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Historia de Glaciar Franz Josef

Kā Roimata o Hine Hukatere: las lágrimas de una mujer

Antes de que ningún europeo pusiera sus ojos en este río de hielo, los maoríes ya lo conocían y le habían dado un nombre cargado de emoción: Kā Roimata o Hine Hukatere, 'las lágrimas de Hine Hukatere'. La leyenda, propia del iwi Ngāi Tahu, cuenta la historia de Hine Hukatere, una joven que amaba las montañas y convenció a su amado, Wawe, para subir juntos a las alturas de los Alpes del Sur. Wawe era menos experimentado en la montaña, y en el descenso una avalancha lo arrastró y lo mató. Hine Hukatere quedó destrozada, y lloró tanto que sus lágrimas, derramadas en la montaña, fueron congeladas por los dioses (o por el frío de las cumbres) hasta formar el glaciar que hoy conocemos. El hielo azul que baja hacia la selva es, en esta bella historia, el llanto eterno de una mujer por su amor perdido.

Esta leyenda no es solo poesía: refleja el profundo conocimiento que los maoríes tenían de este paisaje y su relación espiritual con él. La costa oeste de la Isla Sur, llamada Te Tai Poutini o Te Tai o Poutini, era territorio (rohe) del iwi Ngāi Tahu (y antes de Waitaha y Kāti Māmoe), que la recorría siguiendo rutas ancestrales a través de los pasos alpinos y a lo largo de la costa.

El gran atractivo de la costa oeste para los maoríes era el pounamu, el jade o piedra verde neozelandesa, un material sagrado y valiosísimo que se encontraba en los ríos de la región. El pounamu se usaba para fabricar herramientas, armas (como el temido mere) y adornos (como el hei-tiki), y era objeto de un comercio que cruzaba toda Nueva Zelanda. Por eso, aunque la costa oeste era una tierra dura, lluviosa y de difícil acceso, tenía un valor inmenso, y los maoríes emprendían largos y peligrosos viajes para obtener esta preciada piedra. El nombre maorí de la Isla Sur, Te Waipounamu, significa precisamente 'las aguas de la piedra verde'.

Julius von Haast y el emperador austríaco

El primer europeo del que se tiene registro que vio y describió el glaciar fue el geólogo y explorador alemán Julius von Haast, una de las grandes figuras de la exploración científica de la Nueva Zelanda del siglo XIX. En 1865, Haast recorrió esta región de la costa oeste en el marco de sus estudios geológicos de la provincia de Canterbury y Westland. Impresionado por el glaciar que descendía casi hasta la selva, decidió bautizarlo con el nombre de Franz Josef, en honor al emperador Francisco José I de Austria (Franz Joseph I), soberano del imperio austrohúngaro, en un gesto que reflejaba las lealtades y el origen europeo del explorador.

Así, el glaciar recibió su nombre europeo, que convivió durante mucho tiempo con la total ausencia de reconocimiento oficial de su nombre maorí. Fue mucho más tarde, ya en el siglo XXI, cuando se le devolvió el reconocimiento oficial al nombre maorí, y hoy el glaciar figura con el doble nombre: Franz Josef Glacier / Kā Roimata o Hine Hukatere, un reconocimiento tanto de la historia europea como de la profunda herencia maorí del lugar.

Los exploradores europeos quedaron fascinados por una peculiaridad geográfica extraordinaria: el glaciar Franz Josef, alimentado por las enormes nevadas de los Alpes del Sur, desciende con una pendiente muy pronunciada hasta apenas unos 250-300 metros sobre el nivel del mar, adentrándose casi en la selva templada de tierras bajas. Es uno de los poquísimos lugares del mundo donde un glaciar de latitudes templadas llega tan cerca de un bosque húmedo lleno de helechos y musgos. Esta rareza —hielo y selva casi tocándose— es lo que convirtió a Franz Josef, junto al vecino glaciar Fox, en una atracción natural célebre en todo el mundo.

Un glaciar vivo: avances, retrocesos y cambio climático

El glaciar Franz Josef es un glaciar excepcionalmente dinámico: se mueve, avanza y retrocede a velocidades notables, respondiendo a los cambios en las nevadas y las temperaturas con un desfase de pocos años. A lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, el glaciar ha tenido varios ciclos: retrocedió mucho durante buena parte del siglo XX, pero entre las décadas de 1980 y 2000 vivió una fase de notable avance, llegando a crecer cientos de metros y convirtiéndose en una atracción aún más espectacular, con la lengua de hielo bajando bien hacia el valle.

Desde alrededor de 2008, sin embargo, el glaciar entró en una fase de fuerte retroceso, perdiendo una cantidad significativa de hielo y retirándose valle arriba. Este retroceso es visible para cualquiera que camine por el valle: los carteles a lo largo del sendero marcan hasta dónde llegaba la lengua de hielo en distintos años, y la diferencia entre esos puntos y la posición actual del glaciar es un testimonio impactante y directo del calentamiento global. Los científicos advierten que, de continuar la tendencia, glaciares como Franz Josef y Fox podrían retroceder drásticamente en las próximas décadas.

Este dinamismo también tiene una cara peligrosa. La lengua del glaciar y el valle son zonas de gran actividad: caen bloques de hielo, se producen desprendimientos de roca desde las laderas y el río de deshielo puede crecer de golpe. Durante mucho tiempo, guías llevaban a los visitantes a caminar directamente sobre la lengua del glaciar accediendo a pie desde el valle. Pero tras varios accidentes graves y mortales por desprendimientos, el acceso a pie a la lengua se cerró por seguridad, y hoy la única forma de pisar el hielo es llegando en helicóptero (heli-hike) a las partes altas y estables, siempre con guías expertos. El glaciar exige respeto: es una fuerza de la naturaleza en constante cambio.

Parque nacional, turismo y el resurgimiento de Ngāi Tahu

La protección formal de esta joya natural llegó con la creación del Parque Nacional Westland (hoy Westland Tai Poutini National Park) en 1960, que abarca los glaciares Franz Josef y Fox, las montañas de los Alpes del Sur, la selva templada de tierras bajas y una franja de costa salvaje. El parque protege un gradiente ecológico extraordinario, que va desde las cumbres nevadas y los glaciares hasta la selva lluviosa y el mar en muy pocos kilómetros. En 1990, Westland Tai Poutini pasó a formar parte del Área de Patrimonio Mundial Te Wāhipounamu, junto con los parques de Fiordland, Aoraki/Mount Cook y Mount Aspiring, reconocida por la UNESCO por su valor natural excepcional y por representar de forma sobresaliente la historia geológica y evolutiva de Gondwana.

El pueblo de Franz Josef creció al calor del turismo, que se convirtió en el motor económico de la zona. A lo largo del siglo XX y XXI, la localidad se transformó de un remoto puesto de exploradores y buscadores de jade en un destino internacional que recibe multitudes atraídas por los vuelos en helicóptero, las caminatas sobre el hielo y la belleza de la selva y las montañas. Junto con esto surgieron los desafíos: gestionar el impacto del turismo, la seguridad en un entorno peligroso y la conservación de especies amenazadas como el rowi, el kiwi más raro del mundo, que se cría en el West Coast Wildlife Centre del pueblo.

Como en toda la Isla Sur, la historia de Franz Josef está entrelazada con el largo proceso de reparación hacia el iwi Ngāi Tahu. Las injustas compras de tierras del siglo XIX despojaron a Ngāi Tahu de gran parte de su territorio y sus recursos, incluido el acceso al pounamu de la costa oeste. Tras más de un siglo de reclamos, el Ngāi Tahu Claims Settlement Act de 1998 trajo una disculpa formal de la Corona, compensación y —de manera muy significativa para la costa oeste— la devolución a Ngāi Tahu de la propiedad y el control del pounamu de la región, reconociendo su relación ancestral con esta piedra sagrada. Hoy, el doble nombre del glaciar, Franz Josef / Kā Roimata o Hine Hukatere, simboliza ese reconocimiento: la historia de un explorador europeo y de un emperador austríaco, sí, pero también, y sobre todo, las lágrimas eternas de Hine Hukatere, congeladas en el hielo, que los maoríes vieron mucho antes que nadie.

📚 Bibliografía

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