Para el iwi Ngāi Tahu, el pueblo maorí de la Isla Sur, Aoraki no es solo una montaña: es el tūpuna (ancestro) más sagrado y venerado, el más alto y poderoso de todos. La tradición cuenta una de las historias fundacionales más importantes de la cultura Ngāi Tahu. Aoraki era un joven divino, hijo del Padre Cielo (Raki o Rakinui), que junto a sus hermanos descendió del cielo en una gran canoa (waka) para visitar a Papatūānuku, la Madre Tierra. Al intentar regresar al cielo, la canoa encalló en un arrecife y volcó; Aoraki y sus hermanos treparon al costado de la waka volcada y, expuestos al viento helado del sur, quedaron convertidos en piedra.
Según esta historia, la propia canoa se transformó en la Isla Sur, que por eso lleva el nombre de Te Waka o Aoraki, 'la canoa de Aoraki'. Los hermanos convertidos en piedra formaron los Alpes del Sur (Kā Tiritiri o te Moana, 'el reflejo de las aguas'), y Aoraki, el mayor y más alto, se convirtió en el pico más elevado de todos: la montaña que hoy lleva su nombre. Por eso Aoraki es tapu (sagrado): es un antepasado, un vínculo directo entre los Ngāi Tahu y sus orígenes divinos, y la fuente de su mana (prestigio, poder espiritual).
Esta profunda conexión espiritual explica por qué el nombre y la montaña son tan importantes para los maoríes, y por qué el respeto a Aoraki es central. Tradicionalmente, por su carácter sagrado, no se ascendía a la cima misma por respeto al ancestro. Reconocer que, antes de ser 'la montaña más alta de Nueva Zelanda' o un destino de montañismo, Aoraki es un antepasado sagrado y viviente para todo un pueblo, es el punto de partida imprescindible para contar su historia.
El primer europeo en cartografiar las costas de Nueva Zelanda fue el capitán James Cook, durante su primer gran viaje de exploración del Pacífico, en 1769-1770. Cook no llegó a ver de cerca la montaña —navegaba por la costa—, pero su nombre acabaría, décadas más tarde, ligado para siempre a la cumbre más alta del país. En 1851, el capitán John Lort Stokes, del barco de reconocimiento HMS Acheron, bautizó la montaña como 'Mount Cook' en honor a James Cook, y así quedó registrada en los mapas coloniales, ignorando por completo el nombre maorí Aoraki, que la montaña había tenido durante siglos.
A lo largo del siglo XIX, con la colonización europea de la Isla Sur y el desarrollo de la ganadería ovina en las vastas llanuras del Mackenzie Country (bautizadas así por James 'Jock' McKenzie, un famoso ladrón de ovejas escocés de la zona), la región a los pies de la montaña empezó a ser explorada y frecuentada por pastores, exploradores y, pronto, por los primeros montañistas y turistas. En 1884 se construyó el primer hotel Hermitage, que se convertiría en la base del turismo y el montañismo alpino en Aoraki.
El montañismo llegó con fuerza a finales del siglo XIX. La primera ascensión exitosa a la cumbre de Aoraki/Mount Cook la lograron tres neozelandeses —Tom Fyfe, George Graham y Jack Clarke— el 25 de diciembre de 1894, en un logro histórico que además tuvo un matiz patriótico: querían coronar la montaña antes de que lo hiciera un famoso alpinista europeo que estaba de camino. Desde entonces, Aoraki se convirtió en el gran desafío del alpinismo neozelandés y en una escuela de montañismo de fama mundial, aunque la ascensión sigue siendo difícil y peligrosa, con numerosas víctimas a lo largo de los años.
Aoraki/Mount Cook y los Alpes del Sur tienen un lugar de honor en la historia del montañismo mundial, porque fueron la escuela donde se formó uno de los mayores alpinistas de todos los tiempos: Sir Edmund Hillary. Este neozelandés, nacido en Auckland en 1919, aprendió y perfeccionó sus habilidades de montaña en estos Alpes del Sur, escalando Aoraki y otras cumbres del país. Aquí forjó la experiencia y la resistencia que lo llevarían a su hazaña más famosa.
El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros seres humanos en alcanzar la cumbre del Everest, la montaña más alta del planeta. Fue uno de los grandes logros del siglo XX, y catapultó a Hillary a la fama mundial. Hillary siempre reconoció la deuda que tenía con los Alpes del Sur y con Aoraki, donde se había hecho montañista. Por eso, el museo y centro de interpretación del Mt Cook Village lleva su nombre: el Sir Edmund Hillary Alpine Centre, y una estatua suya contempla, desde el pueblo, la montaña que lo formó.
La conexión entre Aoraki y el Everest es un motivo de enorme orgullo para Nueva Zelanda, y convierte a este parque en un lugar de peregrinación para los amantes de la montaña. Generaciones de alpinistas han seguido los pasos de Hillary, entrenándose en estas cumbres. Aoraki, con sus paredes de hielo y roca, su clima traicionero y su belleza sobrecogedora, sigue siendo el gran desafío del montañismo neozelandés y un símbolo de la relación de este país con sus montañas.
La protección formal de la montaña sagrada llegó en 1953, con la creación del Parque Nacional Aoraki/Mount Cook (el mismo año en que Hillary coronó el Everest), que abarca la cumbre, los glaciares —incluido el Tasman, el más largo del país— y las 18 cumbres que superan los 3.000 metros que rodean a Aoraki. En 1990, el parque pasó a formar parte del Área de Patrimonio Mundial Te Wāhipounamu, junto con Fiordland, Westland y Mount Aspiring, reconocida por la UNESCO por su valor natural excepcional.
En 2012, la región recibió otro reconocimiento internacional que la ha hecho famosa en el mundo entero: la creación del Aoraki Mackenzie International Dark Sky Reserve, una de las pocas reservas de cielo oscuro de máxima categoría (Gold Tier) del planeta, que abarca el parque nacional y el vasto Mackenzie Country (incluido Lake Tekapo). Gracias a la ausencia de contaminación lumínica, el aire limpio y seco de la alta montaña y una cuidadosa política de iluminación, los cielos de Aoraki están entre los más oscuros y estrellados de la Tierra, un tesoro tanto para la astronomía profesional como para los visitantes que vienen a maravillarse con la Vía Láctea y las estrellas del sur.
Un hito fundamental en la historia reciente fue el reconocimiento oficial del nombre maorí. Durante más de un siglo, la montaña fue solo 'Mount Cook' en los documentos oficiales. Pero tras el histórico Ngāi Tahu Claims Settlement Act de 1998 —que resolvió los largos y justos reclamos del iwi por las injustas confiscaciones de tierras del siglo XIX, con una disculpa formal de la Corona—, la montaña recibió su nombre oficial doble: Aoraki/Mount Cook, con Aoraki en primer lugar. Fue un gesto de enorme significado, que devolvió a la montaña su nombre ancestral y reconoció la condición sagrada del ancestro para Ngāi Tahu.
Hoy, Aoraki/Mount Cook es a la vez la montaña sagrada de los maoríes, el techo de Nueva Zelanda, una meca del montañismo, un Patrimonio Mundial y una de las mejores ventanas al cosmos del planeta. Para el viajero, saber que esa pirámide de roca y hielo es, para todo un pueblo, un antepasado divino convertido en piedra, y que su cielo estrellado es de los más limpios del mundo, convierte una caminata por el valle Hooker o una noche mirando la Vía Láctea en algo mucho más profundo que una simple foto de una montaña hermosa.