Mucho antes de que la iglesita de piedra se convirtiera en una postal mundial, el lago que hoy llamamos Tekapo —Takapō en te reo māori— y todo el vasto Mackenzie Country que lo rodea eran territorio (rohe) del iwi Ngāi Tahu, el pueblo maorí de la Isla Sur, y antes de Waitaha y Kāti Māmoe. Para ellos, esta gran cuenca interior de lagos turquesa, praderas doradas y montañas nevadas no era un lugar vacío, sino parte de una red de rutas y recursos profundamente conocida y transitada.
Los maoríes recorrían el Mackenzie Country siguiendo rutas ancestrales hacia el interior y los lagos alpinos en busca de mahika kai, término que designa los recursos alimenticios y los lugares donde se obtienen: aquí cazaban aves (incluido, en tiempos antiguos, el gigantesco moa, hoy extinto), pescaban en los ríos y lagos, y recolectaban plantas. Estas rutas conectaban la costa este con el interior y con la costa oeste, cruzando pasos de montaña, en viajes que podían ser largos y arduos.
El paisaje mismo estaba cargado de significado dentro de la cosmología Ngāi Tahu, ligado a la gran historia de Aoraki, el ancestro convertido en montaña, cuya canoa naufragada formó la Isla Sur (Te Waka o Aoraki). Los lagos, ríos y montañas del Mackenzie forman parte de esa geografía sagrada. Reconocer que Tekapo y el Mackenzie Country fueron, durante siglos, un territorio vivo de los maoríes, recorrido y aprovechado con un conocimiento profundo, es el punto de partida imprescindible para contar su historia.
El nombre europeo de toda la región —Mackenzie Country o Mackenzie Basin— proviene de uno de los personajes más legendarios y pintorescos de la historia colonial de Nueva Zelanda: James 'Jock' McKenzie, un pastor escocés que a mediados del siglo XIX se hizo famoso como ladrón de ovejas. La leyenda cuenta que McKenzie descubrió esta vasta cuenca interior, entonces poco conocida por los colonos europeos, y la usó para esconder los rebaños que robaba, ayudado por su famoso perro pastor, Friday. En 1855 fue capturado en la zona, en un episodio que quedó grabado en el folclore local, y la región terminó llevando su nombre.
Tras el 'descubrimiento' europeo de estas tierras, el Mackenzie Country se transformó en una de las grandes regiones ganaderas de la Isla Sur. Las enormes llanuras de tussock (pasto nativo) resultaron ideales para la cría de ovejas, y se establecieron vastas estancias (high country stations) que se extendían por decenas de miles de hectáreas. La vida de los pioneros en estas tierras altas era dura: inviernos gélidos, aislamiento, distancias enormes y un trabajo agotador. El perro pastor ovejero fue una herramienta imprescindible, sin la cual la ganadería en semejante territorio habría sido imposible.
En homenaje a esos perros y a los pioneros, se erigió a orillas del lago Tekapo la célebre estatua del Collie (el monumento al perro pastor), inaugurada en 1968, que junto con la iglesia forma parte de las imágenes icónicas del lugar. La colonización, sin embargo, tuvo el costo habitual para los maoríes: la pérdida de acceso a sus rutas de mahika kai y a sus tierras ancestrales, en el marco de las injustas compras de tierras que la Corona hizo a Ngāi Tahu en el siglo XIX, un agravio que tardaría más de un siglo en repararse.
Dos construcciones marcaron la transformación de Tekapo en el destino que es hoy. La primera fue la Church of the Good Shepherd (Iglesia del Buen Pastor), construida en 1935 a orillas del lago como monumento a los pioneros de la región del Mackenzie. Diseñada con piedra local para armonizar con el paisaje, la iglesia tiene un detalle genial: una ventana de vidrio transparente sobre el altar que enmarca la vista directa del lago y las montañas, convirtiendo el propio paisaje en el retablo. Con su ubicación perfecta a la orilla del agua turquesa, la iglesita se volvió con el tiempo una de las imágenes más fotografiadas de Nueva Zelanda, y hoy es el símbolo de Tekapo.
La segunda construcción decisiva llegó en 1965, cuando se fundó el Mount John University Observatory en la cima del Mount John, sobre el pueblo. La Universidad de Canterbury eligió este lugar por una razón que marcaría el destino de Tekapo: la extraordinaria calidad de su cielo nocturno. El aire limpio y seco del interior, la altitud, la escasa nubosidad y —sobre todo— la casi total ausencia de contaminación lumínica hacían de Mount John uno de los mejores emplazamientos del hemisferio sur para la astronomía. El observatorio se convirtió en un importante centro de investigación astronómica.
La presencia del observatorio tuvo un efecto profundo en la región: hizo tomar conciencia del valor de su cielo oscuro y llevó a la comunidad a protegerlo. Se adoptaron ordenanzas de iluminación pioneras (limitando y apantallando las luces exteriores para no contaminar el cielo), de las primeras de su tipo en el mundo. Así, mientras la iglesia atraía a los turistas de día, el observatorio y el cielo estrellado empezaban a atraerlos de noche, sentando las bases de lo que haría mundialmente famoso a Tekapo.
El esfuerzo por proteger el cielo nocturno culminó en 2012, cuando la región fue declarada Aoraki Mackenzie International Dark Sky Reserve, una de las primeras y pocas reservas de cielo oscuro de máxima categoría (Gold Tier) del mundo. La reserva abarca el Mackenzie Country, incluido el lago Tekapo, y el Parque Nacional Aoraki/Mount Cook, protegiendo un cielo que está entre los más oscuros y limpios del planeta (nivel 2 en la escala Bortle). Este reconocimiento internacional transformó a Tekapo en un destino de astroturismo de fama mundial: gente de todo el planeta viaja hasta aquí para contemplar la Vía Láctea, la Cruz del Sur, las Nubes de Magallanes y las estrellas del cielo austral en toda su gloria.
El astroturismo convirtió a Tekapo, un pequeño pueblo ganadero, en una parada obligada del turismo internacional, con tours de observación de estrellas, aguas termales, cafés y hoteles. En primavera, los campos de lupinos (una especie introducida y, paradójicamente, invasora) suman otra imagen icónica. El crecimiento turístico trajo también desafíos: gestionar las multitudes en un lugar pequeño y frágil, y proteger tanto el cielo oscuro como los ecosistemas nativos del Mackenzie.
Como en toda la Isla Sur, la historia de Tekapo está entrelazada con el largo proceso de reparación hacia el iwi Ngāi Tahu. Las injustas compras de tierras de la Corona en el siglo XIX habían despojado a Ngāi Tahu de gran parte de su territorio, incluido el Mackenzie Country, y de sus rutas de mahika kai. Tras más de un siglo de reclamos, el histórico Ngāi Tahu Claims Settlement Act de 1998 trajo una disculpa formal del Estado, una compensación económica y el reconocimiento de la relación ancestral del iwi con lugares de gran valor cultural en toda la región, además de la restitución de nombres maoríes oficiales como Aoraki. Hoy, Tekapo —Takapō— es a la vez un antiguo territorio maorí de mahika kai, un pueblo de pioneros ovejeros, una postal turquesa con su iglesita de piedra y una de las mejores ventanas al universo del planeta. Saber que bajo ese cielo estrellado hay siglos de historia maorí, la epopeya de los pioneros y una lucha pionera por proteger la oscuridad convierte una noche de estrellas en Tekapo en algo mucho más profundo que una simple foto de la Vía Láctea.