Antes de que fuera la Comarca de los hobbits, y antes incluso de que fuera una granja de ovejas, la tierra ondulada alrededor de Matamata era territorio ancestral de Ngāti Hauā, un iwi (tribu) de la gran confederación Tainui, que domina la región de Waikato. Los maoríes habían llegado a Aotearoa (Nueva Zelanda) desde la Polinesia oriental alrededor de los años 1250-1300, navegando en waka (canoas oceánicas), y las tribus Tainui descienden de la canoa del mismo nombre que, según su tradición, arribó a estas costas.
Los fértiles valles y colinas de Waikato, regados por el río más largo del país, eran ideales para el cultivo del kūmara (batata) y sostenían una población numerosa. Ngāti Hauā levantó pā (aldeas fortificadas) y kāinga (aldeas) en la zona de Matamata, y organizó su vida en torno al whakapapa (la genealogía que une a las personas con sus ancestros y la tierra), el mana (prestigio) y su relación espiritual con el entorno, propia del Te Ao Māori.
A comienzos del siglo XIX llegaron los misioneros: la Church Missionary Society estableció una estación en Matamata, y allí un joven de Ngāti Hauā aprendió a leer y escribir en te reo maorí. Ese hombre, Wiremu Tāmihana Tarapipipi Te Waharoa, se convertiría en una de las figuras maoríes más importantes del siglo, con un papel central en la historia política de Nueva Zelanda.
Hacia mediados del siglo XIX, la llegada masiva de colonos europeos y la presión sobre la tierra alarmaron a muchos iwi maoríes. Wiremu Tāmihana, de Ngāti Hauā, creyó que la única forma de proteger a los maoríes de la invasión europea y de mantener la paz entre las tribus era unirse bajo un liderazgo común. Impulsó así el Kīngitanga, el Movimiento del Rey Maorí, y en 1858 tuvo un rol decisivo en la coronación de Pōtatau Te Wherowhero como el primer Rey Maorí.
Por su papel en aquella ceremonia —en la que colocó una Biblia sobre la cabeza del nuevo rey— Wiremu Tāmihana pasó a la historia como 'el Hacedor de Reyes' (the Kingmaker). El Kīngitanga buscaba unir a las tribus, frenar la venta de tierras y crear una autoridad maorí que pudiera dialogar de igual a igual con la Corona. Tāmihana era un hombre profundamente cristiano y pacifista, que abogaba por la negociación antes que por la guerra.
Pero el gobierno colonial vio en el Movimiento del Rey una amenaza a la soberanía británica. Las tensiones por la tierra, especialmente en Taranaki y Waikato, fueron escalando. Pese a los esfuerzos de Tāmihana por evitar el conflicto, el enfrentamiento se volvió inevitable, y el corazón del Waikato —incluido el territorio de Ngāti Hauā alrededor de Matamata— quedaría en el centro de una de las guerras más decisivas de la historia neozelandesa.
En julio de 1863, el gobernador George Grey ordenó al ejército británico cruzar el río Mangatāwhiri e invadir las tierras del Kīngitanga. Comenzaba así la Invasión del Waikato, la campaña más grande de las Guerras de Nueva Zelanda (New Zealand Wars). Ngāti Hauā y las demás tribus Tainui se unieron a las fuerzas del Rey Maorí para defender su territorio contra un ejército mucho mayor y mejor armado.
La guerra fue devastadora. Pese a la resistencia maorí en batallas y pā fortificados, las tropas imperiales avanzaron por el Waikato. La consecuencia más brutal llegó después: como castigo por la 'rebelión', la Corona confiscó alrededor de 1,2 millones de acres de tierra maorí en el Waikato mediante la New Zealand Settlements Act de 1863. Para 1866, Ngāti Hauā había perdido la mayor parte de sus tierras, incluidas las de la zona de Matamata.
Esa confiscación (raupatu) fue un golpe del que las tribus del Waikato tardarían más de un siglo en recuperarse, y una herida profunda en la relación entre maoríes y Estado. Wiremu Tāmihana, el pacifista que había intentado evitar la guerra, murió en 1866, poco después, con su pueblo despojado. Las tierras confiscadas pasaron a manos de colonos europeos, y el paisaje de Waikato empezó a transformarse en el campo de granjas que es hoy.
Tras las confiscaciones, las tierras del Waikato fueron loteadas y entregadas o vendidas a colonos europeos, que las transformaron en explotaciones agrícolas y ganaderas. El clima templado, las lluvias regulares y los suelos ricos hicieron de Waikato una de las mejores regiones ganaderas de Nueva Zelanda, y con el tiempo el corazón de la enorme industria lechera del país, con sus interminables praderas verdes salpicadas de vacas y ovejas.
Matamata creció como pueblo de servicios de esa campiña agrícola. En 1978, la familia Alexander se instaló en una propiedad de unas 500 hectáreas (más de 1.200 acres) de colinas onduladas cubiertas de pasto, una granja de ovejas y vacas típica de la zona. Nada la distinguía a primera vista de las miles de granjas del Waikato: pura pradera verde y quebradas suaves, con un lago y algunos árboles.
Ese paisaje anodino para un local resultó ser, para otros ojos, exactamente lo que buscaban. Las lomas verdes y redondeadas, sin cables, casas ni carreteras a la vista, tenían la cualidad atemporal y pastoril que un cineasta necesitaría para recrear un mundo de fantasía. La granja Alexander estaba a punto de convertirse, sin saberlo, en la Comarca de la Tierra Media.
En septiembre de 1998, mientras preparaba la adaptación de El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, el director neozelandés Peter Jackson envió equipos a buscar por todo el país los paisajes de la Tierra Media. Para la Comarca (The Shire), la tierra idílica de los hobbits, necesitaba colinas verdes, onduladas y perfectas, sin rastro del mundo moderno. Durante una búsqueda aérea sobre el Waikato, los buscadores de locaciones divisaron la granja Alexander, con su lago, su gran árbol y sus lomas impecables, y supieron que habían encontrado la Comarca.
La construcción del set comenzó en marzo de 1999, con la ayuda del ejército neozelandés, que abrió el camino de acceso. El rodaje de la trilogía original se filmó ese año, y el primer Hobbiton fue una estructura temporal, hecha en buena parte de madera terciada y andamios, pensada para desmontarse tras la filmación, como suele ocurrir con los sets de cine. Las películas de El Señor de los Anillos (2001-2003) convirtieron a Nueva Zelanda en la Tierra Media a los ojos del mundo.
Cuando Jackson volvió para filmar la trilogía de El Hobbit (2012-2014), el set se reconstruyó, esta vez de forma permanente y con materiales duraderos: techos de paja reales, jardines plantados de verdad, 44 casas hobbit sólidas. La familia Alexander y los productores acordaron conservarlo como atracción turística. Los primeros tours guiados habían comenzado ya en 2002, aprovechando la fama de las películas, pero fue la reconstrucción de 2011-2012 la que creó el Hobbiton que hoy visitan millones.
Hoy el Hobbiton Movie Set es una de las atracciones más visitadas de Nueva Zelanda, con cientos de miles de turistas al año que llegan de todo el planeta para caminar por la Comarca, fotografiar Bag End y tomar una pinta en El Dragón Verde. La granja sigue siendo una explotación ovina y vacuna en funcionamiento, y el set convive con las ovejas que pastan alrededor, en una mezcla muy neozelandesa de campo real y fantasía. Es un caso único de un set de cine convertido en patrimonio turístico permanente.
Mientras Hobbiton se volvía un ícono global, la historia de la tierra sobre la que se levanta siguió su propio curso de reparación. En 2013, el Ngāti Hauā Iwi Trust y la Corona firmaron un acuerdo de reparación (Treaty settlement) que incluyó 13 millones de dólares y el reconocimiento del papel histórico de Wiremu Tāmihana, con la creación de un fondo en su honor. Fue parte del largo proceso —a través del Tribunal de Waitangi— por el que las tribus del Waikato buscaron justicia por las confiscaciones de 1863.
Recorrer Hobbiton hoy es, por eso, pisar varias capas de historia a la vez. Bajo las coloridas puertas redondas de los hobbits está la tierra de Ngāti Hauā, la del 'Hacedor de Reyes' Wiremu Tāmihana, la confiscada tras la invasión del Waikato, la convertida en granja lechera por los colonos y, finalmente, la transformada en la Comarca por Peter Jackson. Una campiña neozelandesa cualquiera que, por una mirada desde el aire, se volvió el hogar más famoso de la Tierra Media.