En 1941, llegar hasta esta franja de arena del Pacífico central era una pequeña aventura: la carretera hacia el interior era todavía un camino de tierra y el viaje desde la Ciudad de Panamá podía tomar unas tres horas. Fue ese año cuando Robert 'Bob' Eisenmann puso los ojos en un tramo de costa de arena jaspeada —granos claros mezclados con granos oscuros de origen volcánico— y decidió fundar allí un lugar de descanso para su familia, lejos del calor y el bullicio de la capital. De aquella decisión nació Coronado, que la historia local recuerda como el primer desarrollo de playa moderno del país.
La elección no fue casual. Esta costa forma parte del llamado 'Arco Seco', una franja del Pacífico panameño que recibe mucha menos lluvia y muchos más días de sol que el resto del país, tropical y húmedo. Para un capitalino que buscaba mar y buen tiempo a una distancia razonable, no había mejor opción. El apellido del fundador quedó tan grabado en el lugar que todavía hoy las avenidas principales de la urbanización llevan su nombre —Avenida Roberto Eisenmann, Avenida Eisenmann—, un detalle que cualquiera que abra el mapa de Coronado puede comprobar.
Lo que empezó como casas de veraneo frente al mar terminaría convirtiéndose, décadas más tarde, en una de las zonas residenciales y turísticas más extensas de la costa cercana a la capital. Pero en 1941 todo eso era futuro: por ahora, solo había una playa distinta a las demás y la intuición de que valía la pena volver.
La historia de esta costa, sin embargo, empieza mucho antes del siglo XX. Entre 1691 y 1693 se constituyeron en la región tres grandes haciendas coloniales que estructuraron el reparto de la tierra y sentaron las bases del registro catastral de la zona. Estamos en pleno período colonial español, cuando el Pacífico central panameño era tierra de ganadería extensiva más que de veraneo: el clima seco del Arco Seco, que siglos después atraería a los turistas de sol y playa, favorecía entonces la cría de ganado y una temprana cultura agraria.
Ese pasado agrario y ganadero es clave para entender la personalidad de toda la región. Mientras la vertiente caribeña de Panamá se cubría de selva húmeda, esta franja del Pacífico se fue perfilando como una tierra abierta, de pastizales y estancias, donde la lluvia escaseaba y el sol abundaba. Las mismas condiciones que hicieron próspera a la ganadería colonial serían, con el tiempo, el gran argumento de venta del turismo moderno.
Así, cuando Bob Eisenmann eligió este lugar en 1941, no llegaba a un vacío: llegaba a una tierra con siglos de historia agraria, cuyo clima privilegiado ya había demostrado su valor mucho antes de que existieran los condominios frente al mar. Coronado es, en ese sentido, un buen ejemplo de cómo un accidente climático —una franja más seca en un país lluvioso— puede determinar la vocación económica de un territorio a lo largo de varios siglos.
El salto de Coronado de balneario familiar a enclave de estatus ocurrió en los años setenta. En 1972 arrancó la primera fase de desarrollo formal del área de playa, con proyectos como los condominios Aprucc, los primeros de la zona. Un año después, en 1973, comenzó la construcción del Coronado Beach Golf Club, un campo de 18 hoyos diseñado por Tom y George Fazio, dos apellidos de peso en el mundo del diseño de campos de golf. El golf, deporte históricamente ligado a las élites urbanas y a los negocios, posicionó a Coronado como un destino más exclusivo dentro del universo de playas cercanas a la capital.
El desarrollo se detuvo durante un tiempo por razones sociales y políticas del país, pero se retomó con fuerza alrededor de 1990, cuando se levantó el imponente edificio de Punta Prieta y se construyó el Coronado Golf & Beach Resort, un hotel de 78 habitaciones que se convirtió en el primer hotel cinco estrellas ubicado en una comunidad de playa panameña. Coronado dejaba atrás la escala de las casas de veraneo para entrar en la del turismo de resort.
Hoy esa urbanización se extiende por más de 900 hectáreas y funciona, desde sus inicios, como un motor de desarrollo y empleo para toda la comarca. El green fee del histórico campo de golf ronda hoy los US$ 60-120 según el día y la temporada (verificado julio 2026), y el campo sigue siendo uno de los principales atractivos que diferencian a Coronado de balnearios más rústicos.
El crecimiento de Coronado a lo largo de las últimas décadas la convirtió en mucho más que una playa: hoy es una extensa zona residencial y turística con una infraestructura comparable a la de un pequeño pueblo o suburbio. Centros comerciales, supermercados, bancos, farmacias, restaurantes y clubes surgieron para atender a una población creciente de residentes permanentes, propietarios de segunda residencia y visitantes de fin de semana. La mejora progresiva de la carretera Panamericana —aquel camino de tierra de 1941— redujo el viaje desde la capital a poco más de una hora y multiplicó el flujo de gente.
A partir de los años 2000, la zona vivió además una notable llegada de jubilados y expatriados extranjeros, sobre todo de Estados Unidos y Canadá, atraídos por el clima estable del Arco Seco, el costo de vida relativamente accesible, el uso del dólar como moneda de curso corriente y la cercanía a una capital con aeropuerto internacional y buenos servicios de salud. Este fenómeno, común a varias zonas costeras de Panamá Oeste y Coclé, dio a Coronado un carácter marcadamente multicultural, con inmobiliarias, comercios y servicios orientados en parte a esa comunidad residente.
Ese mismo desarrollo explica una de las particularidades más comentadas de la playa: buena parte del frente costero quedó integrado a urbanizaciones privadas, lo que limita los accesos públicos directos a la arena, pese a que en Panamá las playas son legalmente de uso público. La historia de Coronado es, en buena medida, la del crecimiento del turismo de playa y de la segunda residencia en la Panamá moderna, con sus ventajas de comodidad y sus tensiones en torno al acceso y el uso de la costa.
La historia de Coronado como destino turístico no puede desligarse de la particularidad climática de la región: el llamado 'Arco Seco' del Pacífico central panameño, una franja costera que, a diferencia de buena parte del país, recibe considerablemente menos precipitaciones y goza de más días soleados al año. Esta característica geográfica, producto de la orientación de la costa y de los patrones de viento regionales, convirtió históricamente a esta zona en un área más apta para la ganadería extensiva y, más adelante, para el desarrollo turístico de sol y playa.
El Arco Seco se extiende a lo largo de la costa de las provincias de Panamá Oeste, Coclé y parte de Herrera y Los Santos, e incluye, además de Coronado, otras playas y balnearios que se popularizaron por razones similares: El Palmar (meca del surf accesible), Santa Clara y Farallón —comercialmente Playa Blanca—, entre otras. El desarrollo casi simultáneo de estos destinos, todos beneficiados por el mismo clima favorable y por la mejora de la Panamericana, consolidó a esta franja como el principal corredor de turismo de playa de fin de semana para los habitantes de la capital.
Entender el Arco Seco ayuda a explicar por qué Coronado, y no otras playas más lluviosas o distantes, se convirtió en el balneario de referencia de la Ciudad de Panamá: una combinación de clima favorable, cercanía y, con el tiempo, una infraestructura que se retroalimentó con el propio crecimiento del turismo. De aquel camino de tierra de 1941 a las más de 900 hectáreas de hoy, la historia de Coronado es la de cómo un clima seco en un país húmedo terminó dibujando un destino.