Hay lugares cuya historia se explica por lo que NO les pasó. Mientras buena parte del litoral panameño se llenaba de resorts, condominios y marinas, la costa de San Félix se quedó al margen, y esa condición de rincón olvidado del Pacífico occidental es hoy, precisamente, su mayor encanto: kilómetros de arena casi vacía. Playa Las Lajas se encuentra en el distrito de San Félix, provincia de Chiriquí, una región de litoral amplio y abierto, con extensas playas de arena, manglares y desembocaduras de ríos que bajan de las montañas hacia el mar. A diferencia de las costas más recortadas e isleñas del golfo de Chiriquí, este tramo del Pacífico se caracteriza por playas largas y rectas, de mar abierto.
La provincia de Chiriquí, en su conjunto, es una de las más diversas de Panamá: combina las tierras altas frías de la cordillera de Talamanca y el Volcán Barú, las llanuras agrícolas y ganaderas del interior, y una larga costa pacífica. La zona de San Félix y Las Lajas pertenece a esa franja costera, históricamente dedicada a la pesca, la agricultura y la ganadería.
La región está además muy ligada al territorio del pueblo ngäbe: la cercana comarca Ngäbe-Buglé es el hogar del pueblo indígena más numeroso de Panamá, y su presencia forma parte de la identidad cultural de esta parte del país. Así, la costa de Las Lajas se sitúa en un cruce entre el mundo costero chiricano y el territorio indígena del occidente panameño.
La historia humana de la región de Las Lajas y San Félix está estrechamente vinculada al pueblo ngäbe, el grupo indígena más numeroso de Panamá. La comarca Ngäbe-Buglé, contigua a esta parte de Chiriquí, es un territorio autónomo donde vive la mayor parte de este pueblo, que ha habitado el occidente panameño desde tiempos precolombinos y mantiene viva su lengua, sus tradiciones y su organización social.
Las comunidades costeras de esta zona —tanto las de ascendencia ngäbe como las campesinas chiricanas— vivieron históricamente de la pesca, la agricultura y la ganadería. La costa, con sus playas amplias de mar abierto, era un litoral poco poblado y poco transformado, donde la vida giraba en torno al mar y la tierra, lejos de los grandes circuitos económicos y turísticos del país.
Este contexto explica el carácter de Las Lajas: una playa que durante mucho tiempo fue, ante todo, un espacio de uso local, sin grandes desarrollos. La cercanía de la comarca Ngäbe-Buglé y la fuerte presencia indígena en la región son parte de la identidad cultural de esta franja del Pacífico occidental panameño.
Un factor decisivo en la historia reciente de Las Lajas fue la mejora de la carretera Interamericana (la rama panameña de la Carretera Panamericana), que recorre el país de este a oeste y conecta la zona con David, la capital provincial, y con el resto de Panamá. La accesibilidad que trajo esta vía fue clave para que la playa, antes un litoral de uso sobre todo local, empezara a recibir visitantes.
Con el tiempo, Las Lajas se fue consolidando como un balneario tranquilo, primero para los propios panameños —que la eligen como destino de fin de semana y de vacaciones para disfrutar de su enorme playa— y luego también para turistas extranjeros que buscan una playa amplia y poco masificada. El desvío desde la Interamericana hacia la costa convirtió a la playa en una parada cómoda dentro de los recorridos por el occidente del país.
A diferencia de otras costas de Panamá, donde se levantaron grandes complejos turísticos, Las Lajas mantuvo un desarrollo de baja escala: hoteles pequeños, cabañas y restaurantes de mariscos. Ese carácter relajado y de ambiente local, más que un déficit, terminó siendo parte de su atractivo para quienes buscan calma frente al mar.
Antes de que la carretera lo cambiara todo, el mar era el camino. Hacia 1800, buena parte de la comunicación en la región chiricana se hacía por vía marítima, y en la zona de Las Lajas ese contacto con el mundo pasaba por el Puerto Cabuyal, un fondeadero que conectaba estas costas con David y con el resto del litoral pacífico. La franja de San Félix y Las Lajas era entonces un rincón de pescadores y campesinos, apartado de los grandes centros, donde la vida transcurría entre la playa, la desembocadura de los ríos y las tierras de cultivo del interior.
Las Lajas es hoy la cabecera del distrito de San Félix y un corregimiento de población pequeña —del orden de un par de miles de habitantes en el poblado, según los censos—, lo que explica su carácter de balneario tranquilo y de baja escala, muy distinto de los destinos de playa más desarrollados del país. El distrito conserva una fuerte presencia indígena por su vecindad con el territorio ngäbe, que impregna la identidad de toda la zona.
Un hito clave para entender la geografía humana actual fue la creación, en 1997, de la Comarca Ngäbe-Buglé, un territorio indígena autónomo formado con tierras que hasta entonces pertenecían a Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas. San Félix quedó justo en el borde de esa comarca, convertido en una de las puertas de entrada al territorio ngäbe. Así, la costa de Las Lajas se sitúa en una frontera cultural viva: de un lado, el litoral pacífico chiricano; del otro, el mundo indígena del pueblo más numeroso de Panamá.
Hoy Playa Las Lajas es conocida como una de las playas más extensas de Panamá y como un destino de descanso tranquilo del Pacífico chiricano. Sus kilómetros de arena, su mar abierto y su ambiente relajado atraen a quienes buscan desconectar lejos de las multitudes: caminar la playa sin fin, darse un baño, ver amaneceres y atardeceres amplios y disfrutar del pescado y los mariscos frescos de la zona.
La vida del destino combina el turismo de playa de baja escala —hoteles pequeños, cabañas y restaurantes— con la vida de los pueblos cercanos, como San Félix y Las Lajas, y el entorno rural y costero de la región. Es una playa de ritmo lento, que se llena un poco más los fines de semana y feriados con visitantes panameños y queda casi desierta entre semana.
Por su ubicación sobre la Interamericana, Las Lajas funciona también como una parada natural dentro de recorridos más amplios por Chiriquí: las tierras altas (Boquete, Volcán, Cerro Punta), el golfo de Chiriquí y sus islas, o destinos del Pacífico hacia el este como Santa Catalina y la Isla Coiba. Su historia es la de una costa de comunidades pesqueras e indígenas que, con la llegada de la carretera, se convirtió en un balneario sereno y de gran amplitud, fiel a su carácter tranquilo. La historia completa de la región chiricana se desarrolla en las páginas de otros destinos de la provincia.