Ciudad del Este es, comparada con las viejas ciudades coloniales del Paraguay, una urbe muy joven. Fue fundada el 3 de febrero de 1957, en plena selva del Alto Paraná, con el nombre de Puerto Presidente Stroessner, en homenaje al entonces presidente y dictador Alfredo Stroessner. Su nacimiento respondía a una decisión política y geográfica de fondo: durante siglos el Paraguay había vivido de espaldas al este, una región despoblada y cubierta de bosque, y mirando casi exclusivamente hacia el río Paraguay y el puerto de Asunción. El régimen impulsó entonces una política de 'marcha hacia el este', destinada a poblar esa frontera, integrar al país con el Brasil y abrir una salida alternativa al Atlántico a través de puertos brasileños.
La ciudad se levantó casi de la nada, sobre la barranca del río Paraná, en el punto donde la frontera paraguaya casi toca la brasileña. En sus primeros años fue un poblado pionero, de calles de tierra y construcciones precarias, habitado por colonos, comerciantes y trabajadores atraídos por las promesas de la nueva frontera. Nadie imaginaba entonces que aquel caserío se convertiría, en pocas décadas, en la segunda ciudad del país y en uno de los mayores centros comerciales de Sudamérica.
El impulso fundacional estaba íntimamente ligado a un gran proyecto de infraestructura que cambiaría la región para siempre: la construcción de un puente sobre el río Paraná que uniera el Paraguay con el Brasil. Esa obra, sumada más tarde a la represa de Itaipú, transformaría a la joven ciudad fronteriza en un nudo estratégico del comercio y la energía del Cono Sur.
El acontecimiento que selló el destino de la joven ciudad fue la construcción del Puente de la Amistad (Ponte da Amizade), inaugurado en 1965 sobre el río Paraná. Esta gran estructura de hormigón, con un único arco de más de 300 metros de luz que en su momento fue de los mayores de su tipo, unió por primera vez de forma permanente el Paraguay con el Brasil, conectando la naciente Puerto Presidente Stroessner con la ciudad brasileña de Foz do Iguaçu.
El puente fue mucho más que una obra vial: fue la concreción física de la política de integración con el Brasil y la llave que abrió al Paraguay una salida hacia el océano Atlántico a través de la ruta a Paranaguá. Para una nación mediterránea, históricamente dependiente de la navegación fluvial por el río Paraguay y el Río de la Plata, contar con una conexión terrestre directa hacia los puertos brasileños fue un cambio estratégico de enorme alcance.
A partir de la apertura del puente, el flujo de personas y mercaderías entre ambos países se disparó. La ciudad comenzó a poblarse de comercios y a recibir oleadas de compradores brasileños, atraídos por los precios y por el régimen comercial especial paraguayo. El Puente de la Amistad se convirtió así en el cordón umbilical de la Triple Frontera y en el símbolo de una región donde dos —y, sumando a la Argentina, tres— países conviven en estrecha relación cotidiana.
Si el puente abrió la puerta, fue la represa de Itaipú la que provocó la verdadera explosión de la ciudad. A partir de 1973, cuando Paraguay y Brasil firmaron el Tratado de Itaipú, y especialmente durante la década de obras que siguió, miles y miles de trabajadores, técnicos, ingenieros y proveedores llegaron a la región para levantar la que sería la mayor hidroeléctrica del mundo, sobre el río Paraná, a pocos kilómetros aguas arriba de la ciudad, en Hernandarias.
La construcción de Itaipú fue una empresa titánica que movilizó una cantidad enorme de mano de obra y de capital, y que transformó por completo el paisaje y la economía del Alto Paraná. Puerto Presidente Stroessner, que pocos años antes era un poblado pionero, creció de manera vertiginosa para alojar y abastecer a esa población flotante. Surgieron barrios, comercios, hoteles y servicios; la ciudad se urbanizó a toda velocidad y multiplicó su población en pocos años.
Al mismo tiempo, el régimen comercial especial de la ciudad y la cercanía con el Brasil y la Argentina consolidaron su vocación de gran centro de compras. Comerciantes de orígenes muy diversos —libaneses y sirios, chinos, coreanos, brasileños y paraguayos— se instalaron en el microcentro, dando forma a la sociedad multicultural que caracteriza a la ciudad hasta hoy. De aquella combinación única —una represa colosal, un puente internacional y una zona comercial en plena frontera— nació la metrópoli vibrante y cosmopolita que conocemos.
Durante más de tres décadas la ciudad llevó el nombre de su fundador, el general Alfredo Stroessner, cuyo régimen autoritario gobernó el Paraguay desde 1954 hasta 1989. El nombre 'Puerto Presidente Stroessner' era, en sí mismo, un monumento al poder del dictador y a la política de desarrollo del este que él había impulsado.
Todo cambió en febrero de 1989, cuando un golpe de Estado encabezado por el general Andrés Rodríguez derrocó a Stroessner y puso fin a la dictadura más larga de la historia paraguaya. En el marco de la transición política y del desmantelamiento simbólico del régimen, la ciudad fue rebautizada con el nombre que lleva hasta hoy: Ciudad del Este, una denominación neutra y geográfica que alude a su ubicación en el extremo oriental del país.
El cambio de nombre fue mucho más que un trámite: marcó el cierre de una etapa y la voluntad de despojar a la urbe de su carga política. Ya como Ciudad del Este, la metrópoli continuó su crecimiento y consolidó su perfil como gran polo comercial y como capital del departamento de Alto Paraná, dejando atrás el topónimo que la había identificado durante sus primeras décadas de vida.
Ciudad del Este es el vértice paraguayo de la llamada Triple Frontera, el punto donde se encuentran Paraguay, Brasil y Argentina, separados por los ríos Paraná e Iguazú. Del lado brasileño está Foz do Iguaçu; del argentino, Puerto Iguazú; y del paraguayo, Ciudad del Este. Es una de las zonas fronterizas más dinámicas y singulares de Sudamérica, donde tres países, varias lenguas (español, portugués, guaraní, árabe, chino) y monedas distintas conviven en una intensa relación cotidiana.
El rasgo que define a la ciudad ante el mundo es su comercio. Gracias a un régimen tributario y aduanero favorable, Ciudad del Este se convirtió en un gigantesco centro de compras al que acuden millones de personas al año, sobre todo brasileños y argentinos, en busca de electrónica, perfumes, ropa, informática y mercadería de todo tipo a precios competitivos. El microcentro, con sus galerías y shoppings, mueve cifras enormes y dio fama a la ciudad como uno de los mayores polos comerciales del continente.
Esa actividad atrajo a comunidades de inmigrantes de orígenes muy diversos, que dejaron su huella en la sociedad y el paisaje urbano: comerciantes árabes (libaneses y sirios), chinos, coreanos, taiwaneses, además de brasileños y, por supuesto, paraguayos. El resultado es una ciudad profundamente multicultural, con templos, mezquitas, restaurantes y costumbres de muchas partes del mundo. La Triple Frontera ha sido, además, una región de gran complejidad —objeto de atención por temas de seguridad y contrabando—, pero también un fascinante laboratorio de convivencia e intercambio entre pueblos y culturas.