El departamento de Presidente Hayes se extiende en el bajo Chaco, al oeste del río Paraguay, frente a Asunción, y llega hasta el río Pilcomayo, que lo separa de la provincia argentina de Formosa. Con unos 72.900 km² es el tercer departamento más extenso del país, aunque su población —unos 123.300 habitantes en 2022— es muy escasa, apenas 1,7 habitantes por km², dispersa en enormes estancias y colonias.
Su nombre encierra un capítulo decisivo de la historia paraguaya. Tras la Guerra de la Triple Alianza, la Argentina reclamaba el Chaco Central hasta el río Verde. En 1878, el presidente de los Estados Unidos Rutherford B. Hayes, actuando como árbitro, falló a favor del Paraguay y le adjudicó ese territorio al norte del Pilcomayo. En agradecimiento, el Paraguay bautizó con su nombre a la villa de su capital —Villa Hayes— y, más tarde, a todo el departamento: el único del mundo que lleva el nombre de un presidente estadounidense.
La capital del departamento es Villa Hayes, a orillas del río Paraguay, frente a Asunción, con la que la comunica el puente Remanso. Es la ciudad más poblada de la región y su principal centro industrial, sede de la acería estatal ACEPAR y de un puerto activo sobre el río. Otras localidades importantes son Benjamín Aceval, Nanawa —pegada a la capital, frente a Asunción— y Pozo Colorado, cruce clave en el centro del Chaco.
El paisaje es el del Chaco húmedo o bajo Chaco: llanuras casi planas de palmares, esteros, riachos y campos naturales que se anegan en la estación de lluvias. Es un territorio de horizontes inmensos, sabanas de palma karanda'y y estancias ganaderas, muy distinto del Chaco seco del oeste. La Ruta Transchaco (PY09) lo atraviesa de sureste a noroeste, como gran eje de comunicación hacia el corazón del Chaco y la frontera boliviana.
Presidente Hayes es, ante todo, tierra de ganado: encabeza la producción ganadera nacional y sus enormes estancias sostienen la cría de bovinos y equinos que abastece buena parte de la exportación de carne del país. A ello se suman cultivos como el sorgo, el algodón y la caña de azúcar, y una industria que combina la siderurgia de ACEPAR, ingenios azucareros, aserraderos y plantas de combustibles.
En el departamento se asentaron también colonias menonitas y de otros orígenes que, con sus cooperativas, aportaron a la producción agropecuaria e industrial del bajo Chaco. Esa mezcla de estancias tradicionales, colonias inmigrantes e industria hace de Presidente Hayes una de las regiones económicamente más dinámicas de la mitad occidental del país.
El bajo Chaco es hogar de una notable diversidad de pueblos indígenas que habitan la región desde mucho antes de la colonización. En Presidente Hayes viven comunidades qom (toba), maká, sanapaná, angaité, enlhet y nivaclé, entre otras, herederas de las culturas cazadoras-recolectoras que resistieron durante siglos la penetración europea en el Chaco.
Estos pueblos conservan sus lenguas, artesanías y tradiciones, aunque enfrentan grandes desafíos por la presión sobre sus tierras y sus condiciones de vida. Su presencia recuerda que el Chaco fue, durante casi toda la historia del Paraguay, un vasto territorio indígena apenas rozado por el Estado, y que sólo la Guerra del Chaco (1932-1935) —cuyos primeros combates y líneas de abastecimiento pasaron por esta región— aceleró su incorporación efectiva al país.
Durante casi toda la historia paraguaya, el bajo Chaco de Presidente Hayes fue una tierra de silencio: sin caminos firmes, sin apenas población y con el río como única vía segura, permaneció al margen del país durante siglos. Sólo la construcción de la Ruta Transchaco a mediados del siglo XX, la expansión de la ganadería y la llegada de colonias comenzaron a integrarlo de manera efectiva al resto del Paraguay.
En las últimas décadas, la mejora de las rutas, la construcción de puentes sobre el río Paraguay y el auge de la producción de carne transformaron al departamento en una de las regiones de mayor crecimiento del país. Ese desarrollo convive, sin embargo, con enormes desafíos: la pobreza y la vulnerabilidad de las comunidades indígenas, la presión sobre los ecosistemas del Chaco y las dificultades de un territorio inmenso y todavía poco poblado. Presidente Hayes es, así, la cara oriental y húmeda de la gran frontera chaqueña paraguaya.