Alto Paraguay ocupa el extremo norte del Chaco, sobre la margen occidental del río Paraguay, limitando con Bolivia y el Brasil. Es, con más de 82.000 km², uno de los departamentos más extensos del país y, a la vez, el menos poblado: apenas unos 17.000 habitantes en 2022, con una densidad ínfima de cerca de 0,2 habitantes por km². Es, literalmente, el gran vacío demográfico del Paraguay, un territorio de estancias remotas, montes y ríos.
Su capital es Fuerte Olimpo, fundada en 1792 con el nombre de Fuerte Borbón por las autoridades coloniales españolas, como puesto militar destinado a marcar la soberanía frente a los portugueses en el alto río Paraguay. Aquel viejo fuerte, sobre unos cerros que rompen la monotonía de la llanura, sigue siendo el corazón de un departamento de horizontes inmensos y difícil acceso, donde el río lo es todo.
En su extremo nororiental, Alto Paraguay comparte con el Brasil y Bolivia el Pantanal, el mayor humedal continuo del planeta, un mosaico de lagunas, bañados, esteros y bosques inundables de extraordinaria biodiversidad. La localidad de Bahía Negra, el punto habitado más septentrional del país sobre el río Paraguay, es la puerta paraguaya a ese paraíso natural, hogar de yacarés, capibaras, jaguares, ciervos de los pantanos y una riquísima avifauna.
Hacia el oeste, el departamento abarca parte del gran Parque Nacional Defensores del Chaco, la mayor área protegida del país, dominada por el imponente Cerro León, un macizo aislado que emerge de la llanura chaqueña. Entre el Pantanal húmedo y el Chaco seco, Alto Paraguay reúne algunos de los ecosistemas más valiosos y mejor conservados del Paraguay, en su mayoría vírgenes por la ausencia de población.
La historia moderna de Alto Paraguay está ligada a la industria del tanino y el quebracho. A fines del siglo XIX, el empresario argentino Carlos Casado del Alisal compró millones de hectáreas del Chaco paraguayo y fundó, en 1886, Puerto Casado (la antigua La Victoria), donde instaló una de las mayores fábricas de extracto de tanino del mundo, obtenido del quebracho colorado y usado para curtir cueros.
La empresa tendió un ferrocarril de trocha angosta que se internaba más de 150 kilómetros en el Chaco para extraer la madera; años después, ese mismo ramal facilitó el avance de las tropas paraguayas hacia los fortines durante la Guerra del Chaco. Fue también por tierras de Casado por donde ingresaron, hacia 1927, los primeros colonos menonitas rumbo al Chaco Central. Los taninales dieron vida a puertos y pueblos ribereños como Puerto Casado y Puerto Pinasco, que hoy, agotado su auge, conservan la nostalgia de aquella época industrial.
Alto Paraguay es tierra ancestral de pueblos indígenas del alto Chaco y del río. En sus montes viven los ayoreo —algunos de cuyos grupos permanecen en aislamiento voluntario, entre los últimos no contactados de América— y, sobre el río Paraguay, los ishir o chamacoco (yshyr), pescadores y cazadores del Pantanal que conservan una rica cultura, ligada al ciclo de las aguas y a sus rituales.
Hoy la economía del departamento se sostiene en la ganadería extensiva de sus grandes estancias y en incipientes cultivos de sorgo y soja, mientras el turismo de naturaleza —Pantanal, Cerro León, avistaje de fauna— asoma como una promesa aún poco desarrollada. Vasto, remoto y despoblado, Alto Paraguay es la última frontera del país: un confín donde el Paraguay se disuelve en el Pantanal, el Chaco profundo y las selvas de Bolivia y el Brasil.
Alto Paraguay condensa, como ningún otro departamento, los desafíos del Paraguay profundo. Su enorme extensión y su población mínima lo convierten en un territorio de difícil gobierno, con escasos servicios, caminos precarios y una dependencia casi total del río Paraguay para el transporte de personas y mercaderías. Localidades como Fuerte Olimpo, Puerto Casado o Bahía Negra viven volcadas al río, en un aislamiento que sólo el barco y, en menor medida, la aviación logran romper.
Al mismo tiempo, este confín guarda un potencial extraordinario: el Pantanal, el Cerro León, la fauna del Chaco y una historia rica en fortines, taninales y culturas indígenas ofrecen un capital natural y cultural único. El reto es desarrollarlo sin destruir sus ecosistemas ni desplazar a sus pueblos originarios. Vasto, silencioso y remoto, Alto Paraguay es la última frontera del país, donde el Paraguay se funde con el Pantanal y el Chaco de Bolivia y el Brasil.