A las tres de la madrugada del 20 de diciembre de 1989, el cielo sobre esta tranquila franja de playas del Pacífico central se llenó de paracaidistas. A pocos kilómetros de la arena blanca de Santa Clara, en el corregimiento de Río Hato, funcionaba la base militar más grande de las Fuerzas de Defensa de Panamá, y allí se libró la Batalla del Aeródromo de Río Hato, una de las acciones que abrieron la invasión estadounidense de Panamá (la Operación Causa Justa). El objetivo: tomar la guarnición, asegurar la pista y capturar la lujosa casa de playa que el dictador Manuel Antonio Noriega tenía en la cercana Farallón. En unas cinco horas, los Rangers controlaban la zona.
Cuesta imaginarlo hoy, cuando uno se sienta a comer un ceviche frente al mar en Santa Clara, pero esta costa coclesana tiene un pasado militar que se remonta mucho más atrás. La base aérea de Río Hato fue establecida en 1931 y, durante la Segunda Guerra Mundial, la Sexta Fuerza Aérea del ejército estadounidense la usó como parte del dispositivo de defensa del Canal de Panamá. Cerró como instalación activa en 1948 y pasó a manos panameñas, pero siguió operando como campo auxiliar durante décadas.
Esa herencia de pistas, caminos y presencia militar dejó, paradójicamente, una infraestructura que con el tiempo facilitaría el acceso turístico a esta franja de costa. La misma pista sobre la que cayeron los paracaidistas en 1989 es hoy, reconvertida, el Aeropuerto Internacional Scarlett Martínez, que acerca turistas extranjeros directamente a las playas de Coclé. Pocos destinos de playa tan apacibles guardan un origen tan cargado de historia.
Más allá de su capítulo militar, Playa Santa Clara se define por su geografía: se encuentra en la costa del Pacífico de la provincia de Coclé, en el centro de Panamá, dentro de la franja conocida como el 'Arco Seco'. Esta denominación alude a una porción del litoral pacífico panameño que recibe menos lluvias y disfruta de más días de sol que el resto del país, condiciones que la convirtieron en una de las zonas predilectas para el turismo de playa.
La costa coclesana, con sus arenas blancas y sus aguas relativamente tranquilas, fue durante mucho tiempo un territorio de pesca y de pequeñas comunidades costeras. Con la mejora de las comunicaciones por la carretera Panamericana y el crecimiento de la Ciudad de Panamá, estas playas empezaron a recibir visitantes en busca de descanso y sol, especialmente los fines de semana.
Santa Clara, con su arena clara y sus aguas calmas, se distinguió como una de las playas más atractivas de la zona. A diferencia de los desarrollos más densos y residenciales surgidos en torno a otras playas cercanas a la capital, mantuvo un perfil más playero y de descanso, lo que contribuyó a su fama como destino tranquilo y familiar dentro del Arco Seco.
El desarrollo de Santa Clara está estrechamente ligado a la historia del corregimiento de Río Hato, la localidad que administra buena parte de esta costa. Como vimos, allí funcionó durante décadas una importante base aérea, primero vinculada a la presencia militar estadounidense (bajo los acuerdos del Canal de Panamá) y luego, tras la salida de las tropas estadounidenses, reconvertida y utilizada por las fuerzas panameñas y para fines civiles.
Esa infraestructura militar dejó una huella particular en la zona: pistas, caminos y una relativa apertura de la región que, con el tiempo, facilitó el acceso turístico a esta franja de costa. El propio exhombre fuerte panameño Manuel Noriega tuvo una residencia de playa en la zona de Farallón, cercana a Santa Clara, que fue uno de los objetivos del asalto de 1989 y que en su momento dio notoriedad a esta parte de la costa coclesana.
Con la salida definitiva de las bases militares extranjeras a fines del siglo XX (en el marco de los Tratados Torrijos-Carter y su implementación) y el cierre del capítulo Noriega, la región de Río Hato y sus playas —entre ellas Santa Clara y la vecina Farallón— quedaron liberadas para un desarrollo civil y turístico que se aceleraría en las décadas siguientes, con la vieja pista militar transformada en aeropuerto internacional de turistas.
El desarrollo turístico de la costa de Coclé acompañó el crecimiento de Panamá como país y de su capital. A medida que la clase media urbana buscaba escapadas de playa accesibles, Santa Clara y las playas vecinas —como la cercana Farallón, hoy conocida como Playa Blanca— se consolidaron como destinos de fin de semana, vacaciones y temporada de carnaval.
En Santa Clara fueron surgiendo cabañas, ranchos frente al mar, restaurantes de playa y, con el tiempo, algunos resorts, conformando una oferta orientada al descanso y al disfrute del mar y la gastronomía costera. El pescado y los mariscos frescos del Pacífico se volvieron parte indisociable de la experiencia, servidos en comedores junto a la arena.
La zona se benefició además del desarrollo turístico más amplio de Coclé, que incluyó la llegada de resorts todo incluido en la cercana Farallón/Playa Blanca y la mejora de la infraestructura regional, incluida la propia carretera Panamericana y el crecimiento del Aeropuerto Internacional Scarlett Martínez de Río Hato, que sumó llegadas de turistas extranjeros directamente a la zona. Santa Clara mantuvo, sin embargo, su carácter de playa relajada y familiar, integrándose en el circuito de las playas del Pacífico central que cada año reciben a numerosos panameños y visitantes extranjeros en busca de sol, arena y descanso a poca distancia de la capital.
En las últimas dos décadas, la costa de Coclé vivió una transformación notable, con la llegada de grandes cadenas hoteleras y resorts todo incluido a Farallón/Playa Blanca, convertida en uno de los polos turísticos más importantes del Pacífico panameño. Santa Clara, en cambio, mantuvo un perfil más modesto y tradicional, con una oferta de cabañas, ranchos y hoteles medianos que conserva el espíritu original de playa de descanso, sin la escala de los grandes complejos vecinos.
Esa combinación —la cercanía a la infraestructura y las comodidades de Farallón, sumada al carácter más sencillo y auténtico de Santa Clara— es hoy parte del atractivo de la zona para muchos viajeros, tanto panameños como extranjeros, que buscan un punto medio entre el confort y la tranquilidad. La región se integró también a un circuito turístico más amplio que conecta la costa con el interior montañoso de Coclé, sumando a la playa las visitas a Penonomé, El Valle de Antón y el Parque Nacional Omar Torrijos.
Así, Santa Clara representa hoy una síntesis de la historia reciente de esta franja del Pacífico central panameño: de zona de bases militares, batallas y aislamiento relativo a uno de los destinos de playa más queridos y accesibles del país, sin perder del todo el carácter sencillo que la distinguió desde sus orígenes como pueblo costero. Es difícil pensar en un contraste mayor que el de aquellos paracaidistas de 1989 y las familias que hoy arman su sombrilla sobre la misma arena.