El Chaco Boreal, esa inmensa llanura semidesértica que ocupa buena parte del oeste paraguayo, fue durante mucho tiempo una tierra de nadie: poco poblada, hostil y de fronteras imprecisas. A comienzos del siglo XX, Paraguay y Bolivia se disputaban su soberanía. Bolivia, que había perdido su salida al Pacífico en la Guerra del Pacífico (1879-1884), ambicionaba el Chaco como vía hacia el río Paraguay y el Atlántico, y se sospechaba además la existencia de petróleo en la región, lo que atrajo el interés de compañías petroleras extranjeras. La tensión escaló hasta desembocar en la Guerra del Chaco (1932-1935).
Fue uno de los conflictos más sangrientos de Sudamérica en el siglo XX, con un saldo estimado de más de 100.000 muertos entre ambos bandos. Se libró en condiciones durísimas, en un territorio donde la sed mataba tanto como las balas: el agua era el bien más preciado, y el control de los pozos y aguadas resultaba decisivo. Los ejércitos avanzaban y retrocedían a través del monte espinoso, construyendo y disputando fortines a lo largo de cientos de kilómetros, muchos de los cuales aún hoy pueden visitarse en el Chaco Central y Boreal.
La figura central del lado paraguayo fue José Félix Estigarribia, comandante en jefe que condujo las operaciones y a quien se atribuye buena parte del éxito militar paraguayo. La guerra terminó en 1935 con una situación favorable a Paraguay en el terreno, consolidada luego por el tratado de paz de 1938, que adjudicó al país la mayor parte del Chaco Boreal. Por su papel, Estigarribia fue ascendido a mariscal, el más alto grado militar del país.
El 21 de julio de 1938 se firmó en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre Paraguay y Bolivia, conocido popularmente como la Paz del Chaco. Lo suscribieron, por Paraguay, Cecilio Báez y José Félix Estigarribia, y por Bolivia, Eduardo Díez de Medina y Enrique Finot, bajo la mediación de varios países americanos reunidos en la llamada Conferencia de Paz del Chaco.
El tratado adjudicó a Paraguay cerca del 75% del territorio en disputa (unos 247.328 km² de los 324.000 km² del Chaco Boreal), mientras que Bolivia conservó aproximadamente 76.672 km², incluyendo un corredor hacia el río Paraguay que le garantizaba una salida fluvial, uno de sus reclamos históricos centrales. La demarcación definitiva y completa de los límites, sin embargo, no se cerró formalmente hasta el 27 de abril de 2009, más de setenta años después, cuando ambos países firmaron el acta final de límites en el marco de aquel tratado de 1938.
La paz consolidó la soberanía paraguaya sobre la región y abrió la etapa de colonización, poblamiento y desarrollo del Chaco que definiría el siglo siguiente: la fundación de nuevas localidades, el avance de las colonias menonitas y la instalación de guarniciones militares en puntos estratégicos como Mariscal Estigarribia.
La localidad de Mariscal Estigarribia nació y se consolidó en estrecha relación con la presencia militar y estatal en el Chaco, tras la Guerra del Chaco. Su nombre honra al mariscal José Félix Estigarribia, el militar que comandó las fuerzas paraguayas en la contienda y que más tarde, en 1939, llegó a la presidencia de la República, cargo que ejerció hasta su muerte en un accidente aéreo en 1940. Bautizar el pueblo con su nombre refleja el peso simbólico que tiene la guerra y su figura en la memoria del Chaco.
Ubicado estratégicamente sobre la ruta que atraviesa el Chaco hacia Bolivia, el pueblo se desarrolló como punto de avanzada de la colonización, la defensa y la administración del vasto territorio chaqueño. La presencia de las fuerzas armadas ha sido un rasgo permanente, dada su posición fronteriza y su importancia logística y estratégica. Con el tiempo, alrededor de ese núcleo se fue formando una población civil dedicada al comercio, los servicios y la ganadería.
Mariscal Estigarribia se convirtió así en la referencia urbana del Chaco profundo: el lugar donde, antes de internarse en la inmensidad semidesértica o de cruzar a Bolivia, los viajeros y la propia presencia estatal encuentran su última base sólida. Su historia condensa la del Chaco moderno: la guerra, la colonización y el esfuerzo por integrar al país una región remota y extrema.
Entre 1977 y 1986, ingenieros militares paraguayos construyeron en Mariscal Estigarribia un aeródromo con una de las pistas más largas del país, de más de 3.600 metros, pensado originalmente para impulsar una zona franca y el desarrollo económico del Chaco Norte. Hoy lleva el nombre de Aeropuerto Internacional Dr. Luis María Argaña, en homenaje al vicepresidente paraguayo asesinado en 1999.
A partir de junio de 2005 comenzó a circular, primero en medios de la región y luego internacionales, la versión de que Estados Unidos estaba instalando una base militar en el lugar, en el marco de acuerdos de cooperación militar entre ambos países firmados ese mismo año. La noticia generó preocupación en varios gobiernos sudamericanos por la cercanía del sitio a la frontera boliviana, a reservas de gas natural y al acuífero Guaraní. Tanto el gobierno de Paraguay como el de Estados Unidos desmintieron oficialmente la existencia de una base permanente; el vocero de las Fuerzas Armadas paraguayas, coronel Elio Antonio Flores, remarcó en 2005 que la pista había sido construida íntegramente por ingenieros paraguayos y no por personal estadounidense.
Más de una década y media después, el rumor de la 'base de Mariscal Estigarribia' sigue repitiéndose en análisis geopolíticos y notas de prensa, aunque nunca fue confirmado. Lo cierto y verificable es que el aeródromo sigue siendo una instalación militar paraguaya, de uso ocasional, y que su existencia —real o mitificada— forma parte hoy de la identidad y la curiosidad que rodea a este pueblo de frontera.
Tras la guerra, el Chaco paraguayo siguió siendo una región de poblamiento lento y diverso. A las comunidades indígenas originarias —pueblos chaqueños como nivaclé, ayoreo, guaraní ñandeva y otros— y a la presencia militar se sumaron los colonos menonitas, que desde la década de 1920 habían comenzado a fundar sus colonias en el Chaco Central (Filadelfia, Loma Plata, Neuland), y población criolla llegada de la región Oriental. Este mosaico humano define la identidad cultural de la zona.
La apertura y mejora de la Ruta Transchaco, que une Asunción con la frontera boliviana atravesando todo el Chaco, fue clave para integrar la región al resto del país y reforzó el papel de Mariscal Estigarribia como nudo de tránsito. Hoy, por esa ruta circulan el comercio internacional con Bolivia, los viajeros de aventura y la producción ganadera de la zona, que se ha convertido en uno de los motores económicos del Chaco Central y Boreal.
En el presente, Mariscal Estigarribia mantiene su carácter de localidad de frontera, militar y de tránsito, puerta del Chaco profundo y de los grandes espacios protegidos del país, como el Parque Nacional Defensores del Chaco y los Médanos del Chaco. Su historia —de guerra, colonización y vida en condiciones extremas— sigue marcando el pulso de uno de los rincones más remotos y singulares del Paraguay.