El 19 de enero de 1811, al pie de estos cerros, un ejército mandado por el general Manuel Belgrano cruzó desde Buenos Aires para 'liberar' al Paraguay y sumarlo a la Revolución de Mayo. No salió como esperaba. En los campos de Paraguarí, las milicias paraguayas primero se vieron sorprendidas y luego, en un vuelco extraordinario, hicieron retroceder a la expedición porteña. De aquel choque —y del que lo siguió en Tacuarí— nació algo que nadie había planeado: la certeza de que el Paraguay podía valerse por sí mismo. Cuatro meses después, el país era independiente. Esta es la historia de la ciudad donde empezó a torcerse ese destino, una ciudad cuyo nombre está tejido en la misma raíz que el del propio Paraguay.
El nombre de Paraguarí comparte raíz con el del propio país y con el del gran río que lo recorre, el Paraguay, todos de origen guaraní. La interpretación del topónimo 'Paraguay' ha sido objeto de muchas hipótesis a lo largo del tiempo, vinculándolo a elementos como 'para' (agua grande, mar, río caudaloso), 'gua' (de, perteneciente a) y 'y' (agua), entre otras combinaciones, con sentidos como 'agua de los pará', 'río de los habitantes del mar' o 'río que da origen al mar'. La forma 'Paraguarí' añade a esa raíz una terminación que suele leerse como un diminutivo o una variante local.
De ese modo, Paraguarí puede entenderse como un topónimo emparentado con la familia de nombres que nacen de la raíz 'paraguay', adaptada a esta localidad concreta de la región central. La presencia del agua, los arroyos y la geografía de la zona encaja con esa familia de significados ligados al agua y a los cursos fluviales.
Como en tantos nombres guaraníes, las distintas fuentes ofrecen matices y no hay una única traducción definitiva. Lo seguro es el origen guaraní del nombre y su parentesco con la raíz que da nombre al país y al río Paraguay, lo que convierte a Paraguarí en un topónimo profundamente arraigado en la lengua y la geografía nacionales.
La región de Paraguarí estuvo habitada por comunidades guaraníes mucho antes de la llegada de los españoles. Tras la fundación de Asunción en 1537 y la organización del Paraguay colonial, la zona quedó integrada al sistema de poblamiento que se fue extendiendo desde la capital hacia el sur y el este, en una geografía marcada por la presencia de cerros, arroyos y campos.
La ubicación de Paraguarí, al pie de una notable formación de cerros y sobre los caminos que conducían hacia el sur del país, le dio desde temprano un valor estratégico como punto de paso y de control del territorio. Con el correr del tiempo, el poblado fue creciendo y consolidándose, en una región que combinaba la actividad agrícola y ganadera con su papel de cruce de caminos.
Esa condición de paso obligado y de zona estratégica al sur de Asunción explica en buena medida por qué Paraguarí fue escenario, ya en los albores de la independencia, de uno de los episodios militares más importantes de la historia paraguaya. El relieve de cerros que hoy es su sello turístico fue, en aquel entonces, también un factor del terreno en el que se desarrollaron los combates de 1811.
El hecho que marcó para siempre el lugar de Paraguarí en la historia nacional fue la batalla de Paraguarí, librada el 19 de enero de 1811. En el marco de la Revolución de Mayo, el gobierno revolucionario de Buenos Aires (la Primera Junta) decidió enviar una expedición militar al Paraguay para incorporarlo a la causa juntista, al mando del entonces general Manuel Belgrano. La expedición cruzó el Paraná y avanzó sobre territorio paraguayo.
En los campos de Paraguarí, las fuerzas paraguayas —numéricamente superiores y conocedoras del terreno— enfrentaron a las tropas de Belgrano. Tras un combate confuso, en el que los paraguayos llegaron a verse en aprietos pero finalmente impusieron su superioridad, la expedición porteña se vio obligada a retroceder. Pocos días después, el 9 de marzo de 1811, se produjo el combate de Tacuarí, que selló la retirada definitiva de Belgrano del Paraguay.
Estos enfrentamientos tuvieron consecuencias que iban mucho más allá de lo militar. La expedición de Belgrano buscaba sumar al Paraguay a la revolución, pero su derrota tuvo un efecto inesperado: despertó en los paraguayos —y especialmente en sus oficiales criollos— la conciencia de su propia fuerza y de que podían decidir su destino sin depender ni de Buenos Aires ni de España. Ese clima fue caldo de cultivo de la independencia paraguaya, que se concretaría apenas unos meses después.
Las batallas de Paraguarí y Tacuarí de comienzos de 1811 tuvieron un efecto político decisivo. Aunque las fuerzas paraguayas que enfrentaron a Belgrano lo hicieron en nombre del gobernador realista, la experiencia de haber derrotado por sus propios medios a la expedición porteña cambió la mentalidad de muchos oficiales criollos. Empezó a abrirse paso la idea de que el Paraguay podía y debía decidir su propio destino, sin someterse ni a la metrópoli española ni a la pretensión de Buenos Aires de dirigir el proceso revolucionario.
Ese clima cuajó pocos meses después. En la noche del 14 al 15 de mayo de 1811, en Asunción, un grupo de patriotas encabezó el movimiento que dio inicio a la independencia del Paraguay, deponiendo a las autoridades coloniales y abriendo el camino hacia la formación de un gobierno propio. Entre las figuras que emergieron en aquel proceso estaba José Gaspar Rodríguez de Francia, que terminaría gobernando el país como dictador supremo.
Por eso Paraguarí es recordada como uno de los escenarios donde se gestó la independencia: no por haber sido el lugar de la proclamación —que ocurrió en Asunción—, sino por haber sido el campo donde los paraguayos descubrieron su capacidad de defenderse y decidir por sí mismos. Esa memoria histórica forma parte de la identidad de la ciudad y de su valor patrimonial, más allá de su atractivo natural.
Con el correr del tiempo, Paraguarí se consolidó como capital del departamento homónimo, en la región central-sur del Paraguay, y como centro de una zona de fuerte personalidad geográfica: la región de los cerros. Su entorno de formaciones rocosas y verdes —que le valió el apodo de 'Ciudad de las Tres Coronas'— la distingue del resto de la llanura paraguaya y la convierte en un punto de referencia paisajístico del centro del país.
La ciudad combina hoy su papel administrativo y de servicios con un creciente atractivo turístico, basado tanto en su patrimonio histórico —ligado a la batalla de 1811 y al proceso de independencia— como en su naturaleza y en su condición de puerta de entrada a la región serrana y al Parque Nacional Ybycuí, una de las áreas protegidas más visitadas del Paraguay, con sus cascadas y la histórica fundición La Rosada.
Ubicada sobre la Ruta PY01, a poco más de una hora de Asunción, Paraguarí funciona como nodo de los circuitos del centro-sur paraguayo, enlazando pueblos tradicionales, cerros, naturaleza e historia. Su valor reside en esa combinación: una ciudad de raíces coloniales y memoria patriótica, enmarcada por un paisaje de cerros y rodeada de destinos naturales y culturales que la hacen una base ideal para explorar la región.