A pocos kilómetros del bullicio comercial de Chitré, en un lugar llamado Monagrillo, cerca de la desembocadura del río Parita, hay barro cocido que tiene más de cuatro mil años. El 'Sitio de Monagrillo', ocupado aproximadamente entre 2500 y 1000 a.C. por comunidades de pescadores y recolectores, es uno de los conjuntos cerámicos más antiguos de toda América: la cerámica que hoy hace famoso al vecino pueblo de La Arena hunde sus raíces, sin saberlo del todo, en una tradición de trabajar la arcilla que en esta esquina de Azuero es milenaria. Antes de que existiera Chitré, antes de que llegara ningún español, aquí ya se moldeaba el barro.
Monagrillo no es un caso aislado. La región del Pacífico central de Panamá —que abarca las actuales provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas— fue asiento de sociedades agrícolas y cacicales que desarrollaron una notable cerámica policroma y una orfebrería de altísimo nivel. Cerca de Chitré, en la zona de Parita, y en la vecina provincia de Coclé (con los célebres sitios de El Caño y Sitio Conte), se han hallado cerámica decorada, objetos de oro y ajuares funerarios que dan testimonio de la complejidad de las sociedades precolombinas del istmo, y sitúan al área entre las más importantes de la arqueología panameña.
Este pasado profundo se conserva, en parte, en el Museo de Herrera, en pleno centro de Chitré, y explica por qué Azuero no es solo la cuna del folclore criollo, sino también una tierra con una densidad histórica que arranca miles de años atrás. Conocerlo ayuda a entender la ciudad que vino después: una capital regional levantada sobre un territorio habitado desde tiempos remotísimos.
Tras la conquista, la península de Azuero se convirtió en una de las regiones de más temprana y sólida colonización española en el istmo de Panamá. Colonos hispanos se asentaron en sus llanuras y costas, dedicándose a la agricultura y la ganadería, y fundaron poblaciones que con el tiempo dieron forma al mapa actual de Herrera y Los Santos.
Azuero desarrolló una identidad fuertemente criolla y campesina, con una población de raíces marcadamente españolas. De esa matriz colonial nació buena parte del folclore que hoy se considera símbolo nacional de Panamá: la pollera, las músicas y danzas como el tamborito y la mejorana, las fiestas patronales y las tradiciones religiosas. La región se afirmó como un bastión de estas costumbres, conservándolas con particular intensidad.
En este contexto, Chitré creció en torno a su iglesia de San Juan Bautista y fue consolidándose como un centro de población y comercio de la península. La fe católica, las fiestas patronales y las tradiciones folclóricas se entrelazaron en la vida de la región, sentando las bases de la identidad cultural que hoy caracteriza a Azuero y a Chitré como su ciudad principal.
Como distrito, Chitré fue erigido el 19 de octubre de 1848, cuando el istmo formaba parte de la Nueva Granada y Tomás Herrera —cuyo apellido llevaría después la provincia— era una figura clave de la política istmeña. El nuevo distrito se separó del de Los Santos y reunió los poblados de Chitré, Monagrillo y La Arena. Décadas más tarde, la Ley 17 del 18 de enero de 1915 creó de manera definitiva la provincia de Herrera con Chitré como cabecera, consolidando el papel que la ciudad ya venía cumpliendo de hecho: el de capital regional.
Chitré se consolidó así como el principal centro urbano, comercial y de servicios de la península de Azuero, ganando peso administrativo, económico y demográfico hasta convertirse en la ciudad de referencia de toda la región. Creció en torno a su casco histórico, con la catedral de San Juan Bautista y la plaza como núcleo, rodeada de comercios, instituciones y barrios. A diferencia de los pueblos más pequeños y tradicionales de la península, desarrolló una fisonomía urbana y activa —con hospitales, bancos, supermercados, hoteles y una terminal de buses— que la convierten en el gran nudo de transporte de Azuero. No en vano se la conoce como 'la ciudad que crece sola'.
Su papel de centro de servicios la transformó en la puerta de entrada natural a la región: desde Chitré se accede a los pueblos folclóricos, los talleres de artesanos, los sitios históricos y las playas de Azuero. Esta condición de capital y base de servicios es, junto con su propio patrimonio, lo que define el carácter de la ciudad.
El entorno de Chitré es un mosaico de pueblos tradicionales que conservan oficios, arte y costumbres heredados de generaciones. El más célebre es La Arena, a pocos minutos de la ciudad, conocido en todo Panamá por su cerámica y alfarería: sus talleres producen tinajas, ollas, vasijas y figuras de barro siguiendo técnicas tradicionales, y el pueblo es uno de los grandes centros artesanales del país.
Cerca de Chitré también se encuentra Parita, uno de los pueblos coloniales mejor conservados de Panamá, con su iglesia de Santo Domingo de Guzmán y sus valiosos retablos, un testimonio del arte religioso de la época colonial. Y a corta distancia está Pesé, rodeado de cañaverales y conocido como cuna del ron y el seco panameño, además de por sus tradicionales celebraciones de Semana Santa.
Estos pueblos, junto con los del vecino Los Santos —como Las Tablas, cuna de la pollera y del Carnaval, o Guararé, sede del Festival de la Mejorana—, componen el rico tejido cultural de Azuero. Chitré, como ciudad principal, es la base desde la que se accede a todo este patrimonio, lo que le da un papel central en el turismo cultural de la región.
Hoy Chitré es una ciudad activa y en crecimiento, que combina su papel de centro comercial y de servicios con el de puerta de entrada al patrimonio histórico y folclórico de Azuero. Es la ciudad más dinámica del interior santeño-herrerano, con una vida comercial intensa, buena oferta hotelera y gastronómica, y una conexión cómoda con Ciudad de Panamá por la carretera Interamericana y por vía aérea.
Para el viajero, Chitré funciona como base ideal para descubrir la región: la cerámica de La Arena, el arte colonial de Parita, la tradición del ron y el seco en Pesé, los museos de Herrera, y los grandes centros del folclore como Las Tablas y Guararé. Su calendario festivo —del Carnaval a las fiestas patronales— y la cercanía de playas y pueblos completan su atractivo.
La historia de Chitré es, en definitiva, la de una ciudad que, sin renunciar a sus raíces tradicionales y religiosas, se convirtió en el corazón urbano de una de las regiones culturalmente más ricas de Panamá. Es el punto de partida natural para quienes quieren conocer el Panamá profundo, el de las polleras, los tamboritos, las artesanías y los pueblos con alma de la península de Azuero.