La historia de Pedasí se enmarca en la de la península de Azuero, una de las regiones más antiguas e históricamente significativas de Panamá. Antes de la llegada de los europeos, la península estuvo habitada por pueblos indígenas que aprovechaban sus costas, sus llanuras y sus recursos. La región conserva vestigios de ese poblamiento originario, anterior a la conquista.
Azuero fue, además, una de las primeras zonas del Pacífico del istmo colonizadas por los españoles. Tras la fundación de la primera Ciudad de Panamá (1519), la expansión colonial alcanzó tempranamente la península, donde se establecieron pueblos y se desarrolló una sociedad de raíz hispana, campesina y profundamente católica. Esa colonización temprana dejó una huella duradera en la identidad de la región.
Uno de los pueblos emblemáticos de esa Azuero colonial es La Villa de Los Santos, fundada en el siglo XVI, que con el tiempo se volvería un sitio clave de la historia panameña. La península fue consolidando, a lo largo de los siglos, una identidad propia muy marcada, basada en las tradiciones traídas y reelaboradas desde España y en la vida del campo, que la convertiría en el gran semillero del folclore nacional. Pedasí, en su extremo sureste, era parte de ese mundo rural y costero de Azuero.
La península de Azuero ocupa un lugar central en el imaginario panameño como la 'cuna de la nacionalidad', tanto por su papel en la formación de la identidad cultural del país como por un hecho histórico decisivo en el camino hacia la independencia. Ese hecho fue el llamado 'Grito de La Villa de Los Santos', ocurrido el 10 de noviembre de 1821.
En esa fecha, los habitantes de La Villa de Los Santos, en Azuero, se pronunciaron en favor de la independencia de España, en un movimiento que sirvió de antecedente y de impulso para la posterior declaración de independencia del istmo de Panamá respecto de España (que se concretaría pocos días después, el 28 de noviembre de 1821, cuando Panamá se separó de España y se unió a la Gran Colombia). El 'Primer Grito de Independencia' de La Villa es recordado como uno de los acontecimientos fundacionales de la patria panameña.
Este protagonismo en la gesta independentista, sumado a su riqueza folclórica, reforzó el lugar simbólico de Azuero en la identidad nacional. La región se enorgullece de haber sido pionera en el reclamo de libertad y de ser depositaria de las tradiciones más genuinas de Panamá. Pedasí, como parte de esta península histórica, comparte esa herencia de identidad y orgullo que distingue a toda Azuero.
Si Azuero es la 'cuna de la nacionalidad', lo es sobre todo por su extraordinaria riqueza folclórica, que dio forma a buena parte de las tradiciones que hoy se reconocen como típicamente panameñas. A lo largo de los siglos, la sociedad rural, hispana y católica de la península fue elaborando un patrimonio cultural vivísimo, que se transmite de generación en generación y que tiene en sus fiestas su máxima expresión.
El símbolo más emblemático es la pollera, el bellísimo y elaborado traje típico de la mujer panameña, confeccionado a mano con finos bordados y encajes, acompañado de joyas (tembleques, cadenas) que las mujeres lucen con orgullo en las festividades. A la pollera se suman los bailes y la música tradicionales —el tamborito, la cumbia, la mejorana— y un calendario de celebraciones que marca la vida de los pueblos: las fiestas patronales, las procesiones religiosas y, muy especialmente, los carnavales.
El Carnaval de Las Tablas, en la provincia de Los Santos, es el más famoso de Panamá, célebre por la rivalidad festiva entre la 'calle arriba' y la 'calle abajo', sus reinas, sus polleras, sus tunas y su despliegue de música y color. Otros hitos del folclore azuerense son el Festival Nacional de la Mejorana en Guararé y numerosas fiestas a lo largo del año. Esta riqueza cultural es parte esencial de la identidad de toda la península, Pedasí incluido, y uno de los grandes atractivos de la región.
Dentro de la histórica península de Azuero, Pedasí fue durante mucho tiempo un pequeño pueblo costero, tranquilo y algo apartado, dedicado a la pesca y a la agricultura. Asentado en el extremo sureste de la península, frente al Pacífico, su vida giraba en torno al mar y al campo, con el ritmo pausado y la calidez propios de los pueblos azuerenses, lejos de los grandes circuitos del país.
Un dato que dio notoriedad a Pedasí es que se trata del pueblo natal de Mireya Moscoso, quien fue la primera mujer en ocupar la presidencia de Panamá (a fines del siglo XX y comienzos del XXI). Este vínculo con una figura histórica de la política panameña es motivo de orgullo local y contribuyó a poner el nombre de Pedasí en el mapa nacional.
Más allá de ese hecho, Pedasí conservó durante décadas su carácter de apacible pueblo de pescadores, con su iglesia, su plaza, sus casas sencillas y una comunidad ligada a las tradiciones de Azuero. Esa autenticidad, junto con la belleza de su entorno natural —sus playas, sus islas y su mar—, sería precisamente lo que, más adelante, atraería al turismo, abriendo una nueva etapa en la historia del pueblo.
En las últimas décadas, Pedasí vivió una transformación al ser descubierto por el turismo, que encontró en el pueblo y su entorno una combinación irresistible de naturaleza, mar y autenticidad. Las playas tranquilas, las olas de Playa Venao, los tesoros naturales de la Isla Iguana y la Isla Cañas (con su impresionante desove de tortugas), el avistaje de ballenas en temporada y la pesca atrajeron a viajeros nacionales e internacionales, dando una nueva vida al viejo pueblo de pescadores.
La zona desarrolló una oferta turística que va de los eco-lodges y hoteles boutique a los surf camps y hostels (especialmente en Playa Venao), sumando un ambiente cosmopolita y relajado a la tradicional calma azuerense. Playa Venao, en particular, se consolidó como un polo del surf con onda viajera. Sin embargo, Pedasí logró en buena medida conservar su esencia de pueblo apacible, sin convertirse en un destino masificado, lo que es parte de su encanto.
Hoy, Pedasí representa una síntesis muy atractiva: por un lado, la naturaleza marina y la aventura suave (playas, islas, surf, tortugas, ballenas, pesca); por otro, la riqueza cultural y folclórica de la península de Azuero, con sus polleras, sus fiestas y sus tradiciones, accesible desde el pueblo. Para el viajero, es la oportunidad de disfrutar de un Panamá tranquilo, marino y profundamente tradicional, donde el mar y la cultura se dan la mano en uno de los rincones más auténticos del país.