Antes de que hubiera piscinas, pulseras de todo incluido y shows nocturnos, en esta misma playa de arena blanca aterrizaban aviones de guerra y descendían paracaidistas. La franja donde hoy los turistas toman sol frente al Pacífico fue, durante décadas, uno de los enclaves militares más estratégicos de Centroamérica. Ese es el pasado oculto de Farallón, el pueblo costero del distrito de Río Hato, en la provincia de Coclé, en la franja del Pacífico central panameño conocida como 'Arco Seco' por su clima soleado y de pocas lluvias. Durante mucho tiempo fue una comunidad de pescadores junto a una larga y hermosa playa de arena blanca, una de las más atractivas de esta costa.
La zona estuvo históricamente marcada por la presencia de la base aérea de Río Hato, un enclave militar de importancia estratégica establecido en torno a un aeródromo. Bajo administración estadounidense, la base ocupó una extensión considerable de terreno y fue sede de tropas del Comando Sur, cumpliendo un papel relevante en la defensa y la presencia militar de Estados Unidos en el istmo durante buena parte del siglo XX.
Ese pasado —pueblo de pescadores y enclave militar extranjero— contrasta con la vocación turística que la zona desarrollaría después. La calidad de la playa de Farallón, sin embargo, fue siempre evidente, y constituyó el activo natural sobre el que se construiría su transformación en uno de los principales destinos de playa de Panamá.
Un hito importante en la historia de la zona ocurrió el 22 de agosto de 1970, cuando la base de Río Hato pasó a jurisdicción panameña. En un acto simbólico, el general Omar Torrijos, junto al entonces presidente de la Junta de Gobierno, Demetrio Basilio Lakas, izó el pabellón nacional panameño en el predio, en un gesto que anticipaba el proceso más amplio de recuperación de la soberanía sobre territorios ocupados por Estados Unidos, que culminaría años después con los Tratados Torrijos-Carter y el traspaso del Canal en 1999.
La base, que había albergado a la 193ª Brigada de Infantería del Ejército de Estados Unidos y ocupado una extensión de miles de hectáreas en el Arco Seco, quedó bajo control de las Fuerzas de Defensa de Panamá, que la utilizaron como centro de entrenamiento militar. El aeródromo de Río Hato mantuvo su relevancia estratégica, ahora bajo bandera panameña, y se convirtió en una pieza clave del aparato de defensa nacional durante el gobierno militar de las décadas de 1970 y 1980.
Este episodio es recordado en Panamá como parte del proceso de descolonización del país, un antecedente simbólico de la recuperación plena de la soberanía territorial que se completaría con el Canal a fin de siglo.
El episodio más dramático de la historia reciente de la zona ocurrió el 20 de diciembre de 1989, durante la invasión estadounidense a Panamá (la 'Operación Causa Justa'), lanzada para derrocar al general Manuel Noriega. Río Hato fue uno de los principales objetivos militares de la operación: allí estaban apostadas la Sexta Compañía de Infantería Expedicionaria Mecanizada y la Séptima Compañía de Infantería 'Macho de Monte' de las Fuerzas de Defensa de Panamá, consideradas unidades de élite.
En la madrugada del 20 de diciembre, cerca de 1.300 rangers estadounidenses descendieron en paracaídas sobre distintos objetivos en Río Hato, a los que se sumaron en los siguientes 45 minutos unos 2.700 soldados de la 82ª División Aerotransportada. El combate resultante, conocido como la Batalla del Aeródromo de Río Hato, fue uno de los enfrentamientos más intensos de toda la invasión, con bajas en ambos bandos y bombardeos sobre las instalaciones militares panameñas.
En la base también operaban milicias de los 'Batallones de la Dignidad', fuerzas paramilitares civiles creadas por el gobierno de Noriega a fines de los años 80 para reforzar la defensa del país ante una eventual intervención estadounidense. Tras la batalla, la base de Río Hato quedó bajo control estadounidense y, con el fin de la invasión y la posterior disolución de las Fuerzas de Defensa panameñas, sus instalaciones aeroportuarias se reorientaron gradualmente hacia usos civiles.
La gran transformación de Farallón llegó, ya en tiempos de paz, con el desarrollo turístico de su playa, rebautizada con fines comerciales como 'Playa Blanca' en alusión a su arena clara. La llegada de grandes hoteles y resorts todo incluido frente al mar convirtió a la zona en el principal polo de este tipo de turismo en Panamá, un fenómeno que se intensificó en las últimas décadas al calor del crecimiento económico del país y del turismo.
Los resorts, con sus piscinas, restaurantes, bares, animación y áreas para familias, atrajeron a un gran número de visitantes panameños y extranjeros en busca de vacaciones cómodas y sin complicaciones a poca distancia de la capital. La reconversión del antiguo aeródromo militar de Río Hato en el actual Aeropuerto Internacional Scarlett Martínez reforzó la accesibilidad de la zona, acercándola aún más a los mercados turísticos tanto nacionales como internacionales.
Así, Farallón / Playa Blanca completó una transformación notable: de pueblo pesquero junto a una base militar extranjera, pasando por escenario de un violento episodio bélico en 1989, a convertirse en sinónimo de turismo de resort en Panamá. Ese desarrollo trajo prosperidad y empleo a la región, pero también plantea, como en otros destinos de masas, los desafíos de equilibrar el crecimiento con la preservación del entorno y con el beneficio para las comunidades locales.
Hoy, Farallón / Playa Blanca vive de cara al mar y a sus resorts, con miles de visitantes que llegan cada año atraídos por su arena blanca y la comodidad del todo incluido. La playa pública sigue siendo, en todo caso, el corazón del lugar, compartida por igual entre huéspedes de los grandes complejos y el pueblo pesquero original, que mantiene su actividad y su gastronomía marina a pocos pasos de la franja hotelera.
Aunque la mayoría de los viajeros que llegan a Farallón desconocen su historia militar, el propio aeropuerto por el que muchos entran a la zona se asienta sobre el terreno de la antigua base de Río Hato, escenario de un episodio bélico decisivo en la historia contemporánea de Panamá. Esa doble identidad —destino de sol y playa por un lado, lugar de memoria histórica por otro— convive silenciosamente en el paisaje de Farallón.
Para el viajero de hoy, Farallón representa la posibilidad de unas vacaciones de playa cómodas y accesibles desde la capital, con la opción de sumar, si lo desea, una mirada más profunda a la historia panameña del siglo XX que se esconde detrás del escenario de piscinas y cócteles junto al mar.