El departamento Central rodea a Asunción y, pese a ser el de menor superficie del país, es con enorme diferencia el más poblado. Sus ciudades —Luque, San Lorenzo, Capiatá, Itauguá, Areguá, Fernando de la Mora, Lambaré, Ñemby— forman junto a la capital el Gran Asunción, la mayor conurbación del Paraguay, donde vive una porción muy grande de la población nacional.
La región fue tempranamente colonizada desde Asunción, y muchas de sus poblaciones tienen raíces coloniales, ligadas a los primeros pueblos de indios y a las encomiendas guaraníes. Ese origen antiguo dejó un rico patrimonio de villas, iglesias y tradiciones que hoy conviven con el intenso crecimiento urbano del área metropolitana.
Itauguá es la 'Ciudad del Ñandutí', el delicado encaje de aguja inspirado en la tela de araña —'ñandutí' significa precisamente 'telaraña' en guaraní— que es uno de los grandes símbolos de la artesanía nacional. Tejido a mano en radios y círculos de hilos multicolores, el ñandutí se exhibe cada año en un célebre festival y viste ajuares, manteles y vestidos en todo el país.
La ciudad, fundada en el siglo XVIII, conserva casonas de galería, su templo histórico y el ambiente de un antiguo pueblo camino de Asunción. Su nombre es sinónimo de un oficio femenino transmitido de generación en generación, que hace de Itauguá una vidriera viva de la cultura material paraguaya.
Luque, una de las ciudades más antiguas del departamento, es célebre por dos oficios de gran prestigio. Por un lado, la filigrana en oro y plata, una orfebrería minuciosa heredada de la tradición colonial que produce joyas de finísimos hilos de metal. Por otro, la fabricación de arpas y guitarras, los instrumentos por excelencia del folclore paraguayo.
El arpa paraguaya, de origen jesuítico, es el alma de la música nacional, y muchos de los mejores ejemplares salen de los talleres luqueños. Durante la Guerra de la Triple Alianza, Luque llegó a ser capital provisional del país en 1868, lo que añade un capítulo histórico al perfil artesanal de esta ciudad del Gran Asunción.
Areguá, capital del departamento, es un pueblo de calles empedradas que descienden hacia el lago Ypacaraí, rodeado de lomas y casonas históricas. Reconocida por su tradición ceramista —sus cántaros, macetas y figuras de barro se venden a lo largo de la ruta— es también la 'Capital de la Frutilla', celebrada cada primavera con una animada fiesta.
En las últimas décadas, Areguá se transformó además en un refugio de artistas, escritores y galerías, que encontraron en su atmósfera lacustre y su patrimonio colonial un escenario singular. Ese cruce de cerámica, arte y paisaje la convirtió en uno de los paseos culturales más queridos cerca de la capital.
Al este del departamento se extiende el lago Ypacaraí, un espejo de agua dulce cantado por la guarania 'Recuerdos de Ypacaraí', uno de los himnos musicales del Paraguay. Según la tradición, el lago se formó tras una gran inundación que el fraile franciscano Luis de Bolaños habría contenido con su bendición, episodio ligado también a la leyenda de la Virgen de Caacupé.
En su orilla oeste se asienta Areguá, mientras que la costa este pertenece ya al departamento de Cordillera, con San Bernardino. El lago, sus lomas y sus pueblos hicieron de esta zona el paseo de fin de semana favorito de los asuncenos desde hace más de un siglo, aunque su preservación ambiental es hoy un desafío pendiente.