El nombre mismo de Penonomé guarda una tragedia. Según la tradición, viene de 'penar a Nomé', un cacique indígena que los españoles habrían ejecutado en este lugar durante la conquista del centro del istmo. Verdad histórica o leyenda, el topónimo encierra el choque fundacional de dos mundos, y anticipa el papel singular que tendría esta villa del interior: la de haber sido, aunque fuera por poco tiempo, capital de todo el istmo de Panamá.
Penonomé se asienta en el centro del istmo, en una región —la actual provincia de Coclé— habitada desde tiempos precolombinos por sociedades indígenas que dejaron un riquísimo legado arqueológico, con sitios famosos por sus tumbas, su orfebrería y su cerámica. Esa profundidad histórica hace de Coclé una de las áreas arqueológicamente más importantes de Panamá.
El origen del nombre 'Penonomé' está rodeado de tradición. La versión más difundida lo vincula a un cacique indígena llamado Nomé, que según el relato habría sido ejecutado por los españoles en el lugar; de la expresión que aludía a 'penar a Nomé' derivaría el topónimo. Como ocurre con muchos nombres de origen colonial e indígena, se trata de una etimología popular cuya certeza histórica es difícil de establecer, pero que forma parte de la memoria local.
La villa colonial creció como centro de la población mestiza e indígena de la región central, organizada en torno a la iglesia y a una economía agrícola y ganadera. Con el tiempo se consolidó como cabecera de Coclé y como uno de los principales núcleos del interior panameño, papel que mantiene hasta hoy como capital provincial.
El episodio más célebre de la historia de Penonomé está ligado a uno de los hechos más dramáticos de la historia colonial panameña: la destrucción de la ciudad de Panamá (la actual Panamá Viejo) en 1671 a manos del pirata galés Henry Morgan. Aquel ataque arrasó la antigua capital del istmo en el Pacífico, dejando a la administración española sin su principal sede.
Mientras se decidía y se construía el emplazamiento de la nueva ciudad de Panamá —que se levantaría poco después en el sitio del actual Casco Antiguo—, Penonomé habría funcionado, según la tradición histórica, como sede administrativa provisional del istmo. De ese modo, por un breve período, la pequeña villa del interior asumió un papel central en el gobierno colonial, un dato del que la ciudad se enorgullece hasta hoy.
Más allá de ese interludio, Penonomé siguió siendo un núcleo importante del interior, beneficiándose con el tiempo de su posición sobre las rutas que atravesaban el centro del país. Su consolidación como capital de la provincia de Coclé reforzó su carácter de centro comercial, administrativo y cultural de la región central panameña.
Penonomé y su entorno son un foco de cultura tradicional panameña. La región de Coclé es cuna del sombrero 'pintao', el sombrero típico tejido con fibras vegetales y decorado con motivos oscuros, considerado un emblema nacional y un patrimonio cultural reconocido. Pueblos cercanos como La Pintada concentran a las comunidades artesanas que mantienen viva esta técnica, y Penonomé es uno de los lugares donde adquirir estas piezas.
La ciudad es también famosa por su Carnaval, uno de los más concurridos del país. A las comparsas, la música, los 'culecos' (las característica mojadas con agua) y la coronación de reinas, Penonomé suma una particularidad única: su Carnaval acuático, en el que carrozas flotantes desfilan por el río que atraviesa la ciudad, un espectáculo que se ha vuelto seña de identidad local y atrae a multitudes cada año.
Estas tradiciones —la artesanía del sombrero pintao y el Carnaval acuático— conviven con el papel de Penonomé como activo centro comercial y de servicios de Coclé, y como base para explorar los atractivos naturales de la región. Historia colonial, cultura popular y vocación de cruce de caminos se combinan en la identidad de esta capital del interior panameño.
La provincia de Coclé, con Penonomé como capital, ocupa un lugar central en la arqueología de Panamá. Desde comienzos del siglo XX, sitios como Sitio Conte —a orillas del río Grande, excavado por expediciones de la Universidad de Harvard (Peabody Museum) y de la Universidad de Pensilvania entre las décadas de 1930 y 1940— revelaron un rico patrimonio precolombino: tumbas de élite con ajuares funerarios de oro trabajado (pectorales, brazaletes, orejeras), cerámica polícroma de gran calidad artística y objetos que dan cuenta de sociedades cacicales complejas y jerarquizadas que habitaron la región entre los siglos VIII y XI aproximadamente, mucho antes de la llegada española.
Esos hallazgos situaron a la llamada 'cultura Coclé' o Gran Coclé entre los estilos cerámicos y orfebres más estudiados de toda el área intermedia americana (la franja que conecta Mesoamérica y los Andes), con un estilo iconográfico propio —animales estilizados, seres míticos y motivos geométricos— que los especialistas identifican de inmediato. Muchas de esas piezas se exhiben hoy en museos de Panamá y del exterior, incluido el propio Peabody Museum en Estados Unidos, y su salida del país alimentó también viejos debates sobre el saqueo y la repatriación del patrimonio arqueológico.
El Museo de Historia y Tradición Penonomeña, en el centro de la ciudad, recoge parte de ese legado y lo pone en diálogo con la historia colonial y republicana de la región, ofreciendo a los visitantes una síntesis accesible de la profundidad histórica de Coclé, muchas veces eclipsada por el protagonismo de la capital y el Canal en los relatos turísticos del país.
En las últimas décadas, la posición de Penonomé sobre la carretera Panamericana —a medio camino entre la Ciudad de Panamá y las provincias occidentales— consolidó su papel como cruce de caminos y centro logístico y comercial del interior del país. El crecimiento del transporte terrestre, la mejora de la infraestructura vial y el desarrollo del turismo interno impulsaron la llegada de comercios, bancos, hoteles y servicios que hoy hacen de la ciudad una base cómoda para explorar la región central.
Al mismo tiempo, la cercanía de atractivos como El Valle de Antón (un pueblo asentado en un cráter volcánico, con termas y biodiversidad), el Parque Nacional Omar Torrijos en El Copé (bosque nuboso) y las playas de Santa Clara y Farallón sobre el Pacífico, convirtió a Penonomé en punto de partida habitual para circuitos que combinan montaña, naturaleza y costa en pocos días.
Esta vocación de cruce de caminos, sumada a la persistencia de tradiciones como el Carnaval acuático y la artesanía del sombrero pintao, define a la Penonomé actual: una ciudad que mira tanto a su pasado colonial y precolombino como a su rol práctico en el turismo y la economía del interior panameño contemporáneo.