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Historia de Tauranga y el Monte Maunganui

Mauao: el monte que casi no tuvo nombre

El cono volcánico que preside la bahía y le da su fama al Mount tiene un nombre precioso y una historia de amor no correspondido detrás. Se llama Mauao, que significa 'atrapado por (o a la luz de) la mañana', y para las iwi (tribus) māori de la Bay of Plenty no es solo una montaña: es un ancestro con su propia leyenda. Cuenta la tradición que este monte, antes sin nombre (era conocido como Pōhokura), estaba enamorado de una colina cercana llamada Puwhenua, que a su vez amaba a otra montaña. Desconsolado, el monte sin nombre pidió a los patupaiarehe (seres del bosque, una especie de espíritus) que lo arrastraran hasta el mar para desaparecer bajo las olas y terminar con su pena.

Los patupaiarehe, que solo tenían fuerza de noche, empezaron a arrastrar la montaña hacia el océano tallando el surco por el que hoy corre el arroyo Waimapu. Pero la tarea era enorme y el sol los sorprendió antes de completarla: al amanecer, los espíritus tuvieron que huir de la luz, y la montaña quedó clavada para siempre justo en la orilla del mar, a la entrada del puerto. Por eso recibió el nombre de Mauao: 'atrapado por la luz de la mañana', el monte que iba a hundirse pero quedó detenido por el amanecer.

Mauao es un lugar sagrado (wāhi tapu) y fue durante siglos un pā (aldea fortificada) estratégico, que controlaba la entrada al puerto. Todavía hoy se ven en sus laderas las terrazas y trincheras de las antiguas defensas, y montículos de conchas (middens) que hablan de generaciones de habitantes. Hoy la montaña es administrada por sus dueños tradicionales —las iwi Ngāi Te Rangi, Ngāti Ranginui y Ngāti Pūkenga— a través del Mauao Trust, un reconocimiento de que este cono no es un simple atractivo turístico, sino un ancestro vivo al que se sube con respeto.

Tauranga: el lugar de descanso de las canoas

El nombre de la ciudad, Tauranga, significa 'lugar de descanso (o de anclaje) para las canoas (waka)', y describe perfectamente su rol histórico: un puerto natural abrigado, ideal para varar las grandes canoas de viaje. La región fue poblada por descendientes de varias canoas fundacionales que llegaron desde Hawaiki, y de ellas surgieron las iwi que aún son tangata whenua (dueños de la tierra) de la zona: Ngāti Ranginui (ligada a la canoa Tākitimu), Ngāi Te Rangi (que llegó más tarde) y Ngāti Pūkenga.

La Bay of Plenty era, y es, una tierra generosa. El nombre europeo —'Bahía de la Abundancia'— se lo puso el capitán James Cook en 1769, en contraste directo con la Poverty Bay ('bahía de la pobreza') de Gisborne: mientras que allí no consiguió provisiones, aquí encontró māori prósperos, cultivos abundantes y comercio. El clima soleado y los suelos fértiles sostenían una población numerosa, con grandes cultivos de kūmara (batata) y una vida organizada en torno a los pā costeros y los marae.

Desde la década de 1830 llegaron los primeros europeos permanentes: sobre todo misioneros. En 1838 se estableció una misión de la Church Missionary Society, y en 1847 se construyó The Elms, la casa del arcediano Alfred Nesbit Brown, hoy una de las casas más antiguas de Nueva Zelanda y un museo. Durante un par de décadas, māori y Pākehā (europeos) convivieron en un intercambio comercial y religioso relativamente pacífico. Pero, como en casi toda Nueva Zelanda, la codicia por la tierra terminaría rompiendo esa calma de forma sangrienta.

1864: Gate Pā y Te Ranga, victoria y tragedia

En la década de 1860, Nueva Zelanda ardía en las Guerras de Nueva Zelanda (New Zealand Wars), el conflicto entre la Corona y las iwi māori por la tierra y la soberanía. Tauranga era clave: su puerto era parte del sistema logístico que abastecía de guerreros y provisiones a la resistencia māori en el vecino Waikato. Para cortar ese flujo, en 1864 el gobierno envió tropas a bloquear el puerto de Tauranga, y el conflicto llegó a la bahía.

Los guerreros de Ngāi Te Rangi, liderados por el brillante Rawiri Puhirake, construyeron un pā (fortaleza) sobre una loma llamada Pukehinahina, conocida por los europeos como Gate Pā. El 29 de abril de 1864, unos 1.700 soldados británicos, con artillería pesada, atacaron a apenas unos 230 defensores māori. Y ocurrió lo impensado: los británicos sufrieron una derrota humillante. Los māori habían diseñado un sistema de trincheras y refugios anti-bombardeo tan ingenioso que sobrevivieron al cañoneo, y cuando la infantería asaltó el pā, los emboscaron y los hicieron huir. Murieron 31 británicos y 80 quedaron heridos. Gate Pā fue una de las mayores victorias māori de todas las guerras, y quedó grabada también por un gesto de honor: durante la batalla, una mujer māori, Hēni Te Kiri Karamū, dio agua a los soldados británicos heridos y moribundos, un acto de compasión que se hizo legendario.

Pero la victoria duró poco. Siete semanas después, el 21 de junio de 1864, en la batalla de Te Ranga, las tropas británicas sorprendieron a los guerreros de Puhirake mientras cavaban un nuevo pā, todavía sin terminar, y esta vez la carga a bayoneta fue devastadora: murieron o quedaron mortalmente heridos más de 80 māori, incluido el propio Rawiri Puhirake. Te Ranga fue el reverso trágico de Gate Pā, y quebró la resistencia en la región. En agosto de 1864 se firmó la paz, pero con un precio brutal para los māori: la Corona confiscó (raupatu) unas 290.000 acres de tierra, que se relevaron y repartieron entre colonos militares. Sobre esas tierras confiscadas se fundó, literalmente, la ciudad europea de Tauranga.

Del puerto y el kiwi a la meca playera de la Isla Norte

Fundada sobre tierra confiscada, la Tauranga europea creció despacio durante fines del siglo XIX y principios del XX como un pequeño puerto y centro rural. El gran despegue llegó con dos motores en el siglo XX. El primero fue la agricultura: la Bay of Plenty, con su sol y sus suelos volcánicos, se convirtió en el corazón de la horticultura neozelandesa, y sobre todo en la capital mundial del kiwi (la fruta), que se cultiva en enormes cantidades en la región y se exporta a todo el planeta. El segundo fue el puerto: Port of Tauranga se desarrolló hasta convertirse en el puerto de exportación más grande de Nueva Zelanda, la puerta de salida de la madera, el kiwi y la carga del país.

Ese crecimiento económico atrajo a miles de personas, y Tauranga pasó a ser una de las ciudades de crecimiento más rápido del país. Pero lo que terminó de definir su identidad fue la playa. El Mount Maunganui, que había sido un pueblo separado hasta que el puente del puerto lo unió a Tauranga en 1988, se transformó en el destino de veraneo por excelencia de la Isla Norte: familias de todo el país llegaban (y llegan) cada verano a la playa al pie del Mauao, y el 'Mount' se volvió sinónimo de sol, surf y vacaciones.

Hoy Tauranga y el Mount viven esa doble condición: una ciudad-puerto pujante y en expansión, y a la vez la meca playera relajada de la Isla Norte, con la que muchos consideran la mejor playa del país. Y, cada vez más, la región reconoce y honra la historia que la precede. Los nombres māori, empezando por Mauao, vuelven al primer plano; las batallas de Gate Pā y Te Ranga se conmemoran con respeto por ambos lados; y las iwi Ngāi Te Rangi, Ngāti Ranginui y Ngāti Pūkenga recuperan protagonismo en la gestión de su tierra y su montaña ancestro. Detrás de la postal de la playa dorada y el cono volcánico hay una historia profunda: la del monte atrapado por la luz de la mañana, la de las canoas que descansaron en el puerto, y la de un pueblo que perdió su tierra y hoy vuelve a reclamar su lugar.

📚 Bibliografía

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