La historia de David se inscribe en la de Chiriquí, una región del oeste panameño poblada desde tiempos muy antiguos. Mucho antes de la llegada de los españoles, las tierras chiricanas —desde las costas del Pacífico hasta las laderas del volcán Barú— estuvieron habitadas por pueblos indígenas que desarrollaron sociedades complejas, aprovechando la diversidad de ambientes y la fertilidad de los suelos volcánicos.
Esa ocupación dejó un rico patrimonio arqueológico que hoy se estudia y conserva. Chiriquí es conocida por sus petroglifos (rocas grabadas con figuras y símbolos, como la célebre Piedra Pintada), por su cerámica y, muy especialmente, por su orfebrería: la región produjo notables piezas de oro precolombino, testimonio de culturas que dominaban la metalurgia y el arte. Estos objetos forman parte de las colecciones de los museos y dan cuenta del nivel alcanzado por aquellas sociedades.
La herencia indígena de la región no quedó solo en el pasado: el pueblo ngäbe-buglé mantiene una fuerte presencia en Chiriquí hasta la actualidad. Así, cuando los españoles llegaron al oeste del istmo, encontraron un territorio densamente habitado y culturalmente rico, que sería el escenario de la posterior fundación y crecimiento de David.
La ciudad de David nació en la época colonial, en el contexto de la expansión española por el oeste del istmo de Panamá. Su fundación se asocia tradicionalmente a la época temprana de la colonización de esta región (entre los siglos XVI y XVII, según las distintas fuentes y tradiciones), y la ciudad quedó bajo la advocación de San José, de donde proviene su nombre completo: San José de David.
Durante la colonia, David fue una población relativamente modesta y alejada de los grandes centros del istmo, que giraban en torno a la ruta del oro por el centro de Panamá. El oeste panameño era una zona periférica, dedicada a la agricultura y la ganadería, y David fue creciendo lentamente como el principal poblado de esa región fronteriza, en las cercanías de lo que hoy es el límite con Costa Rica.
La posición de David, en una llanura fértil cerca de la costa del Pacífico y en el camino hacia Centroamérica, fue clave para su desarrollo posterior. Aunque durante siglos fue un lugar apartado, esa misma ubicación —en el corazón de una región agrícola y ganadera rica, y en una ruta de paso hacia y desde Costa Rica— sería la base de su transformación en la principal ciudad del oeste de Panamá.
El verdadero motor del crecimiento de David y de toda la provincia de Chiriquí fue siempre su extraordinaria riqueza agrícola y ganadera. Las tierras chiricanas, fértiles y variadas, permitieron el desarrollo de una próspera economía rural que convirtió a la región en una de las grandes despensas del país: Chiriquí es conocida como uno de los 'graneros' de Panamá por su producción agrícola, y también como una de las principales regiones ganaderas.
En las tierras bajas, en torno a David, se desarrollaron la ganadería de carne y leche, así como cultivos de arroz, hortalizas, frutas y otros productos. En las tierras altas cercanas (Boquete, Volcán, Cerro Punta), el clima fresco favoreció la horticultura (verduras y flores) y, sobre todo, el café de altura que daría fama mundial a la región. Esa diversidad productiva, escalonada entre el mar y la montaña, hizo de Chiriquí una provincia próspera y orgullosa de su identidad rural.
David, como capital y centro urbano de toda esa región, se consolidó como el corazón comercial donde confluían la producción del campo, el comercio y los servicios. La ciudad fue el lugar donde se compraba, se vendía y se procesaba buena parte de la riqueza agropecuaria chiricana, y donde se celebraban las grandes ferias del agro. Esa vocación agrícola y ganadera sigue siendo, hasta hoy, una de las claves de la identidad de David y de Chiriquí.
Un factor decisivo en la consolidación de David como gran ciudad fue su integración a las grandes rutas de comunicación, en especial la Carretera Panamericana. Esta vía, que recorre el país de este a oeste y lo conecta con Costa Rica y el resto de Centroamérica, pasa por David y la transformó en un nudo estratégico de transporte y comercio, rompiendo el aislamiento histórico del oeste panameño.
La conectividad por carretera, sumada al desarrollo de un aeropuerto, impulsó el crecimiento de David como centro urbano. La ciudad se expandió, sumó comercio, servicios, educación (universidades), salud (hospitales) y se convirtió en el principal polo del occidente del país. Su gran terminal de transporte la consolidó como el punto desde el cual se distribuye el flujo de personas y mercancías hacia las tierras altas, las playas, el resto de Panamá y la frontera.
Ese crecimiento llevó a David a convertirse en la tercera ciudad más grande de Panamá y en la capital indiscutida del oeste. Hoy combina su tradicional carácter agrícola y ganadero con una creciente dinámica urbana, comercial y de servicios. La ciudad mantiene festividades emblemáticas como la Feria Internacional de San José de David (en marzo), que cada año reúne lo mejor de la ganadería, la agricultura y la cultura chiricana, reafirmando su identidad.
Hoy, David es la capital de la provincia de Chiriquí y la tercera ciudad más grande de Panamá, un centro urbano cálido y activo que conjuga su histórica vocación agrícola y ganadera con una creciente vida comercial, educativa y de servicios. Es una ciudad auténtica, lejos del turismo masivo, donde se vive el pulso del oeste panameño y donde el visitante encuentra todas las comodidades de una ciudad grande.
Para el viajero, el papel protagónico de David es el de puerta de entrada y base logística de toda la región chiricana, una de las más diversas y bellas de Panamá. Gracias a su aeropuerto, su conexión con la Panamericana y su gran terminal de transporte, David es el punto natural desde el cual descubrir las tierras altas (Boquete, Volcán, Cerro Punta) con su clima fresco, su café y su naturaleza de montaña; las playas, golfos e islas del Pacífico chiricano; y los grandes parques naturales de la zona, como el Parque Internacional La Amistad o el Marino Golfo de Chiriquí.
Así, David condensa una doble identidad: por un lado, la de una ciudad chiricana orgullosa de su historia agropecuaria, su gastronomía y sus ferias; por otro, la de la llave que abre el acceso a la enorme diversidad natural y paisajística del oeste de Panamá. Conocer David es entender el corazón urbano de una de las regiones más ricas y variadas del país, y prepararse para explorar la montaña, el mar y la naturaleza chiricana.