados desde tiempos ancestrales a lo largo del río Ucayali y sus cochas, mucho antes de la llegada de los colonos caucheros, los shipibo-conibo han mantenido una identidad cultural fuerte, con su lengua, su organización social y, sobre todo, una expresión artística que los hizo famosos en el mundo entero: el kené.
El kené es un sistema de diseño geométrico que decora textiles, cerámicas y pinturas corporales. Lejos de ser un simple adorno, cada patrón es una suerte de mapa espiritual: representa ríos, plantas, caminos y visiones ligadas a la cosmovisión del pueblo y a sus prácticas chamánicas, asociadas a plantas sagradas como la ayahuasca. Las mujeres shipibo-conibo son las grandes guardianas y creadoras de este arte, que transmiten de generación en generación.
En las comunidades de la laguna Yarinacocha, como San Francisco -la más grande- y Santa Clara, el arte kené es también una forma de vida y de sustento. El turismo vivencial permite a los visitantes conocer sus danzas, su gastronomía y sus técnicas artesanales, y comprar piezas directamente a sus creadoras. Apoyar este arte de manera respetuosa es contribuir a que una de las grandes culturas de la Amazonía siga viva y orgullosa de su identidad.
El gran salto de Pucallpa en el siglo XX llegó con la construcción de la carretera Federico Basadre, la vía que la conecta con Aguaytía, Tingo María, Huánuco y, finalmente, Lima. Antes de esta obra, la ciudad dependía casi exclusivamente del transporte fluvial y aéreo; con la carretera terminada, Pucallpa se convirtió en la única gran ciudad amazónica del Perú con acceso directo por tierra desde la capital, lo que aceleró su crecimiento comercial, maderero y demográfico durante las décadas siguientes.
Esa conexión terrestre transformó a Pucallpa en la puerta de entrada más accesible a la selva central y en un polo de atracción para migrantes de la sierra y otras regiones, que encontraron en el comercio, la madera y la agricultura nuevas oportunidades. Hoy es la ciudad más poblada de la región Ucayali y la segunda de la Amazonía peruana, después de Iquitos, con una economía basada en el comercio, la industria maderera, la agricultura, la pesca y, cada vez más, el turismo.
En ese contexto, la laguna Yarinacocha y las comunidades shipibo-conibo se consolidaron como el gran atractivo turístico de la zona: un contrapunto natural y cultural a la vida urbana y comercial de una ciudad que nunca dejó de crecer desde sus tiempos de asentamiento cauchero junto al río.